Al azuleño Carlos “Cacho” Oliveto siempre le gustó ser el asador, en cada evento familiar o con sus amigos. Tratando de explicar esta fascinación, recuerda:; “Cuando apenas tenía cuatro años me gustaba acompañar a mi papá, que se dedicaba a la tala de montes. Y mientras desmontaba en un campo, con hacha y motosierra, él me encargaba ir a juntar leña, hacer un fuego, poner la carne que íbamos a almorzar sobre una parrilla y además, cuidar que ningún animal nos lo arrebatara”.
“De ahí que asar se me volvió una pasión, seguramente porque me trae la nostalgia de aquellos fuegos que hacía para compartir momentos inolvidables con mi padre”, reflexiona desde una humanidad tangible

Cuenta “Cacho” que en 2023 se le ocurrió de repente participar del Campeonato Federal del Asado al costado del obelisco de Buenos Aires, y regresó a su pago de Azul habiendo obtenido el tercer puesto en representación nada menos que la Provincia de Buenos Aires, lo que no es poca cosa. Fue a partir de aquel hecho, que se planteó dedicarle más tiempo a ese noble oficio, que tiene mucho de arte, para hacerlo de modo cade vez más profesional.
Ya lleva casi tres años viajando a participar en competencias, dentro y afuera de su país, hasta que comenzaron a contratarlo para diversos eventos y a ganarse sus primeros pesos como asador. Sacó el segundo puesto en el Campeonato Internacional del Chancho, en Talca, Chile, y el primer puesto en el Torneo Internacional de Asadores en Alto Alegre, Córdoba.

En 2024, Oliveto siguió obteniendo premios, como el cuarto puesto en Zapala, Neuquén, el tercero en Porto Alegre, Brasil, el primer puesto al mejor choripán del mundo, en Uruguay. En 2025 ganó el segundo puesto asando un pechito de cerdo en el primer Torneo de Roque Pérez. Además tiene el orgullo de haber sido convocado para integrar el Seleccionado Argentino de Asadores, con el que representó al país en muchos eventos.
Compite y trabaja siempre aplicando todos sus saberes sobre diversos cortes, además de pescados, pollos, hortalizas, masas y hasta postres, que cocina también al fuego. Utilizando diversas técnicas en parrilla, a la cruz, al gancho, al “libro”, al rescoldo y muchas más. Sobre fuegos de leña o a veces a las brasas de carbón.
Luego de tantos viajes y habiendo acumulado experiencia y conocimientos, empezó a montar un puesto de sánguches de carne en eventos populares que se realizaban en el parque municipal de Azul. De ahí nació su emprendimiento ambulante Fuego Argentino Azul, con dos fogoneros, con el que hasta hoy brinda servicios a diversos eventos públicos o privados.
Profundiza el asador: “Me gusta utilizar métodos ancestrales y la leña que prefiero es la del eucalipto colorado, que es la que usaba con mi padre, de chico. Pero hoy se aprovecha mucho el quebracho blanco, que viene de las provincias del norte, muy calórica y que da buena llama. En otros lugares se usa el espinillo o la jarilla, por ejemplo, cada una impregna un sabor muy particular a los asados”.
Mirá la entrevista completa:
“Cacho” hoy no vive exclusivamente de su oficio de asador, que es el que más le apasiona, sino que lo ejerce los fines de semana, mientras que de lunes a sábados atiende en una agroveterinaria muy importante de Azul, ciudad que se halla en una zona eminentemente ganadera, en el centro de la provincia de Buenos Aires. Es que estudió dos años de veterinaria, pero cuenta que con la crisis de 2001 tuvo que dejar la carrera para abocarse exclusivamente al trabajo. En su alma lleva una impronta artística, que ha desarrollado a la par de trabajos que le aseguraran un ingreso fijo, los cuales han estado siempre ligados a la ruralidad.
Carlos empezó bailando folklore a sus cinco años, teniendo como compañero al reconocido exjugador Matías Almeyda. Hizo artesanías en madera. Estudió el profesorado de folklore, pero no pudo recibirse, y comenzó a estudiar canto, ya que también desde chico escuchó a su madre cantar folklore en su hogar al compás de los discos de vinilo, que sonaban en un “Winco”. Integró un coro y viajó mucho.

A la par, con un compañero de la “secundaria”, Ramiro Nicolás “El Manchi” Rodríguez, formó un dúo al que llamaron “Amistad”. “Cacho” toca guitarra, armónica y hace la segunda voz. Hasta hoy dedican algo de tiempo a cantar en fiestas, peñas y se han llegado a presentar hasta en el Patio de Froilán González, en Santiago del Estero, en ocasión de la Marcha de los Bombos.
A “Cacho” le gusta llevar sus fogoneros a algún parador del corredor turístico Boca de las Sierras, de singular belleza, y asar alguna carne con amigos o por pedido. Él dice no guardarse ningún secreto y sueña con tener su propia parrilla, pero sólo para atenderla los fines de semana. El domingo 9 de agosto participará en el Festival de la Trufa, en Chillar, el 15 de agosto será parte del jurado de nivel internacional, como juez de campo, en el primer Festival de Carnes, en Pueblo Belgrano, pegado a Gualeguaychú. En septiembre, en la Fiesta del Asado Criollo, en Moqueuá, partido de Chivilcoy, y en octubre realizará una serie de clases teórico-prácticas a niños y adultos que se quieran iniciar en los fuegos, en el Festival Cervantino de Azul.
Este azuleño tiene un espíritu incansable, multifacético y no cesa de apostar al trabajo y al arte. Antes, “Cacho” figuraba en Facebook como “Carlitos Gieco”, porque es fan de León, el popular cantautor, pero ahora registró su Instagram como “El Pampa Carlos”. Hace tres años se recibió de guardavidas y es otro complemento laboral que posee durante los veranos.
Quién sabe cuántas cosas más estará pensando aprender y hacer. Pero lo cierto es que siempre se le escucha decir que: “Me hace muy feliz pasar cada domingo con un fuego en el alma”.
Carlos “Cacho” Oliveto eligió dedicarnos la canción Semillas del Corazón, de y por León Gieco.





