“¿Puede ser que un país que produce 70 millones de toneladas de maíz tenga que pelear todos los días para tener una ley de biocombustibles?” Eso fue lo que preguntó el gobernador de Córdoba, Martín Llaryora, al inaugurar esta tarde en el Centro de Convenciones de la provincia una nueva edición del Congreso Internacional de Maíz.
Con esa frase, el mandatario cordobés lamentó la fuerte resistencia que todavía encuentra entre muchos sectores económicos y políticos para poder trazar un sendero de crecimiento en la adopción de los biocombustibles en la matriz energética argentina. También dejó traslucir que Córdoba tiene todavía un sabor amargo luego de la media sanción que recibió la nueva Ley de Biocombustibles por parte del Senado, que tiene aspectos favorables pero para la lupa de esta provincia se queda a mitad de camino.
En el acto que compartió con ministros de la Región Centro, Llaryora fue muy preciso para graficar la evolución del cultivo de maíz en su provincia: “En 1960 se producía un millón de hectáreas de maíz. En el 2000 la producción llegó a 5 millones de toneladas. Hoy tenemos un récord histórico de 23 millones de toneladas solamente en Córdoba”, indicó el político, dando cuenta del fuerte crecimiento de la forrajera.

“Es increíble que tengamos este nivel de trabajo y producción, en silencio y todavía con las malditas retenciones. No es sólo producir, es transformar, industrializar. Para eso se necesita una política de Estado”, agregó el gobernador, que pareció criticar elípticamente a las autoridades nacionales que en materia energética “hacen más esfuerzo por importar autos eléctricos que por mejorar políticas que benefician a los sectores productores”.
El mandatario cordobés repitió que la línea para generar desarrollo a partir del maíz es clara y tiene muy buenos ejemplos en su provincia, que tiene instaladas las más grandes productoras de bioetanol a partir de este cultivo (en el norte del país, los ingenios lo elaboran a partir de la caña de azúcar), pero que además utiliza la burlanda, el derivado de ese proceso, en la alimentación de todo tipo de ganado.
“Brasil y Estados Unidos buscan exportar la menor cantidad de materia prima posible. Buscan industrializar lo máximo que pueden en sus pueblos para exportar con valor agregado”, comparó Llaryora, que todavía tenía otro párrafo crítico hacia la política económica del gobierno de Javier Milei.

“La caída de las pymes y la destrucción del empleo no hace más que darle valor a la industrialización en nuestros pueblos, en el interior del interior. Es lo que hacen Brasil y Estados Unidos, ya lo está haciendo Paraguay. Ideas nuevas, ganas de aprender, generar contactos. Vean a Córdoba como un lugar próspero para invertir y asociarse”.
En materia de bioetanol, el sustituto renovable de la nafta, el proyecto de ley que recibió media sanción por parte de los senadores -con decidido apoyo de la jefa de la bancada oficialista y ex ministra Patricia Bullrich- recibió un aumento del cupo actual para el corte obligatorio, que pasaría del 12 al 15%. Pero eso, lejos de ser un avance concreto, es algo que venían prometiendo los sucesivos gobiernos desde 2015.
A pesar de reconocer este avance, que recaería sobre todo en el sector del maíz, las fábricas cordobesas ven con un sabor agridulce la nueva ley, ya que en países vecinos como Paraguay el corte de las naftas ya llega al 30% y en Brasil, pionero en esta materia, ya alcanza el 32%. Por eso consideran solamente esta nueva ley como un escalón más a subir, pero n el definitivo. Lo dejó en claro en una charla durante el congreso uno de los fundadores de ACA Bio, la planta de Villa María, Víctor Acastello.

Sergio Busso, el ministro de Bioagroindustria de Córdoba, destacó el gran 2026 que vive el maíz, que sumará esta suba del corte entre sus blasones. “Este es un año en que hay que celebrar al maíz porque tenemos cosechas récord”, enfatizó y elogió: “El crecimiento es fruto de la innovación y de la genética, pero especialmente del esfuerzo de los productores”.
A tono con su gobernador, el ministro cordobés hizo un fuerte pedido: “Hay tres pilares fundamentales: la soberanía alimentaria, la energética y la ambiental. Es importante tener media sanción de la ley de biocombustibles. Nos va a permitir producir más y mejor, además de dar trabajo y progreso para todos”.





