El precio promedio que recibieron los tamberos durante julio fue de 527,47 pesos por litro, según informó la Secretaría de Agricultura a través del Siglea. El valor aumentó 1,8% respecto de junio.
Si bien en los últimos meses la evolución del precio casi que empató a la inflación, en los últimos doce tiene un atraso manifiesto. “El precio al productor subió 11,8% interanual y estamos 16,6 puntos por detrás de la inflación en moneda constante”, dijo Jorge Giraudo, del Observatorio de la Cadena Láctea (OCLA).
El deterioro se refleja en la rentabilidad de los tambos. Según indicó Giraudo, “los tambos más chicos presentan tasa de rentabilidad negativa, es decir, que no están cubriendo los costos totales de producción. Los tambos medios están casi al borde de cero, salen empatados sin generar renta”. Los más grandes, agregó, “todavía tienen algún nivel de contribución marginal positiva que les permite diluir un poco el costo de estructura y generar al menos una renta mínima”.

En este escenario, una de las pocas variables que juega a favor de la producción es la relación entre el precio de la leche y el de los granos. Las referencias tradicionales son dos kilos de maíz por litro de leche y 1,10 kilos de soja por litro.
La soja tiene además un doble impacto sobre el negocio, ya que se utiliza como alimento y es la referencia con la que se fijan buena parte de los alquileres. “El 60% casi de la superficie destinada a la producción de leche es en campos alquilados y los alquileres están normalmente fijados en quintales de soja”, explicó.
Esa relación favorable con los granos funciona como un amortiguador, aunque no alcanza para compensar la evolución de otros costos. “Los granos vienen con retraso, ahí se da una buena relación. Los que tienen inflación pura, algún insumo, algún servicio, salarios, impuestos, tarifas, energía eléctrica, combustible, ajustan por arriba de los valores que se perciben y eso da una relación negativa”, detalló.
El problema tampoco termina en los tambos. La industria láctea trabaja con márgenes muy ajustados, afectada por un mercado interno debilitado y por las dificultades para exportar con rentabilidad. Giraudo señaló que en los últimos años hubo una fuerte transformación de la estructura industrial: “Seis empresas se vendieron, seis están en concurso o cerradas, algunas fusiones y demás”.
Actualmente, según el especialista, el mercado interno consume en cantidad, pero con un mix de productos de bajo valor agregado. “Es un mercado interno que consume en cantidad, pero no en calidad, es decir, con un mix de precio bajo, porque el mix de productos que se vende no es el adecuado de valor agregado”, sostuvo.
La exportación tampoco alcanza para resolver el problema. Alrededor del 30% de la producción se destina al exterior, pero más por necesidad de colocar excedentes que por la existencia de un gran negocio. Los precios internacionales no son malos, pero los costos argentinos reducen fuertemente los márgenes.
“Tenemos mucho costo argentino, que hace que sea muy caro hacer una tonelada de leche en polvo o un kilo de mozzarella y nos queda poco margen”, indicó Giraudo.
Así, toda la cadena enfrenta dificultades. El productor recibe un precio que quedó muy por debajo de la inflación, la industria tiene márgenes estrechos y el consumidor interno perdió poder adquisitivo. Por ahora, la buena relación entre leche y granos aparece como uno de los pocos factores que permite amortiguar el golpe sobre los tambos.





