Las perspectivas climáticas para la campaña fina 2026 generan expectativas positivas en las principales zonas trigueras del país. En este contexto, Amauta —compañía argentina especializada en nutrición vegetal, que este año cumple diez años desarrollando y comercializando productos para acompañar las distintas etapas de los cultivos— observa que los perfiles cargados y los pronósticos asociados a un posible escenario Niño permiten proyectar una campaña con mayores posibilidades de expresar rendimiento.
Sin embargo, desde el punto de vista productivo, un mejor escenario hídrico también obliga a revisar algunas estrategias de manejo. Entre ellas, la nutrición aparece como uno de los factores que podría definir cuánto de ese potencial logra transformarse efectivamente en kilos de grano.
“Cuando un cultivo dispone de más agua, aumenta su capacidad de crecimiento y, en consecuencia, también crece su demanda de nutrientes. Por eso, una campaña con alto potencial productivo suele exigir una mirada mucho más atenta sobre la nutrición”, explicó Federico Dublan, Gerente de Desarrollo de Mercado y Producto de la compañía.
La relación entre agua y nitrógeno es directa. A medida que el cultivo incrementa su crecimiento y genera más biomasa, también aumenta la cantidad de nutrientes necesarios para sostener ese proceso. Al mismo tiempo, en campañas donde se registran mayores precipitaciones, pueden incrementarse las pérdidas por lavado, reduciendo la eficiencia de parte del nitrógeno aplicado al suelo.
En este contexto, el desafío deja de estar únicamente en definir una dosis inicial y pasa a centrarse en cómo asegurar que el nutriente permanezca disponible a lo largo de las distintas etapas del cultivo.
“La fertilización de base sigue siendo una herramienta fundamental, pero en determinados ambientes puede no alcanzar para acompañar todo el potencial que termina expresando el trigo. Por eso cada vez cobra más importancia el monitoreo y la posibilidad de realizar ajustes durante el ciclo”, señaló Dublan.
Por ese motivo, cada vez más asesores incorporan una lógica de seguimiento permanente para ajustar las decisiones nutricionales a medida que evoluciona el cultivo. El objetivo no pasa únicamente por definir cuánto aplicar al momento de la siembra, sino también por evaluar si será necesario realizar correcciones durante el ciclo para acompañar la demanda del cultivo.
Dentro de ese esquema, “las aplicaciones foliares aparecen como una alternativa para complementar la estrategia nutricional en momentos donde el cultivo incrementa sus requerimientos”, aclaró Federico, y sumó que “a diferencia de las fuentes tradicionales aplicadas al suelo, permiten realizar ajustes durante estadios avanzados, cuando la velocidad de respuesta es necesaria”.
En ese segmento, Amauta cuenta con herramientas específicas para el aporte de nitrógeno foliar. Una de ellas es Wayra Nitro, una formulación líquida enfocada en el suministro de nitrógeno de rápida disponibilidad. La otra es Wayra Nitro S, una tecnología sólida que combina nitrógeno y azufre de manera balanceada, incorporando además aportes complementarios de fósforo y potasio.
Según ensayos realizados por la compañía, las aplicaciones de Wayra Nitro generaron respuestas promedio cercanas a los 400 kg/ha, mientras que, combinadas con bioestimulantes a base de aminoácidos, las mejoras alcanzaron los 500 kg/ha. En el caso de Wayra Nitro S, las respuestas promedio fueron de 320 kg/ha aplicados de manera individual y de 412 kg/ha cuando se integró dentro de estrategias complementadas con aminoácidos.

“La ventaja de las herramientas foliares es que permiten acompañar al cultivo en etapas donde las fuentes tradicionales tienen menor capacidad de reacción. No reemplazan a la fertilización de base, sino que funcionan como un complemento dentro de una estrategia más amplia”, agregó el ingeniero.
Además del nitrógeno, los técnicos también observan una creciente importancia de otros nutrientes que históricamente recibían menor atención dentro de los esquemas de fertilización. Zinc, azufre y boro aparecen cada vez con mayor frecuencia como factores limitantes en ambientes de alta productividad, reforzando la necesidad de abordar la nutrición desde una mirada más integral.
En un contexto donde los márgenes exigen maximizar la eficiencia de cada decisión, la posibilidad de ajustar el manejo durante el ciclo se consolida como una de las principales herramientas para capturar el potencial productivo que ofrece el ambiente.
“Si las condiciones climáticas acompañan, gran parte de la diferencia va a estar en la capacidad de sostener el crecimiento del cultivo y evitar que la nutrición se transforme en una limitante. Ahí es donde el monitoreo y la toma de decisiones oportunas pasan a tener un rol cada vez más importante”, concluyó Dublan.
Amauta es una empresa argentina especializada en nutrición vegetal que desarrolla y comercializa productos para acompañar las distintas etapas de los cultivos. Con diez años de trayectoria, trabaja junto a productores y asesores combinando tecnología, conocimiento y acompañamiento técnico para construir estrategias nutricionales adaptadas a cada ambiente. Más información en amauta.ag.





