En los últimos dos meses el precio de la carne vacuna en la góndola no aumentó, mientras que los de la hacienda para consumo y exportación cayeron, en promedio, un 10%.
Para el analista ganadero Ignacio Iriarte, detrás de este cambio aparecen dos factores clave: la caída del poder de compra de los consumidores argentinos y, por ende, las dificultades que enfrenta la exportación para trasladar a los precios internos los buenos valores internacionales.
En la última edición de la revista digital Informe Ganadero, Iriarte destacó que la relación entre los salarios registrados y el precio de la carne se deterioró de manera significativa durante el último año. Según explicó, en marzo un salario promedio permitía comprar apenas 91 kilos de carne vacuna, cuando doce meses antes alcanzaba para adquirir 121 kilos.
“De ahí en más, por dieciséis meses consecutivos, el poder adquisitivo se redujo constantemente, al subir la carne vacuna bien por arriba de los salarios registrados”, señaló el consultor, que asegura que esto es lo opuesto a lo ocurrido durante gran parte de 2024, cuando, tras el fuerte reacomodamiento de precios ocurrido a fines de 2023, los ingresos habían empezado a recuperar capacidad de compra.
Al invertirse la tendencia, se puso un límite a la posibilidad de seguir trasladando aumentos al mostrador. Por eso, luego de alcanzar valores récord, la hacienda comenzó a perder firmeza. La demanda doméstica sigue siendo elevada en términos históricos, pero los consumidores muestran cada vez mayores dificultades para absorber nuevas subas.

La otra variable que, según Iriarte, condiciona al negocio actualmente es el tipo de cambio. Mientras la inflación interanual ronda el 32%, el tipo de cambio neto para la carne vacuna sólo mejoró cerca del 20% en el último año, afectando la competitividad exportadora.
La situación pudo sostenerse gracias a una notable recuperación de los precios internacionales de la carne argentina. “Los precios FOB han subido notablemente”, indicó Iriarte, al señalar que las cotizaciones externas muestran mejoras extraordinarias impulsadas tanto por mayores precios como por una reconfiguración de los destinos de exportación.
En ese sentido, explicó el consultor, hoy Argentina embarca proporcionalmente más carne hacia Europa, Israel y Estados Unidos, mientras disminuye su dependencia de China. Y ese cambio es el que permitió mejorar el valor promedio de las exportaciones.
Sin embargo, los exportadores advierten que el escenario está lejos de ser ideal. “Los precios FOB han subido notablemente, pero también ha subido el valor de la hacienda”, advirtió Iriarte. Según detalló, en los últimos doce meses el ganado aumentó 38% en dólares y, además, se encarecieron salarios, energía y otros costos medidos en moneda estadounidense.
La situación quedó resumida en una frase escuchada recientemente en un seminario ganadero y citada por el analista: “La mitad de las empresas estamos perdiendo dinero moderadamente y la otra mitad está cambiando la plata”.
Aun así, el panorama externo sigue ofreciendo oportunidades. “La demanda internacional es inabarcable y los precios FOB son muy buenos, superando los niveles del 2022”, afirmó un empresario exportador citado por Iriarte.

Por el lado de los costos productivos, se registró una suba reciente de los insumos ganaderos, impulsada principalmente por el aumento del gasoil, el silaje, los fertilizantes y la confección de rollos. No obstante, aclaró el especialista, que la relación entre el precio de la hacienda y los costos de producción “continúa siendo muy favorable”.
“Especialmente entre el valor del ternero o el novillo y el costo del kilo ganado, sea a pasto o a corral”, agregó.
En ese contexto, la caída reciente de la hacienda parece responder más a un límite impuesto por el consumo interno y a las dificultades de la exportación para sostener los valores actuales que a un deterioro de las condiciones productivas del negocio ganadero.





