Originaria de Estados Unidos, la Santa Gertrudis es, oficialmente, la más antigua de las razas bovinas sintéticas. Concebida alrededor de 1940 en el legendario King Ranch de Texas, nació del cruzamiento entre ganado Brahman y Shorthorn para combinar la más alta calidad carnicera con rusticidad y adaptación al calor.
En Argentina, en torno a la década del sesenta comenzó a expandirse desde tierras pampeanas hacia el norte. Fue por aquel entonces que el abuelo de Cristian del Fabro, que originalmente criaba Shorthorn y Brahmann, decidió incorporarla a su rodeo y, desde entonces, aferrarse a ella.
Quien sigue su historia es hoy su nieto, un criador que pronto quiere abrir su propia cabaña pero que dice tener un objetivo aún más ambicioso: rebatir uno de los principales “mitos” que rodean a la raza.

“Santa Gertrudis es una raza impresionante con un mito, el de la infertilidad”, describió el productor a Bichos de Campo en los pasillos de Palermo 2026. Precisamente, asegura, uno de los lugares donde se terminó gestando esa idea décadas atrás.
“La habían hecho una raza muy linda y grande, para presentar y ganar premios, pero no se trabajó bien en las líneas. Y la Santa Gertrudis es muy noble en fertilidad, en ganancia de peso, en adaptación a climas extremos y en calidad de carne”, señaló Del Fabro, que da cuenta de ello en su propio planteo de ciclo completo ubicado en Villa Guillermina, en el norte santafesino.
Naturalmente, esa región, conocida también como el Bajo Chaco, suele ser muy exigente en términos de temperatura y aún más desafiante para quienes crían, recrían y hacen invernada 100% con pasturas naturales, como lo es el caso de Cristian. Es esa la razón, insiste, por la que sigue optando por la Santa Gertrudis.

“En todas las razas, cuando vos te enfocas en una función, podes perder fertilidad. Nosotros trabajamos siempre con servicio natural y montas estacionales, producimos a pasto y con inclemencias climáticas, y siempre tuvimos excelentes resultados”, explicó el productor, que insiste en lo erróneo de ese argumento.
Actualmente, de la mano de algunas cabañas con mayor recorrido en la zona del Litoral, ya se está incorporando genética paraguaya y brasileña, y mejorando aún más esos índices. Es lo que motiva al propio Cristian a proyectar convertirse él también en cabañero junto a su hermano y hacer de “Don Omar”, su establecimiento, un punto de referencia en esa materia.
“Es una raza con características clave para nuestra zona, que se la ha difamado con la infertilidad porque fue mal trabajada. Nosotros venimos a derribar ese mito tan difundido, porque tenemos muy buenos porcentajes de preñez y no afrontamos problemas de parto”, destacó.
Entretanto, en su rodeo comercial opta por los cruzamientos con Brahman, Brangus o Angus, en busca de un animal más grande, con mayor rusticidad y proyección. De ese modo, termina sus novillos de exportación únicamente a pasto natural en islas o esteros de su región, con un manejo rotativo, y asegura que con resultados por demás satisfactorios.
Y no se trata únicamente de la resistencia al calor y la posibilidad de “echar kilos” aún en condiciones extremas y en grandes extensiones, sino también de hacerlo con mucha eficiencia y con índices de muy alta calidad carnicera, a tono con lo que exige hoy el mercado internacional.
“No tenemos nada para enviarle a las demás razas. El marmoleo de Santa Gertrudis está probado a nivel mundial y en competencias de área de ojo de bife es siempre muy superior”, aseguró.




