La agricultura en la Patagonia norte dejó de ser un proyecto a futuro, y se sostiene hoy con procesos que la ubican como una buena nueva plaza para desarrollar sistemas productivos. Claro, que en la gran mayoría de su territorio, para lograr una agricultura viable, se necesita riego.
En ese sentido, el BID anunció recientemente la aprobación de un préstamo por 80 millones de dólares para financiar un ambicioso plan de infraestructura rural en Río Negro, una iniciativa que, según explicaron, apunta a mejorar la productividad agropecuaria de la provincia mediante obras de riego, electrificación rural y fortalecimiento de la capacidad para enfrentar eventos climáticos extremos.
La operación, aprobada por el Directorio Ejecutivo del organismo multilateral, financiará el Programa de Desarrollo Productivo Rural de Río Negro, que busca aumentar la eficiencia en el uso del agua, ampliar el acceso a la energía eléctrica y mejorar la infraestructura necesaria para sostener la producción agropecuaria en una provincia donde el riego es un factor determinante para buena parte de las economías regionales.
El crédito, de 80 millones de dólares, será complementado con una contrapartida provincial de 5 millones, por lo que la inversión total alcanzará los 85 millones de dólares. El préstamo tendrá un plazo de amortización de 25 años, con cinco años y medio de gracia y una tasa de interés basada en SOFR.
Según informó el organismo, el programa beneficiará de manera directa a casi 7.000 productores agropecuarios rionegrinos. Además, permitirá mejorar el servicio eléctrico para 566 hogares de Guardia Mitre y generará beneficios indirectos para más de 275.000 habitantes de las zonas alcanzadas por las obras.
Entre los objetivos del proyecto figura también fortalecer la capacidad de productores e instituciones para prevenir y responder a fenómenos climáticos cada vez más frecuentes, como incendios forestales, sequías y tormentas de granizo.
Desde el BID destacaron que se trata de inversiones estratégicas para una provincia donde el acceso al agua y a la energía resulta clave para consolidar la producción.
“Río Negro tiene un enorme potencial para seguir fortaleciendo su producción agropecuaria. Con esta operación, el BID acompaña inversiones estratégicas que mejorarán el acceso al agua y a la energía, fortalecerán la gestión de riesgos y crearán mejores condiciones para el desarrollo de los productores. Esta iniciativa refleja nuestro compromiso con un crecimiento más productivo y resiliente para las economías regionales de Argentina”, afirmó Viviana Alva Hart, representante del Grupo BID en el país.
Por su parte, el gobernador Alberto Weretilneck celebró la aprobación del financiamiento y sostuvo que “estos 80 millones de dólares no llegan por casualidad, llegan porque Río Negro tiene un proyecto de desarrollo serio, con obras concretas y una visión de futuro que genera confianza”. El mandatario agregó que “proyectos de esta envergadura serían imposibles de concretar sin este financiamiento internacional” y agradeció al BID “por confiar en el camino que estamos recorriendo y en la visión de futuro que tenemos para Río Negro”.
Más allá del impacto provincial, la aprobación tiene otro dato relevante: inaugura una nueva línea de financiamiento del BID destinada específicamente a obras rurales en las provincias argentinas.
Se trata de la primera operación dentro de la Línea de Crédito Condicional para Proyectos de Inversión (CCLIP) denominada “Programa de Inversiones Estratégicas Provinciales para el Desarrollo Productivo Rural”, un esquema que prevé hasta 600 millones de dólares para futuras inversiones en distintas jurisdicciones del país.
La idea del organismo es financiar proyectos orientados a mejorar la infraestructura rural, promover la incorporación de tecnología, aumentar la productividad agropecuaria y desarrollar sistemas productivos más competitivos y resilientes frente a los desafíos climáticos.
Río Negro no parte de cero. Sobre un territorio que ya cuenta con aproximadamente 200.000 hectáreas bajo riego, el agua del río Negro viene permitiendo en los últimos años una diversificación productiva que excede largamente a la fruticultura tradicional.
El caso más citado es el del maíz: en la última década la provincia pasó de 12.000 a 24.000 hectáreas destinadas al cultivo, con rendimientos que duplican la media nacional. “El maíz, de la mano de la ganadería, va a transformar la diversificación productiva de la provincia y generar valor a través de otros cultivos que no estamos acostumbrados a tener dentro de los valles”, planteó el secretario de Agricultura provincial, Lucio Reinoso.
El presidente del mercado ganadero Rosgan, Raúl Milano, sostuvo que “en la Patagonia hay genética de altísimo nivel, históricamente basada en Hereford y con una participación creciente de Angus”, y remarcó que el desarrollo del riego será determinante para consolidar esa expansión, en particular en el Alto Valle y en la zona cercana a la desembocadura del río Colorado, donde la productividad agrícola y forrajera llega a superar a la de algunas regiones de la zona núcleo.





