La producción de papa atraviesa un momento de recuperación parcial después de un año 2025 muy complicado, aunque los problemas estructurales que afectan a las economías regionales siguen intactos. Así lo planteó Mario Raiteri, productor del tubérculo en el sudeste bonaerense y secretario de Coninagro. Describió un escenario marcado por altos costos, caída del consumo, dificultades para exportar, falta de financiamiento e infraestructura deficiente.
Según explicó el dirigente, en la principal región productora de papa del país la superficie sembrada cayó este temporada cerca de 20% respecto del año pasado. La decisión estuvo directamente vinculada a las pérdidas sufridas durante la campaña anterior, cuando parte de la producción quedó sin cosechar por la falta de mercado.

“El año pasado por primera vez en muchos años otra vez quedó papa sin cosechar. La producción estuvo prácticamente todo el año en rojo y recién ahora estamos pasando a amarillo”, resumió. De allí el violento ajuste en el área implantada este año.
La menor oferta disponible y algunos problemas climáticos registrados en otras zonas productoras permitieron una mejora de los precios en los últimos meses. Sin embargo, Raiteri aclaró que eso no alcanza para resolver los problemas de fondo de la actividad papera.
“Este año podemos ser optimistas con respecto al precio, pero también tenemos menos recursos para encarar la próxima siembra porque venimos de una campaña muy mala”, advirtió Raiteri.
La papa es una actividad intensiva en el uso de insumos y tecnología. Por eso, el dirigente remarcó que la apreciación cambiaria golpea de lleno sobre la rentabilidad. “Nosotros enterramos dólares y cosechamos pesos. Tenemos gasoil, fertilizantes, fungicidas, insecticidas y muchos costos dolarizados”, explicó.
A esa situación se suma una demanda interna debilitada. Para Raiteri, la caída del poder adquisitivo limita las posibilidades de recuperación de numerosas producciones orientadas principalmente al mercado doméstico.
“Nos preocupa el poder adquisitivo de los salarios. La papa que no se come una persona porque no le alcanza la plata no la compensa otra persona comiendo el doble. Los estómagos son todos iguales”, graficó.

El productor también cuestionó la enorme diferencia entre lo que recibe el agricultor y lo que paga el consumidor. Indicó que durante el inicio de la cosecha una bolsa de 20 kilos se vendía a unos 6.000 pesos, equivalente a 300 pesos por kilo, mientras que en las verdulerías los valores llegaban a multiplicarse varias veces.
“Los dos eslabones más débiles son los que terminan pagando el pato: el productor y el consumidor”, sostuvo.
Desde Coninagro, Raiteri aseguró que la entidad busca aportar propuestas más que protestas. En ese sentido, reclamó políticas que permitan recuperar competitividad y mejorar las condiciones para producir.

“Tenemos que estar preparados para producir siempre. No creo que sea tan fácil traer alimentos de afuera cuando conviene y después ver qué hacemos cuando ya no convenga”, advirtió.
Entre las medidas que considera prioritarias mencionó el acceso al crédito, la inversión en infraestructura, la mejora de los caminos rurales y la recuperación del sistema ferroviario para abaratar costos logísticos.
“La asistencia crediticia con los valores que hay hoy no estimula a tomar préstamos para invertir o mejorar la eficiencia. El sistema financiero está haciendo más esfuerzo en sostener el consumo que en financiar la producción”, afirmó.
También reclamó una reducción efectiva de la carga tributaria y cuestionó la persistencia de tasas municipales que, según dijo, funcionan en la práctica como impuestos.
Respecto de la política cambiaria, evitó dar recetas pero dejó planteada una preocupación compartida por numerosos sectores productivos. “No sé si hoy el tipo de cambio es el más adecuado para muchas economías regionales. Si somos muy caros para salir al exterior y muy baratos para que entren productos, algún desequilibrio puede aparecer”, alertó.
Finalmente, defendió la importancia de sostener organismos vinculados al desarrollo tecnológico y la investigación agropecuaria. “El conocimiento es parte de la eficiencia que necesitamos. Por eso es importante modernizar organismos como el INTA y las universidades, pero no desfinanciarlos”, concluyó.
Para Raiteri, la situación de la papa refleja muchas de las dificultades que enfrentan hoy las economías regionales: costos en alza, consumo debilitado, crédito escaso y una competitividad que sigue siendo una cuenta pendiente para buena parte del interior productivo argentino.





