La empresa biotecnológica estadounidense Soilcea, con sede en Florida, inició por estos días los envíos al mercado local de un nuevo portainjerto cítrico llamado CarriCea T1, que fue desarrollado mediante la tecnología de edición génica CRISPR y tiene el aval de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) y del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA).
¿Por qué tanta bulla? Porque estos portainjertos modificados muestran resistencia al HLB (Huanglongbing), una mortal enfermedad bacteriológica que mata los árboles de cítricos y no tiene otra cura conocida por ahora. La enfermedad ha hecho estragos en la citricultura estadounidense y también se haya presente en la región NEA de la Argentina..
“Estamos muy entusiasmados de comenzar a poner estos árboles en manos de los productores”, dijo el presidente y CEO de Soilcea, Yianni Lagos al sitio especializado Portalfruticola.com. Y agregó: “Tenemos 300.000 plantas en producción y cada mes iremos entregando más árboles a los productores”.

Este lanzamiento se produce mientras la industria citrícola de Florida continúa su proceso de recuperación tras años de caída en la producción debido al HLB. Según el USDA, la producción de naranjas en Florida ha disminuido drásticamente durante las últimas dos décadas a medida que la enfermedad se propagó por los establecimientos comerciales.
¿Cómo puede ayudar este nuevo portainjerto de Soilcea a los productores? “Algunos tienen campos donde quizás la mitad de los árboles todavía son productivos. Esos productores plantarán la misma variedad, pero sobre el portainjerto CarriCea T1. Otros han decidido realizar una replantación completa”, explicó el desarrollador.
Los ensayos de campo indican que el portainjerto mantiene un buen desempeño incluso bajo una alta presión de la enfermedad. “Incluso cuando existe infección en el campo, nuestros árboles siguen teniendo un muy buen rendimiento. Eso es lo que estamos observando en nuestros ensayos”, afirmó.
Con esta innovación, además, los productores deberían necesitar menos aplicaciones de insecticidas para controlar los insectos vectores del HLB, la chicharrita, lo que podría reducir los costos de producción. “Esto representa un ahorro importante para los productores y además evita que estos productos químicos se apliquen constantemente en los campos”, explicó Lagos.
En este caso, el proceso de edición genética mediante CRISPR apuntó a restaurar las defensas naturales del árbol sin incorporar material genético externo. “No hay material genético externo presente en el fruto, lo que resulta fundamental tanto para la aceptación por parte de la industria procesadora como de los consumidores. Realmente se trata de una solución natural”, destacó el investigador.




