Uno del Estado espera equilibrio. Debe ser el garante de transparencia y ecuanimidad. Entonces cuando el Estado se pone a hacer propaganda barata perdemos todos.
En busca del aplauso que no recibió y reclamó días atrás en Maizar, el secretario de Agricultura, Sergio Iraeta, destacó este miércoles mediante una gacetilla de prensa oficial que “las exportaciones de la cadena porcina alcanzaron un crecimiento interanual durante el primer cuatrimestre de 2026 de 161% en valor, por 6 millones de dólares, y de 78% en volumen, por un total de 5.137 toneladas, en base a datos del INDEC”.
Está bien que quien llegó a ese cargo publico solo por ser concuñado de Juan Pazo, el ex jefe del ARCA y mano derecha de Luis Caputo, destaque este salto de las exportaciones de cerdo y subproductos de la faena de cerdos, ya que esa es una cuenta pendiente muy grande que tiene la Argentina: dispone de maíz barato, agua de calidad, buena genética, pero la producción de cerdos no ha logrado casi nunca hacer pie en el comercio exterior. Así que cualquier crecimiento en ese sentido será más que bienvenido.
Lo que está decididamente mal es que en un informe oficial sobre el comercio exterior porcino se concentre solo en las exportaciones y no haga ninguna mención sobre las importaciones, que son mucho más elevadas. De hecho, las compras de carne porcina al extranjero supera tres veces las exportaciones locales. No puede ignorarse semejante dato.
Y mucho menos, después de un título que reza que “las exportaciones de la cadena porcina crecieron 161%”, afirmar muy sueltos de cuerpo que “el sector experimenta un protagonismo que trasciende las fronteras en un mundo que hoy demanda proteínas animales de alta calidad”.

La pucha con los cerdos. Nunca habían tenido tan buena propaganda. Al menos no desde el día que la ex presidenta Cristina Kirchner aseguró (también muy suelta de cuerpo) que la carne porcina tenía “efectos afrodisíacos” sobre quienes la consumían.
Un poco de modestia no vendría nada mal.
La verdad es que la gacetilla enviada por Iraeta es insultante por lo falaz. Una vez más, tristemente, el concuñado de Agricultura pierde el equilibrio.
La estadística sobre el primer cuatrimestre del año puede encontrarse en la página de la propia Secretaría de Agricultura y muestra la versión correcta de esta noticia:

Allí se puede ver que la producción de carne porcina siguió creciendo en el primer cuatrimestre, un 7,9% respecto del mismo período del 2025, pero que las 280 mil toneladas ofrecidas por las granjas locales no es suficiente para abastecer un consumo que superó las 303 mil toneladas.
El dato tan publicitado por el gobierno sobre las exportaciones indica que se vendieron entre enero y abril 6.028 toneladas y no 6 millones de dólares como dice la gacetilla. El valor de esos embarques es en realidad de casi 8 millones de dólares. Se verifica en efecto un interesante crecimiento del 101% en valor y de 40% en volumen de dichas operaciones.
Pero aquí la omisión imperdonable para alguien que ocupa un alto puesto en el Estado: las importaciones en ese mismo primer cuatrimestre llegaron a 19.261 toneladas, es decir que triplicaron tres veces las exportaciones. Eso en volumen, porque en valor las distancias son mucho más elevadas y las importaciones superaron más de siete veces a las exportaciones, ya que se gastaron casi 60 millones de dólares en este rubro.
La explicación es que la Argentina exporta sobre todo subproductos porcinos de bajo valor, mientras que las importaciones son sobre todo de cortes frescos (especialmente bondiolas) desde Brasil, que cotizan mucho más caro por tonelada.
Pero ahí va, el concuñado de Agricultura pidiendo aplausos por cualquier gansada: “Los destinos abiertos para la comercialización de la producción porcina son 54 y desde la Secretaría se trabaja y gestiona permanentemente para ampliar aún más el abanico de opciones. Una vez más el trabajo en conjunto con el sector privado será clave para extender esos horizontes y acompañar la expansión de un sector que vuelve a ser noticia por su crecimiento y desarrollo sostenido, que ahora se observa en sus exportaciones y la apertura global de su producción”, destacó el informe de Agricultura.
Da un poco de penita. Incluso si se hubieran puesto las pilas podrían haber agregado a su gacetilla de propaganda los datos sobre comercio exterior de porcinos de mayo pasado, que ya están disponibles y fueron publicados por el INDEC.

De hecho, fueron comentados por el consultor especializado Juan Uccelli, quien como dato central de la posible evolución de la actividad se fijó más en las impo que en las expo: “En lo que va del año se importó un 6% menos que el mismo período del año pasado. Seguimos enviando dólares que no tenemos al exterior y con un Brasil que está de liquidación es muy peligroso, no para este momento, sino para el desarrollo lógico del sector. El precio de importación es el que termina fijando el precio local que se paga al productor. Es el mercado que no es libre, ya que el Gobierno interviene en el valor de dólar”, cuestionó.
Por cierto, en mayo pasado las exportaciones de carne porcina siguieron creciendo y sumaron 1,972 toneladas, el nivel más alto del año. Bien podría entonces Iraeta sacar una gacetilla actualizada. Eso sí, que ponga además que las importaciones del mes pasado fueron de 5,881 toneladas, tres veces más abultadas.




