La ganadería, lejos de estar viviendo un boom, como algunos dicen basándose pura y exclusivamente en los números de la exportación de carne, está atravesando una crisis profunda, en la que el que lleva las de perder es el consumidor argentino: el que todavía puede debe pagar más por mantener la carne en su dieta y el que no puede pagarla debe resignarse a comerla menos.
El informe estadístico de la Cámara de la Industria de la Carne (CICCRA) religiosamente publicado mes a mes desde la década de los 90, viene repitiendo un número que sirve mucho para los contenidos periodísticos: es el que muestra el consumo per cápita de carne entre los argentinos, que viene retrocediendo mes a mes e invita a escribir títulos catástrofe del tipo “Estamos en el menos consumo interno de carne vacuna de los últimos 20 años”.
En realidad, es el peor consumo de carne de la historia, pero lo que sucede es que en general las series estadísticas se remontan solo dos o tres décadas atrás. En rigor, es lo que sucede comparando el último dato (correspondiente al promedio de los últimos doce meses hasta julio pasado), que mostraba que el consumo per cápita de carne vacuna se habría ubicado en 46,3 kilos/año, resultando 9,4% menor al promedio anual de julio de 2025. Es decir que cada argentino cedió de su consumo unos 4,8 kg/hab/año.

Este es el gráfico del informe de CICCRA publicado este martes que permite volver a los títulos catástrofe. Como se ve, es el peor nivel de los últimos 20 años. También de los 30, los 40 y hasta los 70 años. Nunca antes los argentinos comieron tan poca carne vacuna como ahora.
Pero la verdadera crisis de la ganadería no se expresa en la caída del consumo, sino que está es una consecuencia. Es decir, de otro modo, que los argentinos comen menos carne porque este alimento se ha encarecido demasiado para ellos. Y si se ha encarecido tanto es porque es un bien más escaso que antes.
En esa escasez hay que detenerse entonces para entender lo que sucede en la cadena de ganados y carnes. Y la dimensión verdadera de esta crisis.
Más allá de que la demanda aparezca visiblemente golpeada por la pérdida de poder adquisitivo, lo cierto es que la crisis de la carne es de oferta.
“La industria frigorífica vacuna enfrenta un escenario de menor nivel de actividad. Tal como lo venimos planteando en los sucesivos Informes mensuales, a las menores zafras de terneros de los últimos años, producto de la adversidad climática que forzó el envío anticipado de animales a faena y la liquidación de hembras 2023-2025, en los últimos meses se sumó la reversión del ciclo ganadero, que estaría pasando a una nueva fase de retención de vientres”, explica con justeza el informe de CICCRA que muchos utilizan para asegurarse el título catástrofe de cada mes.
Hay menos terneros que antes, y menos vacas, y menos novillos. Y por eso “en los primeros siete meses del año se faenaron 7,09 millones de cabezas de hacienda vacuna, es decir 9,8% menos que en enero-julio de 2025. En términos absolutos, la actividad de la industria frigorífica disminuyó en 772,8 mil cabezas”.
En producción de carne, y más allá de una alentadora suba del peso promedio de faena de cada uno de esos vacunos, la Argentina produjo 1,689 millones de toneladas res con hueso, un 6,8% menos que en enero-julio de 2025.
“Puesto en términos absolutos, el abastecimiento del mercado interno y externo disminuyó en 123,82 mil toneladas entre los períodos analizados”. Y como se dijo, “el mayor peso promedio en gancho de las reses faenadas moderó la magnitud de la caída de la producción de carne vacuna”, afirma CICCRA.
Por esa menor oferta de carne pujan el mercado interno y la exportación. La pulseada la viene perdiendo el consumo doméstico, porque a pesar de pagar mejores valores no logra emparejar los altos precios del mercado internacional, donde se repite esta sensación de escasez generalizada de carne vacuna. Por eso, afuera los precios también están altísimos.
La pulseada por la menor oferta de carne disponible, queda claro, la viene ganando la exportación. Pero no es cierto eso de que los argentinos comemos menos carne porque se está exportando todo.
En el primer semestre de 2026 la industria frigorífica exportó un total de 280 mil toneladas peso producto de carne vacuna. Con respecto a la primera mitad de 2025 se observó una recuperación de 11%, es decir que aumentaron en casi 28 mil toneladas. Eso es apenas un 10% de la producción de un mes.
Los títulos catástrofe por la positiva, es decir de los militantes del actual gobierno, dan cuenta de “exportaciones récord de carne”, y eso es relativo. Son récord en dinero. Y esto tiene que ver con los altísimos precios que llegan desde el extranjero.
En enero-junio de 2026 el precio promedio alcanzó un nivel de 7.738 dólares por tonelada y fueron 31,4% mayores a los del primer semestre del año pasado, es decir que subieron 1.849 dólares por tonelada. Explica CICCRA que “todo esto hizo que la facturación total por ventas al exterior de carne vacuna alcanzara un récord de 2.167,75 millones de dólares en la primera mitad del año, superando en 45,9% al total generado en igual lapso de 2025″.
Pero, de nuevo, no es cierto que la exportación esté dejando sin carne a las carnicerías argentinas. Lo real es que hay poca carne y que el publico argento puede pagar menos por ella que europeos, estadounidenses, israelíes y sobre todo que chinos.
En números absolutos, que confirman que lo que hay aquí es una crisis de oferta, debido a la menor faena y la caída de la producción de carne, el abastecimiento al mercado interno y externo disminuyó los primeros siete meses del año en 123 mil toneladas.
En lo que transcurrió del año las exportaciones de carne vacuna habrían alcanzado un total de 487,2 mil toneladas res con hueso, 8,8% más que el año anterior. “Es decir, los mercados externos habrían absorbido casi 40 mil tobneladas r/c/h más que un año atrás”, precisa CICCRA, dejando claro que fue Estados Unidos “el mercado que más tracción ejerció, producto de la ampliación de la cuota que se generó con el nuevo acuerdo comercial” entre Donald Trump y Javier Milei.

Estas dos situaciones (menor producción y mayores exportaciones) agudizaron la sensación de caída de la oferta de carne a nivel local. Esta oferta es la que se denomina “el consumo aparente”. En los siete primeros meses de este años habría sido equivalente a 1,20 millones de toneladas.
Comparado con el mismo lapso del año pasado, a los argentinos les faltaron unas 163,4 mil toneladas r/c/h. “Por lo tanto, el abastecimiento del mercado doméstico habría verificado una contracción de 12% interanual, lo que se reflejó en el significativo aumento del precio relativo de la carne vacuna” y en la caída del consumo.
Falta carne, esa es la maña noticia y la raíz de la crisis, que luego se expresa en el menor consumo. La buena noticia, en el medio de esta crisis de oferta, es que -alentados por los buenos precios- los ganaderos ya comenzaron a separar hembras para obtener mayor cantidad de terneros y así aumentar la producción. Aunque para eso habrá que esperar un cierto tiempo.





