En un encuentro organizado por Rosgan y la Mesa de las Carnes en la Bolsa de Comercio de Rosario, la banca y el mercado de capitales se sentaron a discutir cómo financiar el salto productivo que promete el sector ganadero. El diagnóstico fue que el crédito crece, pero todavía llega con cuentagotas a una actividad que necesita capital de largo plazo.
La ganadería argentina exhibe hoy varias señales de fortaleza al mismo tiempo, con precios internacionales firmes, demanda externa sostenida y un horizonte de mercados que se amplía. El problema no es la oportunidad, sino cómo financiarla. Esa fue la pregunta que ordenó la jornada “Ganado, Carnes y Capital”, organizada por Rosgan y la Mesa de las Carnes en la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), un encuentro que reunió a bancos, mercados y referentes de la cadena de carnes para poner en común herramientas concretas de financiamiento.
A la mesa se sentaron representantes de BICE, Banco Macro, Santander, Galicia, Banco Provincia y Banco Nación, junto con los mercados que operan bajo el paraguas de la BCR: el Mercado Argentino de Valores (MAV), A3 Mercados y ROSFID. El objetivo declarado fue analizar alternativas de crédito para una actividad que —a diferencia de la agricultura— tiene ciclos productivos largos y demanda inversiones que no siempre encajan con la lógica de plazos cortos de la banca tradicional.
El dato más contundente de la jornada tuvo que ver con la evolución reciente del financiamiento, ya que durante 2025, el crédito bancario destinado al sector ganadero creció 220%. Es una cifra que muestra un cambio de tendencia respecto a años anteriores. Sin embargo, en el propio encuentro se remarcó que ese crecimiento, por más pronunciado que sea, todavía resulta insuficiente frente al volumen de inversión que exige la actividad.
Ahí aparece la tensión central del debate: ¿la banca argentina se está poniendo a tono con el potencial ganadero, o el sector deberá seguir empujando por su cuenta? El cierre de la jornada, a cargo del economista David Miazzo, dejó una síntesis que resume bastante bien esa paradoja, donde la ganadería es una actividad intensiva en capital, pero se sigue financiando mayormente con recursos propios.
El dato que ilustra el punto es que el sistema bancario financia apenas 20 dólares por cabeza de stock bovino, un nivel que Miazzo calificó de insuficiente para transformar la matriz productiva, sostener la retención de vientres a gran escala o acelerar la incorporación de tecnología.
Más allá del diagnóstico, el encuentro funcionó también como catálogo de herramientas ya disponibles o en desarrollo. Del lado bancario y de la cadena aparecieron el financiamiento a valor producto, los convenios entre eslabones de la cadena, las líneas atadas a exportación, el warrant ganadero, y dos demandas que se repitieron con insistencia: simplificar las carpetas crediticias y avanzar en la digitalización de los procesos.
Del lado del mercado de capitales, el mensaje fue distinto pero complementario: los fondos existen, el problema es de formato. Para acceder a instrumentos más sofisticados, el productor ganadero necesita dejar de pensarse como sujeto individual y empezar a presentarse como una empresa con información, trazabilidad y garantías.
Entre las herramientas que se pusieron sobre la mesa se mencionaron los futuros ganaderos, el descuento de cheques, el pagaré bursátil, la factura de crédito, el pagaré producto, los warrants, los fideicomisos y las Obligaciones Negociables Agro (ON Agro), que ya acumulan 450 millones de dólares emitidos en lo que va del año.
Los propios mercados admitieron que instrumentos como los futuros ganaderos todavía necesitan más volumen, más participantes y precios de referencia más sólidos para consolidarse como una alternativa real de cobertura. La integración de toda la cadena —productores, frigoríficos, bancos y mercados— apareció como condición necesaria para que esas herramientas ganen profundidad.
La jornada no se quedó solo en el diagnóstico macro. Pablo Masor, de la avícola Las Camelias, aportó un ejemplo que grafica cómo escaló la necesidad de capital en las últimas dos décadas: si en 2005 un galpón para 15.000 pollos requería unos 100.000 dólares de inversión, en 2024 un galpón para 44.000 pollos demanda cerca de 400.000 dólares. El salto de escala productiva, explicó, va de la mano de un salto proporcional en las necesidades de financiamiento.
Por su parte, Lisandro Culasso, de Isowean, presentó un esquema híbrido de integración y “hotelería” que le permitió crecer con capital de terceros: a partir de una línea de financiamiento propia, la empresa logró estandarizar un producto con la banca en el que el asociado accede al crédito mediante contrato y garantía real. El caso mostró que la formalización de garantías y la integración productiva pueden ser la puerta de entrada al crédito bancario, incluso en un contexto de oferta limitada.




