La inseguridad rural volvió a golpear a Raúl Fleitas, encargado de dos establecimientos ubicados en La Violeta, cerca de Pergamino, y de otro en Ramallo. Esta vez, el episodio tuvo como víctima a un ñandú que el productor había criado desde que salió del huevo y que terminó muerto después de que un grupo de cazadores con perros galgos ingresara al campo para perseguirlo.
El episodio ocurrió el 30 de agosto en el establecimiento El Tauro, en Pergamino. Según relató Fleitas, los cazadores habían viajado hacia el sur bonaerense para participar de un torneo con galgos y, al regresar, pasaron por La Violeta. Desde allí vieron al ñandú dentro del campo y decidieron ingresar para cazarlo.
“Yo lo saqué de un huevo, lo incubé y nació. Lo cuidé desde los primeros momentos, del frío y de los otros animales. Cuando sentí que ya era el momento de soltarlo al campo, salí yo al campo”, contó.
Fleitas aseguró que tenía carteles colocados en los alambrados advirtiendo que estaba prohibido cazar e ingresar a la propiedad privada. Sin embargo, los cazadores entraron con sus perros, filmaron la persecución y luego difundieron las imágenes en redes sociales.
“Se largaron a cazar impunemente, lo filmaron, lo compartieron en las redes, lo colgaron de un cogote de un árbol y se sacaron fotos con los perros y los dueños uno al lado del otro, como si fuera un trofeo el pobre animal”, relató.
A partir de esas imágenes, el productor logró identificar a los involucrados, reunió videos y fotografías y realizó la denuncia ante la Policía Rural de Pergamino. La investigación avanzó: se realizaron allanamientos y se secuestraron restos del ñandú, plumas, alas, patas, además de un teléfono celular y un cuchillo.

Según Fleitas, el fiscal Nelson Mantorcho pidió la detención de dos de los involucrados, pero el juez de Garantías Julio Cártula no hizo lugar al pedido y modificó la carátula de la causa que estaba caratulada como robo y ahora está como violación a la propiedad privada: “Pero si al animal lo crie yo, ¿en qué se basa para negarme eso?”, cuestionó.

El episodio del ñandú es, para Fleitas, apenas una muestra de un problema mucho mayor. En los campos donde trabaja, la inseguridad ya había provocado que los propietarios abandonaran la ganadería.
Pero los propietarios le permitieron que tuviera sus propios animales en recría en esos campos, como forma de ir generando un ahorro. “Llegamos a tener 25 terneros, pero los mataron en un año”.
La situación también incluyó el robo de transformadores eléctricos. En uno de los establecimientos, ubicado en Ramallo, el transformador de la entrada fue sustraído dos veces. El productor explicó que eso incrementó además el temor por su propia seguridad.

“Yo cuando llego al campo en la oscuridad, con todo lo que me está pasando, digo: será hasta donde Dios quiera. Yo no sé si cuando voy al campo, si salgo de noche o entro de noche, hay un tipo esperándome”, describió.
Fleitas asegura que la Policía Rural y la Fiscalía actuaron correctamente en el último episodio, pero considera que el problema aparece en la instancia judicial. “Muchas veces uno piensa que la Policía no trabaja, pero cuando trabaja la Policía no trabajan los fiscales y cuando trabajan los fiscales no trabajan los jueces. En este caso trabajaron todos muy bien y falló la parte final”, sostuvo.
El productor también recordó otros hechos violentos, pues en años anteriores le cortaron el alambrado para ingresar con una moto y mataron tres terneros y una vaquilla, que quedó abandonada en el campo.
Pese al miedo, Fleitas dice que no piensa dejar de denunciar. “Uno vive con miedo en los campos, pero no por eso voy a dejar de luchar. Cada vez que se meten en cosas que no se tienen que meter, yo no voy a bajar los brazos”, aseguró.




