Durante la tarde de este martes, se desataron los primeros incendios importantes del año en las islas del Paraná. Específicamente, alcanzaron a la zona de Las Lechiguanas, un distrito que pertenece al departamento entrerriano de Gualeguay.
La región, muchas veces catalogada como “tierra de nadie” contiene a una importante porción de la actividad ganadera de esa provincia y de las localidades de San Pedro, Baradero y Ramallo, separadas únicamente por el Río Paraná. Mientras la selección argentina definía su pase a cuartos de final, se desataron allí unos 12 focos ígneos que aún no fueron controlados.
Autoridades y referentes de la región apuntan a la intencionalidad del hecho. Se encienden alarmas por la posibilidad de expansión, las dificultades para contenerlos y los efectos productivos que genera.

Sólo 30 kilómetros al sur de Rosario, el río Paraná se divide en dos para ceder paso al archipiélago fluvial de Las Lechiguanas, un enorme complejo de islas que abarca aproximadamente 250.000 hectáreas. Es nada menos que el 3% de la superficie total de Entre Ríos.
La región es muy explotada por la ganadería, y no es la primera vez que se encuentra cercada por las llamas. Esta es una época en que, fruto de las heladas, los pastizales están secos y sirven de combustible. Los vientos, por su parte, hacen lo propio para expandir el problema.
Pero, por estas horas, nadie pone en duda las causas del hecho. “Lo que no amerita ningún tipo de discusión es que estos focos son inducidos por el hombre. No es ni un plato volador ni un rayo, como alguna vez nos quisieron hacer creer”, expresó en las últimas horas el director de Defensa Civil de San Pedro, Fabio Giovanettoni, en diálogo con Radio 92.3.

En otras ocasiones, tales hechos se atribuían al accionar de cazadores, apuntados por incendiar pastizales para obligar a los carpinchos a salir al descubierto. Sin embargo, de acuerdo a lo que pudo recabar Bichos de Campo con referentes de la zona, todo indica que este hecho habría sido iniciado por un productor que intentaba dar con el paradero de sus animales, dispersos en las grandes extensiones.
Por el momento, ni el personal policial de Entre Ríos, ni ninguna otra autoridad local, confirmaron dichas versiones, ni dieron indicios de cómo se llevarán adelante los trabajos para contener las llamas.
Tal como consignó el medio local La Opinión, toda esa región, que se circunscribe entre el Río Paraná y el arroyo Los Lobos, fue incluso detectada por las alertas del sistema Firms de la NASA, una plataforma de mapeo que muestra la ubicación de incendios activos y anomalías térmicas en tiempo real.

El horizonte iluminado, que se ve a varios kilómetros de distancia, preocupa de sobremanera a los productores bonaerenses y entrerrianos, que arrastran complicaciones vinculadas con la inseguridad rural en las islas y ahora encienden alarmas por las posibilidad que tiene el fuego de expandirse.
“Con tanto fuego no se puede hacer mucho, porque está todo tan seco y hay tanto viento que es imposible de controlar”, expresó uno de ellos. Cabe destacar que, por las características del terreno y la extensión de la zona, descartan la posibilidad de hacer cortafuegos.
“Corrés el riesgo de incendiarlo por completo. Basta que vuele una chispa para que siga extendiéndose”, ilustró el referente.
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Respecto a los trabajos de contención, el director de Defensa Civil sampedrino fue también crítico. “Los vuelos de reconocimiento de Entre Ríos han cesado. Las brigadas ya no están. Hacen un monitoreo que puede hacer cualquiera desde su computadora y a lo que se aspira es a que la sabia naturaleza, después de que se pierdan cientos de hectáreas, haga que el fuego llegue a un espejo de agua y se apague”, afirmó.
El problema es que, por la extensión de la isla comprometida, probablemente pase mucho hasta que la naturaleza trabaje por sí sola. En aquella zona no hay terraplenes y las distancias con los ríos son considerables.
En el medio, como de costumbre, queda la producción y los pocos centenares de pobladores que viven en la zona en base a la actividad pecuaria. “El daño es feroz. Hay mucho productor chico que se gana la vida con un poco de hacienda y esto lo complica un montón porque barre con todo. Lo que queda es pavimento”, afirmó una fuente a este medio.
Del mismo modo que ha ocurrido con los recientes casos de inseguridad rural, este hecho vuelve a poner sobre la mesa la discusión en torno a los recursos con los que disponen los municipios de la costa norte provincial, sobre todo para trabajar en la prevención en vez de correr por detrás de cada emergencia.
En ese sentido, Giovanettoni apuntó los dardos contra las autoridades entrerrianas y pidió “explicar por qué desde hace un buen tiempo a esta parte, no están atendiendo una buena parte de su territorio”.
“En algún momento tenemos que decir las cosas como son”, agregó el funcionario, quien también señaló la “impunidad extrema” que se ve a nivel judicial, otros de los factores que termina atando de pies y manos al accionar de la policía rural y otros organismos a cargo del control.




