Gabriel Palmisano cumplía 40 años justo el día en que Bichos de Campo se encontró con él en Azul. El aniversario personal coincidía con una etapa bastante particular de su vida: hoy le toca presidir la Sociedad Rural de ese partido bonaerense y, además, hacerlo con una particularidad. Es el primer presidente de la entidad que no proviene de la ciudad cabecera.
Palmisano es productor agropecuario en Cacharí, una de las localidades más alejadas de la ciudad de Azul dentro del extenso partido. Su llegada a la conducción de la Rural, explicó, fue el resultado de un recorrido que comenzó algunos años atrás, cuando durante la presidencia de Juliana Román lo invitaron a incorporarse a la institución.

“Ahí empecé como a militar lo que era la parte del gremialismo y hoy me toca estar en el timón de este barco, con un montón de gente que te apoya. Por eso en su momento acepté hacerlo. Uno está orgulloso de estar donde está y de tratar de estar a la altura”, contó.
Su origen en Cacharí no es apenas un dato biográfico. Palmisano reivindica esa procedencia como una manera de abrir el juego dentro de una institución históricamente mucho más vinculada con la ciudad cabecera. “Soy el primer presidente de afuera de Azul”, repitió, como para dejar clara su intención de “romper un poco el mito”, abrir las puertas de la Rural y lograr que la entidad tenga mayor presencia también en Cacharí y Chillar, las otras dos paradas importantes sobre la Ruta 3.
Mirá la entrevista:
En su vida productiva, Palmisano trabaja en un campo familiar, principalmente con ganadería. La agricultura ocupa un lugar bastante menor y está destinada sobre todo al consumo propio. Y entre medio aparece otra de sus pasiones: los caballos criollos, con los que incluso participa de los concursos de aperos que se realizan en Palermo.
Pero ese intento de acercar la Rural de Azul hasta el último rincón del partido no se agota en el gremialismo agropecuario. Según explicó, la entidad trabaja mediante distintas subcomisiones en temas como educación, caminos rurales y acciones sociales. El año pasado, por ejemplo, colaboraron para que los bomberos de Chillar pudieran comprar una autobomba.
“Esas cosas las ves más cara a cara, más directas, te pegan más. Y está bueno, porque es a lo que uno apunta”, señaló.
El problema más pesado que enfrentan actualmente en ese distrito del centro bonaerense, está en el pésimo estado de la traza de caminos rurales. Palmisano sostuvo que durante el año pasado hubo cuatro escuelas rurales del partido de Azul que prácticamente no tuvieron clases. Cuando se le preguntó si había sido por falta de docentes, corrigió rápidamente: “Por falta de caminos”.
La situación llegó a extremos difíciles de imaginar para quien no transita habitualmente esas zonas. “Hubo lugares donde nadaban las vacas arriba de los caminos, nadaban las vacas en los pozos. Y vos decís: ¿cómo querés que una docente o un alumno pase por acá, por este pantano?”, describió.
El verano permitió realizar algunos trabajos y el invierno, hasta el momento de la entrevista, había resultado menos lluvioso. Pero en la Rural temen que un nuevo ciclo de precipitaciones vuelva a dejar expuesto exactamente el mismo problema. La consecuencia que más preocupa a Palmisano no pasa solamente por sacar hacienda o mover una máquina. Es educativa y social.
“Vamos a estar peleando nuevamente por los chicos sin clases. Y lo que más a uno le pega de cerca es que lo que la gente joven no aprende de chico, después ya no puede aprenderlo más”, afirmó.
Por eso desde la entidad comenzaron incluso a poner sobre la mesa alternativas de largo plazo, como la posibilidad de avanzar con escuelas de concentración. Palmisano sabe que una transformación semejante no tendría resultados inmediatos. “Esto es pensar y capaz que de acá a cinco años podemos lograr algo. Es todo muy lerdo”, reconoció.
El dirigente evita cargar toda la responsabilidad sobre una sola administración municipal. “Esto es una desidia de hace un montón de años. No necesariamente le pongo el 100% de las culpas al gobierno de turno, pero parte la tiene, porque esto es gestión y tratar de lograr algo”, sostuvo.
La discusión se vuelve todavía más sensible porque los productores pagan una tasa vial y otros gravámenes vinculados con la actividad. En ese contexto, Palmisano destacó la presentación en el Concejo Deliberante de un proyecto para eliminar el cobro de marcas y señales. “Esperemos que pueda salir, porque la verdad es que no hay caminos y se paga un disparate en marcas y señales de los animales en cada movimiento”, planteó.
Mientras tanto, en Azul se discutieron distintas alternativas para encontrar una salida estructural al deterioro vial. Cooperativas, participación privada y otros esquemas estuvieron sobre la mesa. Pero para el presidente de la Rural el mecanismo importa menos que la capacidad de ejecutarlo. También hay recursos judiciales reclamando al intendente que explique el destino de los recursos aportados por los productores.

“Lo que se necesita hoy es que la gente que maneje o lidere estas cosas sea capaz, esté a la altura, y que la gente que verdaderamente pueda laburar, labure”, resumió. El problema, dijo, es que demasiadas veces las intervenciones terminan siendo apenas reparaciones circunstanciales.
“Solamente tapan baches para seguir para adelante y no es una solución de fondo. En la siguiente lluvia se vuelven a abrir los pozos y arrancamos otra vez con la misma historia. Y si no se hizo el pozo acá, se hizo tres metros más adelante”.
También se aprobó una ordenanza que buscaba habilitar esquemas en los que los propios productores pudieran organizar trabajos sobre los caminos y luego descontar ese gasto de sus obligaciones municipales. Según relató Palmisano, la implementación avanzó mucho menos de lo esperado y quedó atrapada en discusiones políticas y administrativas.
“Lo que nosotros necesitamos son caminos para producir, para educar o para tener mejor seguridad”, sintetizó.
¿Por qué, después de tantos años, un problema tan visible sigue sin resolverse? Palmisano ensayó una respuesta que excede a Azul y toca una discusión bastante conocida en buena parte del interior bonaerense. “Claramente el campo no cambia una elección, eso lo sabemos todos. El partido de Azul no tiene tanta gente dando vueltas en el campo como para decir: le doy camino para que me voten a mí. No te cambia el voto”, afirmó.
Pero sí cambia otra cosa: la decisión de quedarse. “Día a día tenemos más puestos o más estancias abandonadas”, advirtió.
Para Palmisano, el estado de los caminos termina condicionando incluso la manera en que un productor piensa su establecimiento. Una inversión, una siembra o el traslado de un lote de vaquillonas dejan de depender solamente de la ecuación productiva, porque también hay que calcular qué ocurrirá si una lluvia impide volver a entrar al campo. “Te cambia un poco el parámetro y te cambia la estructura de cómo estás trabajando”, explicó.
Por eso habla del arraigo. Un camino malo puede parecer un problema puntual entre un productor y un municipio, pero termina afectando la escuela rural, la seguridad, la producción y la posibilidad de que nuevas generaciones sigan viviendo en esos lugares.

Palmisano admite que tampoco existe una solución inmediata. “Sabemos que es un tema que viene hace años, está arriba de la mesa hace un montón de años y lo va a seguir estando porque nadie tiene la varita mágica para tocarnos y que se arreglen todos los caminos”, dijo.
Desde la Rural, aseguró, seguirán llevando reclamos y ofreciendo colaboración al municipio. Pero también dejó una condición: “Más de una vez, si del otro lado no hay buena voluntad, es totalmente en vano hacerlo”.
Ese mismo criterio de participación es el que aplica hacia dentro del propio sector agropecuario. Frente a los productores que prefieren mantenerse al margen de las entidades y limitarse a reclamar, Palmisano recordó una enseñanza familiar.
“Mi papá y mi mamá siempre decían que tenés que estar colaborando, ayudando, estando. Y para criticar tenés que estar adentro. Estando adentro tenés autoridad para criticar”, contó.
Por eso, cuando escucha cuestionamientos, suele devolver una pregunta: “¿En qué comisión estás o qué hacés vos para tal cosa?”.
A los 40 años recién cumplidos y desde Cacharí, el nuevo presidente de la Sociedad Rural de Azul parece haber elegido esa receta para su paso por el gremialismo: “La única forma de tratar o intentar hacer algo es estando adentro, pateando la mesa adentro y tratando de resolver las cosas adentro”.




