Los desafíos que tiene por delante la cadena de ganados y carnes son importantes, según Daniel Urcía, vicepresidente de la Federación de Industrias Frigoríficas Regionales Argentinas (Fifra), quien consideró que para la industria frigorífica es clave que se generen las condiciones que le den competitividad.
Y en el caso de la producción, que se potencie la retención que derivará en un mayor stock a futuro y que se aliente la producción de animales más pesados, tendencia que se viene observando este año.
En un escenario de fuerte suba de costos, Urcía dijo que “los desafíos que tenemos por delante son importantes. Debemos recuperar competitividad y eliminar algunas cargas que pesan sobre la actividad”. Entre ellas mencionó las guías de traslado vinculadas con las leyes de marcas y señales, que “en muchos casos generan costos y burocracia innecesarios”.
También puso el foco sobre la carga tributaria que incide sobre el precio final de la carne. “El informe de FADA muestra que los impuestos y tasas nacionales, provinciales y municipales representan alrededor del 28% del precio que paga el consumidor”, señaló. Para el industrial, se trata de “un porcentaje significativo que debemos tener presente cuando analizamos el costo de la carne y buscamos explicar la evolución de su consumo”.
A esto sumó la necesidad de combatir la competencia desleal y establecer condiciones sanitarias básicas para toda la actividad. “Otro desafío tiene que ver con la transparencia en la industria frigorífica y en el comercio de carnes; incrementar los controles para evitar la competencia desigual de los que no cumplen con las normas es clave para que las empresas formales sobrevivan en un escenario de fuerte suba de costos”, explicó.
“Son cuestiones que pasan a ser indispensables para sostener y desarrollar la cadena de ganados y carnes”, remarcó. El objetivo, agregó, “debe ser generar condiciones para que toda la cadena pueda recuperar competitividad, crecer y aprovechar las oportunidades que ofrecen los mercados”.
En este contexto, Urcía también analizó la preocupación creciente por la caída del consumo de carne vacuna. Su mirada es que el descenso debe interpretarse fundamentalmente a partir de la menor disponibilidad de hacienda y no como una caída estructural de la demanda.
Esa menor oferta de hacienda se va a recuperar una vez que se expresen los efectos de la retención de hacienda que se ve este año.
“En los primeros ocho meses del año, la faena bovina registra una caída del orden del 12%, en línea con una disminución del consumo aparente que se observa mes a mes”, explicó. El consumo doméstico, que el año pasado había llegado a unos 51 kilos por habitante, se ubica en el último registro en aproximadamente 46 kilos.
“Ese consumo es el más alto a nivel mundial, aunque representa una disminución cercana al 10%, prácticamente equivalente a la baja registrada en la faena bovina”, indicó.
La explicación, para Urcía, está en el comportamiento de la oferta ganadera. Los datos de faena y la menor participación de las hembras estarían mostrando un proceso de retención y crecimiento del rodeo, consideró.
La consecuencia inmediata de esa retención es una menor cantidad de animales enviados a faena y, por lo tanto, una menor producción de carne. Pero el proceso también puede generar una recuperación posterior de la oferta, cuando ese mayor stock se traduzca en más animales y, especialmente, en animales de mayor peso.
Mientras tanto, el consumidor cuenta con una oferta más diversificada de proteínas. “El crecimiento sostenido de la producción y la faena porcina durante los últimos 15 años permitió que esa carne penetrara fuertemente en el consumo doméstico y se transformara en una alternativa válida”, explicó Urcía.
“En definitiva, el conjunto de las proteínas animales viene abasteciendo normalmente a la demanda local. El consumidor argentino tiene hoy una oferta más diversificada y las distintas carnes compiten entre sí por precio y disponibilidad”, agregó.
Así, la menor faena explica buena parte de la caída de la producción y del consumo de carne vacuna en el corto plazo, mientras la retención de hacienda abre la posibilidad de una recuperación futura de la oferta, con un rodeo más grande y animales más pesados. Para que esa mayor producción pueda traducirse en crecimiento de toda la cadena, el desafío será recuperar competitividad, ordenar las condiciones de competencia y reducir los costos que pesan sobre la actividad.





