El fantasma de la fruta tirada en las chacras volvió a recorrer la provincia de Entre Ríos. Allí se replica un escenario que los citricultores de mayor edad ya enfrentaron muchas veces años atrás, y que dejó un gusto más que amargo: el de una sobreproducción que, combinada con altos costos, bajos precios y un consumo retraído, obliga a dejar muchos árboles sin cosechar.
Aunque el panorama toca a todo el arco de los cítricos dulces, la que lo tiene más difícil es la mandarina. Este año creció un 30% promedio en producción, con algunos lotes donde la suba rondó el 40% a 50% respecto al año pasado. Pero los números aún no están cerrados y los productores aguardan a que pase el invierno, que es donde se cosecha el grueso de la cosecha, para sacar sus calculadoras.

“La citricultura no escapa a la situación que todos conocemos a nivel país, pero la particularidad que hoy tenemos es que estamos en un año de exceso productivo. Hay sobrante de fruta y no hay más mercados. Y si por ahí podés ubicarla, tampoco te sirve cosecharla porque no cubrís el costo de la cosecha ni el flete. Directamente hay que dejar que se pierda”, dijo a Bichos de Campo Pablo Molo, actual presidente de la Federación de Citrus de Entre Ríos (Fecier).
Ahora bien, lo más curioso es que, de acuerdo con los productores, lo que en verdad sucede es que el sector recuperó sus niveles productivos “normales”, luego de años en que los chacareros no pudieron invertir todo lo necesario para hacer repuntar a sus frutales.
“Este nivel de producción no lo podes mantener siempre porque hay que invertir mucho. Tenés que fertilizar y hacer todas las tareas culturales. Lo que es lamentable es que el productor haya invertido mucho en la campaña pasada y que ahora no pueda recuperar eso para volver a invertir en el 2027”, analizó Mola.
A eso se suma un factor biológico. Luego de un 2025 donde el clima golpeó a los rindes, los lotes se vieron “aliviados naturalmente”. De acuerdo con el titular de Fecier, una menor carga en los campos sirvió para que “la naturaleza se recargue”. El problema es que aquello no viene acompañado de un crecimiento paralelo en la demanda, tanto local como externa.
“Como la industria siempre opta por llevar la naranja, que por ahí tiene otras cualidades que la mandarina, el mayor sobrante se da en esta última fruta. Y aunque tengas posibilidad de colocarla, los números tampoco sirven. Vos tenés costos de entre 100 y 120 pesos por kilo, y recibís precios –según la variedad- de entre 40 y 70 pesos por kilo. Nuestro principal costo es la mano de obra, que si no la podés pagar te quedas sin. Y sin mano de obra no sos productor de cítricos”, señaló Mola.
A continuación, aclaró: “Para que se entienda, no es que la mano de obra sea cara, sino que representa el 50% de lo que necesitamos para producir. Requerimos combustible y mano de obra, y sin eso no producimos. Después viene el fertilizante, el abono, el foliar, etc.”
La foto más grave se da en los departamentos de Federación y Concordia, que concentran la mayor producción de cítricos de la provincia. De esos dos, Federación es el que peor se encuentra al no tener otras actividades alternativas.
“En ese departamento somos mil y pico de productores, con un promedio de 25 a 30 hectáreas cada uno. Somos chicos y no tenemos otra producción paralela porque las parcelas no te dan para más. Están completas de citricultura y eso te complica las cosas”, alertó el entrerriano.
Desde Fecier indicaron que las variedades más afectadas de mandarina son la Criolla, la Nova y la Dancy. En agosto entrarán las variedades Murcott y Encore, sin embargo, al ser variedades de menor rendimiento, no agravarían la situación.
“Esto ya pasó en otras épocas y se pudo salir de la crisis. Veremos ahora cómo salir de esta”, sostuvo Molo.
-¿Temen que algún productor quede en el camino?- le preguntamos.
-Esperemos que no. La idea es que no se caiga nadie porque el citricultor sabe de citricultura, nació y vive de la citricultura y no deberíamos perder a ninguno.





