A poco más de un año de la flexibilización de la barrera sanitaria en la Patagonia, el último relevamiento en las góndolas tuvo un registro histórico: el precio del asado con hueso cayó un 18,19% en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén, y se ubicó entre los valores más bajos de la última década.
Motorizado por la mayor oferta que significó el levantamiento de los controles sanitarios que protegían a esa “zona libre de Aftosa sin vacunación”, y afectado, además, por la caída del consumo en todo el país, el descenso de julio fue mucho más pronunciado que las variaciones en las grandes plazas del centro del país.
Pero esa rebaja en las góndolas convive también con una contracara productiva: en la región, la invernada atraviesa un mercado “muy difícil” por la falta de compradores y algunos productores ya evalúan enviar sus terneros hacia el norte para conseguir mejores precios. Otro aspecto que también contrasta con la firmeza que muestra esa categoría en la tendencia nacional.

De acuerdo con el relevamiento mensual que lleva a cabo el INTA tanto de precios mayoristas como minoristas de las cadenas cárnicas, en julio el precio del asado en el Alto Valle pasó de 16.490 a 13.490 pesos por kilo, un 18,19% de caída respecto al mes anterior.
Es de recordar que, hasta julio del año pasado cuando, luego de idas y vueltas, se decidió el levantamiento definitivo de la barrera sanitaria, la región únicamente podía abastecerse de asado y otros cortes con hueso producidos allí mismo, pues su ingreso desde el norte del Río Colorado estaba vedado. La razón de ello es el estatus sanitario diferencial que divide al país, y que ubica a la Patagonia como “zona libre de Aftosa sin vacunación”.
Históricamente, por el costo que implica producir carne en el Sur y la menor oferta, el precio de ese tipo de cortes solía ser ampliamente superior al del resto del país. Pero desde que se flexibilizaron dichos controles -que, por cierto, fueron históricamente necesarios para mantener el estatus sanitario de la región-, ha mantenido una tendencia a la baja.
Claro está, acompañado también por una caída del consumo a nivel nacional.
Los relevamientos de otras grandes plazas mostraron variaciones mucho más moderadas: el asado bajó 1,2% en el AMBA, se mantuvo estable en Rosario y aumentó un 0,5% en Córdoba. En el Alto Valle de Río Negro y Neuquén descendió nada menos que 3000 pesos el kilo y quedó como el más barato entre las seis zonas relevadas por el INTA.
En el resto de las regiones, la mayor parte de los precios minoristas se mantuvo inalterable entre junio y julio, con la excepción de dos casos específicos. Uno de ellos, el de la bola de lomo en Santa Cruz, que de un mes al otro tuvo un descenso de casi el 20%, y pasó de costar 26.170 a 20.990 pesos por kilo.
El otro es el de ese mismo corte, pero en Neuquén y el costado cordillerano de Río Negro. Allí, la bola de lomo se retrajo un 13,5%, de 25.670 a 22.190 pesos por kilo.
Ahora, entra más carne desde el norte y los precios del mostrador reaccionan, pero la contracara se ve en una parte de la producción regional, que tiene dificultades para colocarse y evalúa recorrer el camino inverso, enviando terneros hacia el norte.
Así se percibe muy claramente en el norte de Río Negro y el partido bonaerense de Patagones, donde -señalan desde el INTA- la invernada atraviesa un mercado “muy difícil” por la falta de compradores.
Según el relevamiento del organismo, el precio de los novillos y vaquillonas de hasta 220 kilos cayó 7,02% durante julio, hasta ubicarse en 5300 pesos por kilo vivo. Los terneros de destete de hasta 200 kilos, en tanto, se retrajeron 3,45% y quedaron en 5600 pesos.
La situación resulta especialmente llamativa porque no falta alimento para incorporar kilos. Por el contrario, el organismo destacó que existe una gran oferta forrajera, especialmente en el este patagónico, pero advirtió que la escasez de financiamiento a tasas acordes con la inflación limita la capacidad de compra de los engordadores.

Aunque -lógicamente- el informe no vincula directamente este escenario con la flexibilización de la barrera sanitaria, el dato expone la otra cara de este nuevo mercado regional: mientras el asado puede ingresar y competir con la carne local, los criadores ven disminuida su demanda y buscan alternativas para encontrar mejores precios. “Muchos están pensando en enviar la invernada al norte”, señaló el INTA
Ese es también un movimiento contrario a la tendencia nacional, donde la baja oferta ha provocado los últimos meses una suba sostenida de ese segmento.




