Con la provisión de mayor electricidad a través de tendidos monofilares, antenas satelitales Starlink y nuevos paneles solares móviles y fijos, Mendoza trabaja en dotar a los más de 3.400 puesteros que se dedican en su mayoría a la ganadería caprina en remotas zonas del desierto, a garantizarles energía eléctrica o solar y conectividad, para romper el aislamiento al que los somete las bravas condiciones naturales.
Desparramados en el secano, como se llama aquí a todo el territorio árido, medanoso y no irrigado, estos puesteros que viven hasta a más de un centenar de kilómetros de cualquier población urbana, son el pilar de la ganadería caprina, con más de 660.000 cabezas de ganado, ubicando a la provincia con la cantidad más numerosa de Argentina.
Una actividad que desarrolla fuera de los oasis provinciales, que son las zonas regadas con el agua de montaña, que congrega a cientos de familias de las que más del 80% son pequeños productores que viven todo el año al lado de los corrales, en zonas remotas, y cuyo peso social y económico es muy importante en algunos departamentos del interior de Mendoza, como lo son Malargüe, Lavalle, San Rafael, La Paz, Santa Rosa, San Carlos y Tupungato, por nombrar los principales.

Esta infraestructura y equipamientos aportados desde el Estado provincial ha comenzado a aparecer progresivamente. En los últimos años, la Provincia ha instalado 2.800 kilómetros de tendido eléctrico monofilar llegando con energía a lugares donde antes no la había, o reforzando aquellos que estaban en condiciones precarias.
También entregó en el último año y medio 670 antenas satelitales Starlink y en breve sumarán otras 100 más, aparte de las 120 ya instaladas en escuelas rurales alejadas que permiten a los habitantes del secano que aún no tienen estos equipos, utilizarlas como un puente de comunicación.
A las casi 900 antenas en total que funcionan y van a estar operativas con la próxima entrega, arrancará otro programa: dotar de paneles solares a los puestos más remotos donde la electricidad no va a llegar.

La novedad se la confirmó a Bichos de Campo el director de Ganadería de Mendoza, Roberto Ríos, quién explicó que “vamos a usar el mismo sistema que con las antenas, haciendo círculos cerrados donde los puesteros van pagando sus equipos y con esa recaudación vamos comprando otros nuevos para entregar”.
La prueba piloto que animó al Gobierno a continuar con esta modalidad fue la entrega de las antenas satelitales. Los puesteros reciben el equipamiento y la instalación gratuita, cuyo costo deben pagar en 20 cuotas de 13.000 pesos por mes. Para asegurar que los beneficiarios abonen los equipos, el servicio de las antenas se interrumpe si hay retrasos en la cancelación de las cuotas, cuando se constata que no hay voluntad de pago.
La introducción exitosa, aunque aún no masiva de boyeros solares para combatir el robo de ganado que llega incluso hasta las soledades del desierto y protegerlo además de los ataques de zorros y pumas, también alentó a las autoridades a avanzar con el plan de los paneles solares.

La metodología para introducirlos será similar a la de las antenas, pero todavía no se ha precisado el monto que deberán abonar mensualmente, aunque se trataría de media docena de paneles por puesto y una suma accesible mensual para que los crianceros la puedan afrontar.
Para el director de Ganadería, Roberto Ríos, llevar energía a los puestos, ya sea eléctrica o por módulos solares, implican un altísimo impacto en la dinámica y productividad de los mismos.
“Primero, garantiza el arraigo de esas familias, fundamental para la actividad y mejora la calidad de vida, con el simple hecho de poder tener algún electrodoméstico de primera necesidad o para el funcionamiento de las antenas que estamos repartiendo”.
“Por otra parte, resuelve mejor un tema importantísimo como es el del agua, sobre todo para los animales. Una línea eléctrica o un equipo solar le da la oportunidad al puestero de aprovechar el pozo, que usualmente hace para buscar agua para su ganado, colocando una bomba que la extraiga”, señala.

De este modo el puestero no se ve obligado a tener un reservorio y puede contar con energía para su vida cotidiana, para mantener mínimas situaciones de seguridad, manejos o labores en horarios nocturnos, para el uso de herramientas eléctricas que agilizan la labor y también para elevar y garantizar los estándares de sanidad de sus animales ya que con una heladera puede conservar la medicación necesaria.
Y es que buscar agua para las cabras en el secano no es una tarea simple. No hay arroyos a mano de donde sacar. Así lo describe a Bichos de Campo, José Nievas, a cuya comunidad llegó la semana pasada una nueva línea eléctrica monofilar que brindará energía segura a Lagunas del Rosario y San José, dos caseríos ubicados en medio del desierto de Lavalle, al norte de la provincia y muy cerca del límite con San Juan.
“Lo del agua para los animales es fundamental y complejo para nosotros, porque en los puestos que están metidos en la zona desértica hay que hacer pozos para poder encontrarla”.
Hacer los pozos es una tarea ineludible y agotadora que se resuelve con tracción a sangre y pala: “Normalmente hay que cavar pozos de entre 8 y 15 metros de profundidad, que es donde se encuentra el agua buena, porque ya más profundo sale una salmuera”, resalta Nievas.
“Esos pozos -continua- se excavan con un ancho mínimo de tres metros o más, y además hay que hacer una rampa para que el animal pueda bajar a tomar agua y luego volver a salir, porque sino se quedan empantanados en el barro que se forma y muchas veces se ahogan”.
Nievas señaló que “tanto la electricidad como los paneles solares serían una buena solución porque el puestero podría hacer el pozo y ponerle una bomba para extraer el agua, lo cual cambia totalmente la situación”.
Pero señaló, en lo que respecta a la zona de la que es referente y que está rodeada en kilómetros a la redonda por unos 220 puestos que “casi nadie tiene paneles solares, y la electricidad que se llegó hasta Lagunas del Rosario y San José será para ambos pueblos, pero no todavía para los puestos, eso dicen que vendrá en una segunda etapa”.

La nueva línea eléctrica monofilar para Lagunas del Rosario y San José es de suma importancia porque están a 122 kilómetros y 100 kilómetros respectivamente, al norte de la capital provincial.
Se trata de comunidades Huarpes ancestrales que viven allí, en pleno desierto, entre los médanos y el cauce del río Mendoza, el que antiguamente formaba con sus aguas las Lagunas de Guanacache, de las que subsistían sus antepasados con la pesca y el cultivo de algunos granos.
Hace décadas que el agua no llega hasta allí porque el curso del río está regulado y modificado, salvo en 2024, cuando las intensas lluvias de la última Corriente del Niño hicieron regresar al río hasta estos pagos por un breve periodo.
Ubicadas desierto adentro, Lagunas está a 60 kilómetros de la Ruta Nacional 40 y San José a 35 kilómetros, y ambas distantes a más de 70 kilómetros de la zona rural urbanizada más cercana. En estos parajes viven más de 200 familias repartidas en unos 230 puestos que se dedican a la ganadería caprina como principal actividad de subsistencia.

De ambas localidades, Lagunas del Rosario es la más conocida porque todos los años se celebran las festividades patronales de la Virgen, a la que asisten puesteros de todo Cuyo y Neuquén, además de miles de turistas.
La celebración suele convocar hasta 50 mil personas durante los cuatro días de festejos, y como allí no hay hotelería ni nada que se le parezca, los visitantes duermen en tolderías, carpas, autos o al sereno y participan de las festividades religiosas que se hace en la Capilla del Rosario, levantada por año 1770 y reconstruida parcialmente tras algunos terremotos, capilla en cuya puerta un letrero reza: “Esta es la Casa de Dios, puerta segura del Cielo”.




