En Estados Unidos crece una tendencia entre los tamberos, que empieza a llegar a Argentina: cruzar genética Angus con rodeos Holando para ganar características “carniceras” en el macho. En Marull, Córdoba, Adrián Martín escucha esa novedad y sonríe, porque hace casi veinte años resolvió el mismo problema por otro camino. En lugar de cruzar una raza lechera con una de carne, se pasó directamente a una raza que ya nace con las dos aptitudes incorporadas. “Mirando el Montbéliarde, te tengo que decir que ya está inventado”, dispara Martín, fundador de la cabaña La Clide y pionero en el país de esta raza francesa que combina producción de leche con una pata carnicera.
La Montbéliarde no es una raza lechera pura ni una raza de carne cruzada después. Es, según explica Martín, el resultado de una búsqueda genética que Francia hizo mucho antes de que el debate llegara a la Argentina. “Es una raza de origen francés, es una de las denominadas razas híbridas que fueron logradas en base a algunos cruzamientos, buscando que tuviera producción de leche con una pata carnicera muy interesante, que era lo que necesitaba el productor francés cuando nace la historia de la raza”, cuenta a Bichos de Campo.
Esa combinación, resuelta genéticamente en origen, es exactamente lo que hoy varios productores intentan lograr por otra vía: metiendo Angus en un rodeo Holando para que el ternero macho valga más.
Martín conoció la raza en 2006, cuando se presentó en la sociedad rural de Marull como “una rareza”. El contexto productivo de esos años ayuda a entender por qué la pata carnicera pesó tanto en su decisión: fueron los años del “ternero bolita”, el macho Holando que sobraba y no tenía salida ni exportación por el conflicto con el entonces secretario de Comercio, Guillermo Moreno.
“Cuando empiezo a analizar la raza, me encuentro con que tenía una pata carnicera que me permitía incorporarle valor agregado al macho, ya sea porque lo engordara yo adentro del campo, si los números lo permitían, o porque lo podía vender y tener un sobreprecio muy cercano a lo que era un animal cruza, un animal de carne. Esa pata carnicera ya me incorporaba valor”, explica.
La diferencia con la cruza artesanal que hoy se ensaya con Angus, insiste Martín, está en la eficiencia: la Montbéliarde ya trae ese rendimiento incorporado en su genética, sin necesidad de ir cruzando y corrigiendo generación tras generación. “Cuando uno engorda un animal con un 58, un 59 por ciento de rinde, en menos tiempo, cuando tiene que sacar, por ejemplo, energía en la recría de la vaquillona, que es maíz, es costo en una alimentación de una recría de encierro, está justamente ganando en cuanto a lo que es la calidad del animal de convertir alimento en carne”, detalla.
Sin embargo, aclara que ese no fue el eje que lo llevó a incorporarla: “Yo lo miro en función a la leche. Lo primero que dije fue: la raza está para darme los litros que yo necesito, está para adaptarse al sistema que yo tengo de trabajo. Ahí es donde arranqué un poquito la historia de no dejar de hacer leche, porque es de lo que vivía el tambo. Los otros eran condimentos dentro del quiosco que hacían más tentador utilizar la raza”.
Mirá la entrevista completa con Adrián Martín:
Con esa convicción nació la cabaña La Clide, con la que Martín se propuso además desarrollar genética propia. Según cuenta, sigue siendo la única cabaña dedicada específicamente a la raza en el país, aunque no el único que trabaja con ella: “Hay muchos productores ya en Argentina que están trabajando con la raza, haciendo el sistema de cruzamiento, ya sea criss cross, crossbreeding o procross, que es una triple cruza en donde se usan dos otras razas. Pero como cabaña creo que somos los primeros”.
Para acortar camino viajó a Chile, donde la raza ya estaba establecida, y en 2013, en Mercoláctea, presentó en el mismo predio de Marull los primeros ejemplares puros por cruza logrados con ese trabajo.

“Creo que es una opción más para el productor. Hay productores que le gustan, que se animan a probarla, hay productores que no, pero mi objetivo de estar en las exposiciones porque uno tiene que poner al producto a consideración de la gente, y que después decida si es viable o no para el tipo de establecimiento que tiene. Yo lo defiendo porque, dentro de un sistema que puede ser de encierro como para lo que puede ser pastoril, la raza se defiende muy bien. No vengo a inventar nada”, sostiene.
Y agrega un dato que, dice, no siempre se dimensiona en la Argentina: “La raza está presente hoy en 150 países. En Francia es una de las razas elegidas para la elaboración de queso con denominación de origen. La difusión de la raza, si bien para nosotros puede parecer nueva, está en toda Latinoamérica, está en Estados Unidos, está en China”.

Sobre si volvería a tomar la misma decisión, no hay dudas: “Aquella decisión me puso acá y me mantuvo como productor tambero, cosa que en Argentina es un desafío más que interesante”, resume.




