La familia Goldstein es una de las protagonistas de la historia de la raza Brangus en Argentina. Martín Goldstein fue durante 35 años directivo de la asociación que nuclea a sus criadores, incluso llegó a presidirla, y recientemente fue reconocido por su trayectoria en Palermo. Su hijo Santiago continúa ese camino: actualmente es vicepresidente de la Asociación Argentina de Brangus y participa de una empresa que combina agricultura, producción de carne y genética.
“Somos una empresa agropecuaria que explota alrededor de 16.000 hectáreas, en campos que van desde Buenos Aires hacia La Pampa y San Luis, algunos propios y algunos alquilados. Hacemos más o menos en la mitad de la superficie agricultura y en la otra mitad ganadería, y ganadería de ciclo completo”, explicó Santiago en charla con Bichos de Campo.
El planteo incluye cría, recría y terminación en un feedlot del oeste bonaerense con capacidad para 6.000 cabezas. El otro gran pilar es la genética, concentrada en Luján, donde están las donantes y se producen embriones durante todo el año.

Goldstein prefiere no definir a Tres Cruces como una cabaña, porque considera que “no describa fehacientemente la actividad” que hacen. “El concepto cabaña está asociado a preparar animales para una exposición y eso es solo una parte mínima de todo lo que se hace durante el año”, señaló.
La genética, desarrollada durante décadas, incorporó en los últimos siete u ocho años la fertilización in vitro. Los embriones se utilizan en los propios campos, se comercializan y llegan a establecimientos asociados en Argentina y otros países.
“Tenemos una empresa de genética además del ciclo completo ganadero”, resumió.
Tres Cruces tampoco busca un único biotipo. “El Brangus es una raza muy plástica que puede tener distintos biotipos para distintos ambientes y distintas exigencias”, explicó. Por eso es que trabajan con animales más britanizados para la Pampa Húmeda, y otros adaptados a ambientes más exigentes del norte argentino y Centroamérica. Además cuentan con unos diez convenios genéticos con productores de provincias argentinas y países como Uruguay, Paraguay, Bolivia y Costa Rica.
“Vamos escalando y expandiendo nuestra genética con embriones y llegando a criar en un montón de zonas sin tener campo propio en todos esos lugares”, contó.
En los últimos cinco o seis años también profundizaron el mejoramiento del rodeo general de cría. Mediante inseminaciones masivas y toros destacados fueron transformándolo hasta alcanzar unas 2.000 madres controladas, que generan toros y vientres para terceros.

La genética se integra al negocio de carne. El núcleo de recría está entre el oeste de Buenos Aires y el este de La Pampa, sobre unas 7.000 hectáreas donde alternan agricultura con pasturas de alfalfa.
“Son campos agrícolas donde le pedimos a la ganadería que compita mano a mano con la agricultura y que le haga difícil la pulseada”, describió.
Los terneros ingresan con 200-210 kilos y atraviesan una recría pastoril prolongada, primero sobre verdeos y luego sobre alfalfa. La producción promedio ronda los seis novillos por hectárea, con picos de siete. También incorporaron capitalización de hacienda de terceros para reducir el capital inmovilizado.
“Comprar terneros y tomar la decisión de inmovilizar ese capital y recriar durante 9, 10, 12 o 15 meses es una decisión que no hay que tomar a la ligera”, explicó.

En el corral de recría, el costo del kilo producido ronda los 2.000 pesos y en la terminación durante julio fue de unos 2.200 pesos. El modelo apunta a novillos pesados.
“Siempre intentamos, por vocación, hacer el novillo más pesado posible y que admita el mercado sin tornarse ineficiente o recibir un castigo en el precio”, dijo.
Durante este otoño salieron principalmente novillos de 520 a 530 kilos en planta, con entre 85% y 90% destinado a exportación. El buen momento del negocio permite, además, prolongar la terminación para sumar kilos.
Goldstein también observa una oportunidad para la cría: “Creo que el criador está atravesando un buen momento y las perspectivas son muy buenas para el que tiene vacas y el que tiene el know-how de criar”. Y sostuvo que la actividad será cada vez más especializada y que para avanzar con la retención de vientres hace falta financiamiento.
“Si hubiese créditos en kilos de carne, kilos de ternero, kilos de novillo o al menos con una parte importante del crédito asociada a ese valor, sería algo que muchos ganaderos tomarían porque no tendría prácticamente riesgo y nos permitiría desarrollar mucho el negocio”, afirmó.
Sobre el futuro de la carne vacuna, no ve una competencia excluyente con pollo o cerdo. “Todas las proteínas debemos convivir y ojalá que cada sector tenga la mayor eficiencia posible”, planteó. Pero mantiene su confianza en la ganadería: “La demanda de carne a nivel mundial está muy sostenida. La cría a largo plazo no tiene manera de errarle, porque es donde está la fábrica y es lo que siempre va a ser indispensable para que pueda haber carne en el mundo”.





