Números más, números menos, se estima que los contratistas rurales se encargan de un 70% de las actividades agrícolas del país, con especial participación en lo respectivo a la siembra, pulverización y cosecha. Gran parte del potencial productivo argentino, de hecho, responde también a que existe un segmento que invierte en maquinaria, la conoce a fondo y se dedica exclusivamente a esa pata de la actividad.
Y aunque nadie pone en duda la centralidad de esa figura en la producción local, desde dentro del sector advierten que la indiferencia de muchas decisiones administrativas compromete seriamente su futuro. En el sentido estricto de la palabra, pues temen que sean las nuevas generaciones las que, cansadas de ver a sus padres y abuelos luchar siempre por lo mismo, decidan tomar otro camino.
“Nos gusta lo que hacemos, pero todo tiene un límite. Y cuando nuestros hijos nos ven sufrir y nos dicen que no quieren seguir, ahí es donde tenemos que luchar. Nos alarma que los jóvenes no se quieran involucrar en el sector”, expresó, en diálogo con Bichos de Campo Luis “Fredy” Simone, presidente de la Federación Argentina de Contratistas de Maquinaria (Facma).
Lejos de sonar alarmista, el dirigente hace referencia a cómo, fruto de la falta de acceso al crédito -que deriva en el evidente envejecimiento del parque de maquinarias-, las dificultades económicas del sector o el deterioro de la infraestructura vial, lentamente se está socavando las bases de este sector, sin dudas una “marca país”.
“Yo sé que siempre digo lo mismo, pero tenemos una amenaza grande y por eso insistimos en revertir estas situaciones”, expresó Simone, que es quien generalmente debe mostrar la otra cara de las grandes ferias de maquinaria, donde brillan los fierros y rebalsan las expectativas.
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“Este es nuestro shopping”, comentó el dirigente en la tradicional muestra de Agroactiva. Es curiosa la comparación, pues justamente suele ser costoso para la clase media vestirse en un shopping, y los contratistas rurales tampoco la tienen fácil en su shopping sectorial.
“El sector sigue golpeado y sigue sin tener créditos accesibles en dólares porque algún trasnochado piensa que no somos una actividad dolarizada”, afirmó Simone, con un diagnóstico lamentablemente no muy distinto a los que viene dando hace meses.
Y no se trata sólo del bolsillo. “Lo mismo ocurre con los problemas de movilidad, algo tan indispensable como sacar un crédito. La Ley de Tránsito Agrícola es totalmente obsoleta, lo venimos diciendo hace años y nadie se hace cargo de eso”, agregó.
Al igual que muchos de sus pares, Simone ya no se piensa sólo como empresario, sino además como padre. Y lo que más le preocupa es el riesgo, siempre latente, de que las próximas generaciones desistan de trabajar en el campo. El riesgo de que el sentimiento familiar y la pasión compartida sean menos fuertes que las preocupaciones.
“Hay que luchar para que andar en un tractor sea un orgullo, no un sacrificio”, expresó.
Y si no teme sonar repetitivo es porque, en definitiva, el dirigente reconoce que en esa agenda se juega su futuro. El de cada contratista y su familia en particular, pero también el de todo un universo productivo, ya que es una actividad con un arraigo muy marcado.
“Hay un universo de personal de entre 70 y 80.000 personas que trabajan para el sector y eso le da mucho dinamismo a los pueblos del interior. Por eso nos duele que no seamos tenidos en cuenta a la hora de tener un crédito, de buscar la eficiencia en el traslado de la maquinaria, o de quitar las trabas burocráticas”, concluyó.




