La ley está. Fue sancionada hce diez años y a partir de ella las empresas fabricantes y distribuidoras de agroquímicos montaron un sistema para recuperar los envases vacíos de fitosanitarios. Los productores son corresponsables y tienen la obligación de devolverlos. Pero entre lo que dice la norma y lo que finalmente sucede con cada bidón todavía queda un trecho importante por recorrer.
Para Juan Machera, gerente de Regiones de CampoLimpio, el principal obstáculo ya no pasa solamente por la infraestructura para poder cumplir con la ley que ordena retirar del campo todos los bidones usados con ese destino, llevar insumos finalmente tóxicos. Dice que ahora que la estructura está, lo que hace falta es un cambio de hábitos dentro del propio sector agropecuario.
“No es un tema de plata, es un tema de decisión y de un cambio cultural que nos tenemos que hacer cargo”, resumió Machera en diálogo con Bichos de Campo.
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La Ley 27.279, sancionada en 2016, estableció un esquema de responsabilidad extendida y compartida para tramitar los envases vacíos de fitosanitarios. Las empresas registrantes deben organizar y financiar el sistema de gestión, pero el usuario también tiene obligaciones concretas: reducir los residuos que quedan en los envases, lavarlos y perforarlos (para que nadie vuelva a utilizarlos), almacenarlos correctamente y entregarlos en los Centros de Almacenamiento Transitorio (CAT).
CampoLimpio es la herramienta que las empresas del sector pusieron en marcha para cumplir con esa responsabilidad. Según explicó Machera, actualmente el sistema cuenta con 99 depósitos distribuidos por distintas provincias y realiza más de 1.500 campañas o jornadas itinerantes de recepción. Estas últimas buscan resolver uno de los problemas más obvios de un país con semejantes distancias: que un productor no tenga que recorrer decenas o cientos de kilómetros para entregar unos pocos bidones. En esos casos, apsan a buscarlos por la plaza de algún pueblo que no cuente con CAT.
“Vamos a una localidad que está alejada de algún CAT con un camión habilitado. Los productores devuelven los envases, nosotros les damos un certificado y a la tarde cerramos el camión, lo precintamos y nos vamos”, explicó Juan sobre estos operativos, con los que el sistema intenta acercarse todo lo posible al productor, aunque existe un límite. CampoLimpio no puede ingresar establecimiento por establecimiento a retirar los envases.
“El productor está obligado a agarrar los envases y llevarlos a nuestro depósito o a la campaña”, aclaró Machera. La propia ley establece que la entrega es obligatoria y que el usuario dispone de hasta un año desde la compra para devolverlos.
Pero llevar el bidón es solamente una parte del trabajo. Para que ese plástico pueda volver al circuito productivo debe llegar correctamente lavado y acondicionado. La norma exige un procedimiento de reducción de residuos para los envases rígidos y establece la obligación de entregarlos dentro del sistema.
“Que me vuelva vacío, que me vuelva limpio y así yo lo puedo reciclar”, explicó Machera. De lo contrario, agregó, se corta justamente una de las piezas centrales del esquema: “Es una ley que habla de economía circular. Si yo no lo reciclo, hay una parte que no puedo cumplir”.

El problema no es menor. Un bidón abandonado dentro del campo, tirado en un camino, enterrado o reutilizado para otros fines puede convertirse en un riesgo para las personas y para el ambiente. “Puede quedar tranquera adentro, tranquera afuera, al lado de una acequia. Si lo entierro estoy jorobando el suelo”, ejemplificó.
Machera planteó que allí aparece el verdadero desafío de los próximos años. Hay productores que ya incorporaron esa tarea dentro de su rutina, otros que están en proceso de hacerlo y un tercer grupo al que todavía le falta adoptar esa práctica. “Es parte de ese proceso de cambio de chip que tenemos que hacer”, señaló.
El avance tampoco fue parejo entre provincias. Machera explicó que Buenos Aires, La Pampa y Salta se encuentran entre las jurisdicciones donde CampoLimpio comenzó a trabajar hace varios años y donde el sistema ya logró un mayor desarrollo. En otras, como Santa Fe y Santiago del Estero, la implementación es más reciente. “No es que estén mal o estén flojas, sino que todavía estamos en una etapa de crecimiento y nos faltan un montón de cosas por hacer”, aclaró.
La expansión llega incluso a regiones con menor concentración de agricultura extensiva. Machera contó, por ejemplo, que trabajan para organizar jornadas de recepción en los valles de Chubut y acercar el sistema a productores de localidades como Gaiman.
Para el gerente de CampoLimpio, sin embargo, la mejor manera de medir el proceso quizás no sea solamente mirar cuánto falta, sino observar cómo fue cambiando la conducta en pocos años.
“Mi abuelo no lo hacía, mi papá lo empezó a hacer a regañadientes y mi hijo me va a preguntar: ‘Che viejo, ¿a vos alguna vez se te ocurrió no hacerlo?’” Esa, sostuvo, es la transformación que todavía está en marcha: que devolver el bidón vacío al sistema de reciclaje deje de ser visto como una tarea adicional y molesta, y pase a formar parte de las obligaciones normales de producir.




