Mientras gran parte del sector ganadero celebra un escenario más favorable para la producción, desde la Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores (Camya) advierten que todavía quedan problemas estructurales que impiden aprovechar todo el potencial de la cadena cárnica. Para su flamante presidente, Ariel Morales Antón, la recuperación existe, pero todavía está lejos de haberse completado. Y si hay un punto que considera prioritario atacar, es la informalidad en la etapa final de comercialización, las carnicerías.
“La informalidad la tenemos en el destino final, y ahí está uno de los principales problemas de la cadena”, resumió el dirigente, que acaba de asumir al frente de la entidad que nuclea a los matarifes y abastecedores.
Morales describió una situación paradójica. Por un lado, aseguró que la producción ganadera atraviesa “uno de los mejores momentos históricos” después de muchos años de precios deprimidos y falta de incentivos. Pero, por otro, señaló que la recuperación todavía está lejos de haber compensado las pérdidas acumuladas durante más de una década.
“La ganadería estuvo aproximadamente 15 años sufriendo golpes económicos muy grandes. “Han desaparecido 80.000 productores en el país y hemos perdido entre 10 y 12 millones de cabezas con aquel intervencionismo que cerró las exportaciones”, recordó. Por eso, sostuvo que el sector no está viviendo una etapa de ganancias extraordinarias sino un proceso de reconstrucción.
“Estamos en recuperación de lo perdido, pero va a llevar su tiempo. La ganadería lleva tiempo y la recuperación también va a ser de la misma manera. No va a ser algo de golpe”, explicó.
Según Morales, la mejora de los precios comenzó a devolver incentivos para volver a invertir y recomponer rodeos. “Se reinvierte porque el producto vale. Si no valdría, estaríamos hablando de lo mismo de años anteriores”, señaló.
Sin embargo, la otra cara del negocio aparece en los frigoríficos orientados al mercado interno, que hoy padecen la caída del consumo. “Los frigoríficos de consumo interno lo están sufriendo. Tienen costos fijos altos y una caída en sus faenas. Están al borde de los quebrantos y pasando un mal momento”, afirmó.
El dirigente recordó que cerca del 80% de la faena destinada al mercado doméstico pasa por los matarifes y que la reducción del consumo de carne vacuna ya se refleja en las estadísticas.
“Estamos con 41 kilos por habitante por año. Eso lo sentimos todos. Lo que más nos preocupa es que la industria no se caiga y que el consumo no se siga cayendo”, indicó. En ese contexto, Morales reconoció que parte de los kilos que perdió la carne vacuna fueron captados por otras proteínas.
“Las carnes alternativas ya fueron creciendo. Los kilos que perdió la carne fueron absorbidos por el pollo y el cerdo, que tienen valores mucho más accesibles”, explicó.
Pero más allá de la cuestión coyuntural, el presidente de Camya volvió sobre el tema que considera central: la competencia desigual que genera la evasión y la informalidad. “La trazabilidad llega del matarife a la industria frigorífica y de la industria al destino final. El destino final está complicado, no quiere el remito electrónico, no quiere la factura. La informalidad la tenemos ahí”, afirmó.
Según describió, quienes operan dentro del sistema formal terminan enfrentando una fuerte desventaja competitiva. “El matarife matriculado, aquel que quiere hacer bien las cosas y paga los impuestos, se encuentra con una mercadería que está esquivando ciertos impuestos”, advirtió. Por esa razón, aseguró que la lucha contra la informalidad será uno de los ejes de su gestión al frente de Camya.
“Vamos a abordar como agenda principal este tema y hay que sentarse en una mesa con el Estado, las provincias y la Secretaría para tocar esto, porque es un tema no menor”, afirmó.
Mirá la entrevista completa con Ariel Morales Antón:
A juicio del dirigente, resolver esa situación requiere una decisión política que hasta ahora no llegó. “Nosotros llevamos información y planteamos el problema, pero tiene que haber una decisión política. Nosotros no podemos ir a controlar lo que tiene que controlar el Estado”, sostuvo.
Morales cree que corregir las distorsiones permitiría mejorar la rentabilidad de toda la cadena y generar más incentivos para la producción.
“Si los impuestos se homologan para que en la calle todos tengamos el mismo valor, también vamos a poder pagar mejor ese novillo y convalidar valores más importantes para que el productor siga invirtiendo”, explicó.
En ese sentido, también cuestionó la carga impositiva que soporta la carne y que, según estimó, termina trasladándose al consumidor. “Hoy un 28 o un 30% en la carne es muy alto y lo termina pagando la gente”, afirmó.
El dirigente consideró positiva la continuidad de la reducción de retenciones para los granos y también para la exportación de carne, pero pidió no perder de vista la situación del mercado doméstico.
“No hay que descuidar el mercado interno. En una situación de caída del consumo, es una gran señal que tengamos impuestos a la baja que alivianen el traslado al destino final”, sostuvo.
Pese al optimismo que existe en buena parte del negocio ganadero, Morales cree que todavía quedan asignaturas pendientes antes de hablar de un despegue pleno. “Hay cosas que atender”, resumió. Y entre ellas ubicó, una vez más, a la informalidad, los impuestos y la necesidad de generar condiciones que permitan reconstruir el stock bovino y recuperar el consumo. Porque, según planteó, la recuperación que hoy muestra la ganadería todavía no alcanza para dar por cerradas las heridas de los últimos años.




