La corrección del precio del trigo en la previa al inicio de la campaña mejoró levemente las proyecciones y a una ecuación que parecía totalmente desfavorable le introdujo algunos signos de pregunta.
Pero en este contexto, de todos modos, no deja de ser una limitante el alto precio de los insumos, particularmente de la fertilización y los combustibles, afectados por el escenario internacional. Y que, al final del día, presionan sobre el bolsillo y amenazan con socavar esa mejora de precios.
Eso abre interrogantes para quienes desarrollan y venden tecnología enfocada en cubrir otros aspectos igual de importantes para el cultivo, como la sanidad o el manejo de malezas, y que deben en parte convencer al productor de invertir aún cuando los márgenes son ajustados.
-¿Por qué el productor debería seguir invirtiendo dinero en el lote, aún cuando la rentabilidad es acotada?-, le preguntamos a Hipólito Orsini, quien está a cargo del área de protección de cultivos de Bayer en el Cono Sur.
El razonamiento, para el referente, es lineal. “Se necesita una mirada de sistema: no pensar en inversiones aisladas, sino en una inversión total con su retorno económico y el impacto en la productividad”, expresó.
Se refiere, fundamentalmente, a la apuesta por los herbicidas y fungicidas, insumos que hacen a la sanidad del cultivo y que, en campañas donde el clima podría traer desafíos en ese aspecto, son casi o tan relevantes como una adecuada fertilización.
“Arrancar un cultivo con mala sanidad, potencialmente va a generar una muy mala implantación, menor cantidad de plantas y por consiguiente, menor productividad. Por eso es tan importante arrancar bien con el cultivo y darle protección sanitaria hasta el final”, expresó Orsini.
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La caída de la inversión tecnológica es, de hecho, una arista que puso sobre la mesa la Bolsa de Cereales de Buenos Aires al comienzo de la campaña. En la voz de su gerente, Ramiro Costa, la entidad advirtió que la caída de la superficie sembrada no será tal como la de la apuesta por los insumos.
De todos modos, el referente de Bayer sí destacó que en el sudeste bonaerense, donde se concentra el grueso de la producción triguera nacional, suele haber una adopción muy temprana, fundamentalmente, de herbicidas para combatir las malezas resistentes.
“El productor de esta zona es más permeable a la incorporación de tecnologías y eso funciona como cascada de información para el resto del país”, rescató, e insistió con enfrentar la campaña fina con una “mirada de sistema”.





