Para entender lo que está pasando en el campo formoseño hay una parada obligada. Nos lo advirtieron apenas llegamos: “si querés saber qué se cocina en el agro de esta provincia, tenés que hablar con Diego Canalis”. Así que fuimos a buscarlo hasta El Colorado, en el sureste formoseño que queda a apenas 200 metros del río Bermejo y a otros 200 o 300 del límite con el Chaco. Ahí, detrás de un portón, funciona su fábrica de maquinaria agrícola, especialmente dedicada a la fabricación de rolos y palas mecánicas.
Canalis no es formoseño de nacimiento, sino “adoptado”, como aclara él mismo entre risas, pero lleva años metido en el campo de la zona. Así describe el corazón de su negocio:”Tenemos 3 o 4 productos emblema en la fábrica. Primero están los rolos, para control de leñosas invasivas y mantenimiento de pradera ganadera. Después está todo lo que es la línea de acoplados, vaqueros, acoplados rurales, carretones agrícolas. Y muy importante también es el equipamiento de las máquinas, prepararlas para limpiar campos.”
Sobre esto último se explaya con detalle, porque es un trabajo casi artesanal sobre máquinas que llegan pensadas para otra cosa: “Nosotros somos aparte agencia de Pauny, vienen los tractores articulados o cualquier clase de tractor, acá los desmantelamos, le sacamos todo lo que es plastiquerío, le fabricamos las trompas, le hacemos las palas hidráulicas, las palas topadoras”.
¿Y esa “pradera ganadera” de la que habla, cómo se fue armando? Canalis lo explica por la historia reciente de la zona: “Después de muchos años de haberse abandonado la agricultura, se fue ganando por el renoval, el chilcal, todo lo que es leñosa invasiva, pero no se hicieron bosques ni montes grandes. Entonces la gente empezó a limpiar. Nosotros hacemos justamente esas herramientas, equipamos los tractores, fabricamos los rolos y las preparamos para poder preparar esa tierra para la ganadería.”
Lo que más le gusta remarcar es la diversidad de suelos que hay que atender, y ahí aparece un ejemplo que sorprende: “Hoy tenemos muchas variedades de pisos, mucha variedad de suelos en Formosa, y para cada variedad tenés que tener una pastura diferente. Hasta en el agua, hoy estamos sembrando pasto tangola, un pasto que viene prácticamente en los esteros. Fijate vos que hasta en el agua crece el pasto tangola, que es un pasto natural, pero que tiene muy buen porcentaje nutritivo, muy buena calidad de follaje y muy tierno.”
Y remata con una frase que funciona casi como eslogan de todo lo que vio en las últimas dos décadas: “Por eso Formosa está linda para hacer ganadería.”
Le preguntamos si detrás de este movimiento también hay inversión en genética e infraestructura, necesarios para potenciar una actividad ancestral como la ganadería, pero que en los últimos años ganó terreno. Ahí Canalis ubica el origen del proceso en el tiempo: “Se empezaron, hace unos 12 o 13 años, a haber muchas inversiones de gente de afuera, porque vieron que las variables de Formosa, en todo sentido -climática, impositiva- y después de terrenos también, eran favorables. Si bien falta un poquito más de completar, hoy tenemos un anillo energético excelente, ya hay una línea de 500 watts que nos ayudó mucho, no tenemos problema de electricidad.”
Con esa base, dice, las zonas centro-este y norte de la provincia se volcaron con fuerza a una ganadería de genética de punta: “Se está inclinando muy fuerte a la ganadería, pero ganadería de genética muy buena. Tenemos campeones, la gente ha invertido mucho en genética, y se ven en los premios, en todos los remates, hasta en Palermo, la calidad de la carne formoseña. Y a tal punto que están haciendo mucha agricultura, pero para convertirlo en carne.”
Cuando le pedimos que describiera el presente formoseño con todos esos condimentos, eligió una comparación que no es menor: “Yo creo que después de Neuquén, que Vaca Muerta es la niña bonita de esa provincia y se ve que está progresando mucho por esa suerte de mineral, de petróleo que tiene, viene Formosa.”
Y cuando le repreguntamos si eso es potencial o ya es realidad, no dudó: “En realidad y en potencial. En Formosa no hay nada hecho, hay mucho por hacer. Hay tierras que todavía no se han tocado, y tienen la misma capacidad de producción que la tierra de la pampa húmeda.”
Como prueba, cuenta el caso de productores chaqueños que cruzaron a trabajar en Formosa:
“No muy lejos de acá ya hay agricultores de la provincia del Chaco que han venido a invertir, a trabajar acá, y el año pasado sacaron cosechas récord, mientras que al Chaco le fue muy mal, lo afectó mucho la seca. Acá en Formosa llovió en tiempo y en forma. Y hay gente que ya con mucha tecnología y con mucha genética en semilla está haciendo dos cosechas por año, y les está yendo muy bien.”
Mirá la entrevista completa con Diego Canalis:
Le pedimos que no nos pinte todo color de rosa, que nos cuente también lo que falta. Y ahí fue más filosófico que técnico: “Formosa es tierra de hombres, hace mucho calor. No es fácil, nosotros ya estamos curtidos, estamos acostumbrados. Yo creo que hay que animarse un poquito más, a limpiar más, a trabajar más en el silvopastoril.”
Ahí introduce una distinción que le parece central para entender quién está invirtiendo hoy en la provincia: “El que trae la impronta del sur no es ganadero, sino que es productor de carne, que es diferente. Viene a invertir, limpia el campo, mantiene los campos, le hace los alambrados, le hace las instalaciones, corrales, y siembra pastura. Y siempre están tecnificando y buscando nuevas formas de hacer ganadería: ganadería regenerativa, ganadería con pastura, ganadería con backup, con silo, con rollo.”
Ahí lo llevamos al punto más incómodo: si las condiciones son tan parecidas a las de la pampa húmeda, ¿qué pasa con el flete? Su respuesta fue honesta: “No todo es color rosa. Estamos lejos de todo.”
Pero enseguida matiza, porque para él ahí está la otra gran carta de la provincia: “También estamos cerca de Paraguay, cerca de una ruta que va a ser bioceánica, que va a pasar por Paraguay, no estamos a muchos kilómetros. Y ni hablar si se llegan a abrir los puertos de Corrientes de barcazas, eso también cambiaría todo. Tenemos un puerto que está próximamente a estar operativo en Formosa, muy buen puerto, se va a dragar. Vi que se licitó el dragado del Paraná con el Paraguay.”
Y agrega una necesidad concreta que todavía falta cubrir: “Por ahí haría falta más frigoríficos para que se faene la carne acá, frigoríficos para exportación. Pero eso genera oportunidades.”
El cierre de la charla giró en torno a un modelo que Canalis tiene muy presente: el paraguayo. Le preguntamos con qué ganó Paraguay ese despegue productivo y no dudó: “Con genética argentina. Paraguay venía acá y compraba los mejores toros, las mejores pajuelas, se las llevó allá. Las condiciones son exactamente idénticas. Nosotros conocemos el Chaco paraguayo, que es una zona donde tenés 600, 700 milímetros de promedio, muy parecido a lo que es el oeste de Formosa. Y tenés unos campos excelentes, con una ganadería excelente.”
Aunque enseguida aclara que no alcanza con las condiciones naturales: “Pero no es magia, eso es trabajo. Ahí han hecho un trabajo excelente con genética nuestra, fueron muy inteligentes al adaptar. Nosotros tenemos inclusive clientes paraguayos, somos exportadores, mandamos equipo a Paraguay. Ellos tuvieron muchos años de una moneda estable, un mercado un poquito más abierto que el nuestro, y las variables económicas las tuvieron mucho más años que nosotros.”
Para cerrar, resume el presente del sector ganadero formoseño con datos de su propio negocio:”Primero llegaron las lluvias, tuvimos muchos años de seca. Después, el precio del kilo hoy es histórico y hay que aprovechar el momento. Hoy el ganadero o el productor de carne está pasando por un buen momento y lo está aprovechando. Se vio reflejado en la cantidad de venta de maquinaria, de venta de equipos, en estos últimos 6, 7 meses, prácticamente con un aumento del 50, 60 por ciento de ventas en la fábrica.”
Y ahí, casi sin quererlo, deja la frase que mejor resume toda la charla: “Las bases están, está todo por hacer. Hay que trabajar.”




