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En el día más importante para su larga lucha, el académico Roberto Casas nos lo recuerda muy clarito: “La degradación de los suelos amenaza la seguridad alimentaria mundial”

Bichos de campo por Bichos de campo
7 julio, 2026
El Día Internacional de la Conservación del Suelo se conmemora cada 7 de julio. La fecha fue instaurada en 1963 en honor al investigador estadounidense Hugh Bennett, pionero en la preservación de este recurso vital para la producción de alimentos y el equilibrio medioambiental. Esta efeméride busca concientizar sobre el grave problema de la degradación de la tierra.
En Argentina tenemos también figuras de enorme talla para hablar del asunto. Uno de los que más valoramos en Bichos de Campo es Roberto R. Casas, quien actualmente es profesor universitario, director del Centro para la Promoción de la Conservación del Suelo y del Agua (PROSA-FECIC) y académico de número de la Academia Nacional de Agronomía y Veterinaria.  En su vida profesional fue además director de Suelos y Agua del INTA.
Roberto escribió estas líneas:

El mundo se enfrenta al mayor desafío del siglo, superior a pandemias sanitarias como la vivida e incluso al propio cambio climático: la degradación de los suelos y la escasez de alimentos. 

Según informes de la FAO, se estima que actualmente más de un 50% de los suelos del mundo muestran signos de degradación, destacándose la erosión hídrica y eólica como la principal amenaza, seguida por la pérdida de materia orgánica, disminución de nutrientes, salinización y contaminación química.

La situación consignada pone en riesgo la seguridad alimentaria, ya que el 95% de los alimentos consumidos provienen de la tierra, por lo que de no revertirse, afectará gravemente a la vida humana. La seguridad alimentaria ha sido reconocida como uno de los grandes desafíos ambientales existentes para el desarrollo sostenible de la humanidad.

Suelo agotado con procesos de erosión y compactación por monocultivo

Para una población mundial proyectada para el 2050 cercana a los 10.000 millones de personas, se estima que la producción agrícola actual debería aumentar un 60% a los efectos de poder satisfacer la demanda alimentaria. El problema radica en que año tras año aumenta la superficie de suelos degradados, lo cual conspira contra el aumento de producción necesario.

Cada año unas 10 millones de hectáreas de tierras de cultivo se pierden debido a la erosión del suelo, reduciendo así la tierra de cultivo disponible para la producción de alimentos. Los suelos se relacionan estrechamente con el concepto de seguridad alimentaria, entendida como el aseguramiento de la cantidad, la calidad y la accesibilidad a los alimentos.

El mundo se enfrenta a un problema de sobrepoblación grave, sobre todo en África y Asia. El aumento de la población y el consumo están imponiendo demandas sin precedentes sobre la agricultura y los recursos naturales.

Suelo arenoso de región semiárida sometido a agricultura continua sin prácticas conservacionistas con erosión muy grave

Suponiendo el empleo de tecnologías agrícolas similares a las disponibles en la actualidad, se estima que deberían incorporarse mil millones de hectáreas adicionales de tierras de cultivo para el año 2050, por encima de las mil quinientos millones de hectáreas actualmente cultivadas.

El principal problema radica en que los suelos agrícolas a incorporar se presentan en ecosistemas que poseen diferente grado de vulnerabilidad a las presiones productivas. La vulnerabilidad es un concepto que se asocia en gran parte a las condiciones del clima, que determinan que un suelo sea altamente susceptible a sufrir degradación (ej. erosión hídrica y eólica) por mal manejo del mismo. 

Los ecosistemas frágiles se caracterizan por poseer suelos muy vulnerables, poco resilientes, o ambas cosas a la vez. Esta situación suele darse en los climas tropicales y subtropicales, o en las regiones más áridas en las que los suelos suelen poseer bajos niveles de materia orgánica y nutrientes.

El sobrepastoreo en regiones semiáridas genera erosión eólica

El grave problema que se plantea a la humanidad a partir de la incorporación de tierras situadas en ecosistemas de elevada fragilidad, radica en que los aumentos en la producción de alimentos se lograrían a costa de una mayor degradación de suelos, con prácticas agrícolas no sostenibles. Esta opción es inadmisible desde todo punto de vista, ya que los suelos y el ambiente finalmente terminarán degradándose, aumentando la pobreza en estas regiones.

En esta instancia nos planteamos algunos interrogantes: ¿son la sostenibilidad y la seguridad alimentaria objetivos contradictorios, o pueden abordarse como objetivos concurrentes?. ¿De quién es la responsabilidad de la degradación del suelo?

El problema es muy complejo y por lo tanto de difícil solución. Muchos procesos degradatorios del suelo y del ambiente, tales como la erosión hídrica y eólica, salinización y desertificación, por mencionar los más importantes, trascienden las fronteras de los países, lo cual plantea cuestiones geopolíticas sobre responsabilidades en la prevención y reparación de los daños ocasionados. 

Médano activo causado por sobrepastoreo del pastizal en zona semiárida

También debemos tener en cuenta que en muchos casos las naciones desarrolladas externalizan la producción de alimentos a nivel mundial, razón por la cual se deterioran los suelos de otras regiones desde donde importan los productos agropecuarios que consumen, a la vez que protegen los recursos naturales propios.

A esto se suma en muchos casos el escaso grado de desarrollo económico de los países que producen la degradación y que carecen de los medios para prevenirla y/o remediarla.

Es por esta circunstancia y a los efectos de comenzar a detener efectivamente la destrucción del recurso productivo, especialmente en los países más pobres, que las naciones más ricas deberían ofrecer asistencia financiera y técnica para prevenir la degradación e implementar programas efectivos de restauración de la capacidad productiva de los suelos afectados.

¿Cómo hacemos? Si queremos producir más granos sin liquidar los suelos habría que aplicar 10 millones de toneladas de fertilizantes, el doble que ahora

La situación comentada, plantea la necesidad de establecer una “justicia ambiental global”, entendiendo la complejidad del tema y las dificultades existentes para que quienes lideran las principales economías mundiales internalicen la gravedad que representa la destrucción continua de los suelos productivos, acuerden políticas globales para su conservación y restauración, y comiencen a implementarlas en el menor tiempo posible.

El 7 de julio se conmemora el Día de la Conservación del suelo en homenaje al Dr. Hugh Bennett, pionero de la lucha contra la erosión del suelo en remotas regiones del mundo y a quien se lo definía como una persona que “reunía, ciencia, coraje y tenacidad para derribar los muros de la indiferencia, de la ignorancia y de los prejuicios”.

Hugh Bennett

Decía Bennett que “del suelo productivo depende el futuro de la humanidad”. Una afirmación premonitoria realizada hace casi 100 años que evidentemente ha sido poco escuchada por estadistas, políticos y por las personas que tienen responsabilidad sobre la gestión de los suelos y otros recursos naturales.

La erosión y degradación del suelo debe reconocerse cada vez más como un desafío colectivo más que una preocupación exclusiva de cada país. Se trata de una “crisis silenciosa” mucho más peligrosa que las guerras y las pandemias, ya que la destrucción del suelo es irreversible.

Roberto R. Casas

Etiquetas: degradaciondia de la conservación del sueloHugh Bennettroberto casasSeguridad Alimentariasuelos agrícolas
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