En abril Pablo Riva asumió la coordinación de la Mesa de Lechería de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), una responsabilidad que lo encontró con una doble experiencia, la de un profesional de los números y la de un productor que conoce desde adentro los desafíos cotidianos del tambo.
Contador Público de profesión, Riva se incorporó hace pocos años a la empresa familiar ubicada en la zona santafesina de Esperanza, donde su padre y su tío comenzaron hace más de tres décadas con dos pequeños tambos de 25 vacas cada uno. Aquella apuesta fue creciendo hasta convertirse en una explotación de casi 600 vacas en ordeñe, con fuerte incorporación de tecnología y procesos de gestión.
“Mi padre y mi tío ya estaban en un proceso de recambio generacional y la empresa también necesitaba otro tipo de atención administrativa. Siempre la familia tira y fue un buen momento para sumarme”, explicó el dirigente, que además encontró en CRA un espacio para involucrarse en el gremialismo agropecuario.
La empresa cuenta con 600 vacas en producción que generan entre 30 y 35 litros por día. Es decir, unos 20.000 diarios, lo que ubica a su tambo en el estrato de los más productivos. La lechería está partida al medio, ya que de una lado los establecimientos que suman tecnología, productividad y escapan a la crisis y del otro los que no tienen esa posibilidad a mano y van quedando fuera de carrera.
Riva cree que la lechería argentina atraviesa una oportunidad histórica “ya que es el único país del mundo con capacidad de crecimiento de su producción”, pero advierte que para aprovecharla deberá cambiar la forma en que funciona toda la cadena.
Tras participar del Seminario Internacional de Lechería, destacó que por primera vez en mucho tiempo, productores, industrias, gobiernos provinciales y nacionales coincidieron en la necesidad de trabajar de manera coordinada.
“Tenemos que dejar de funcionar como eslabones desconectados y empezar a pensar la lechería como una verdadera cadena. Esa falta de coordinación fue una de las razones por las cuales la actividad nunca logró el orden que necesita”, afirmó.
Según explicó, el crecimiento esperado de la demanda mundial de productos lácteos abre una ventana de oportunidades para Argentina, “uno de los pocos países con capacidad de aumentar su producción”. Sin embargo, considera que ese desafío exige reglas claras y previsibilidad.
“Lo que necesitamos son condiciones comerciales transparentes y estables para que el productor pueda planificar e invertir”, sostuvo. En ese sentido, planteó que la discusión debería dejar de concentrarse únicamente en el valor por litro de leche y avanzar hacia sistemas que reconozcan la calidad de la materia prima.
“Si hablamos de sólidos, hay que definir claramente qué sólidos se necesitan, cómo se determinan y cómo se pagan. También deberían existir bonificaciones por calidad sanitaria, volumen o buenas prácticas. Son cuestiones que hoy están sobre la mesa y que deben transparentarse”, señaló.
Riva también cuestionó que muchas veces las estadísticas terminan utilizándose como referencia para formar precios cuando fueron concebidas con otro objetivo.
“Hay herramientas muy valiosas que deben seguir perfeccionándose, porque una cosa es una estadística y otra muy distinta es un mecanismo de formación de precios”, indicó.
Otro de los cambios que observa es el nuevo perfil de los productores. A su entender, la estabilidad macroeconómica obliga a gestionar las empresas con una lógica muy diferente a la de años anteriores.
“Vamos hacia una lechería con menos tamberos, menos establecimientos y empresas más grandes. Hoy los números mandan. Antes muchas decisiones tenían un componente más emocional; ahora la eficiencia define quién puede seguir en la actividad”, aseguró.
Ese cambio, aclaró, no implica necesariamente una mayor cantidad de profesionales, sino una profesionalización de las tareas: “No significa que todos tengan que ser ingenieros o contadores. Significa medir procesos, incorporar tecnología y tomar decisiones con información. En un tambo hay cientos de procesos diarios y todo lo que se puede medir se puede mejorar”, explicó.
En el establecimiento familiar ya trabajan con collares de monitoreo, sistemas de gestión reproductiva, indicadores sanitarios y compras conjuntas de insumos, herramientas que les permitieron mejorar la eficiencia y reducir costos.
Finalmente, Riva consideró que también debe cambiar la relación entre productores e industrias.
“Tenemos que dejar de discutir únicamente cinco o diez pesos más por litro. La industria es nuestro cliente y nosotros somos su principal proveedor. Tenemos que sentarnos a planificar juntos qué producto necesita, cuánto va a demandar y cómo generar una relación de largo plazo”, afirmó.
Y concluyó con una idea que, para él, resume el desafío que enfrenta la actividad: “Toda la leche es blanca, pero no toda la leche es igual. Si hacemos el esfuerzo para producir una materia prima de mayor calidad, ese valor también tiene que ser reconocido. Ahí está buena parte del futuro de la lechería argentina”.
En el reciente Seminario Internacional de Lechería se trataron estos temas y. según contó el dirigente rural, hubo cuerdo en la cadena para avanzar en esa dirección. En los próximos días, productores e industriales se reunirán en la Exposición Rural de Rafaela para avanzar con este debate.





