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No era un ramo de flores, era Borreria: En Chaco, Nicolás Vallejos muestra las malezas y plagas que explican por qué el algodón necesita más tecnología

Bichos de campo por Bichos de campo
7 julio, 2026

La planta apareció en medio de un lote de algodón a punto de cosechar en Pampa del Infierno, Chaco. En la mano de Nicolás Vallejos, aquella Borreria servía para explicar buena parte de los problemas que enfrenta ese cultivo emblemático del norte argentino: malezas difíciles, alta presión de insectos, riesgo de derivas y costos de aplicación que pueden definir si una campaña cierra o no.

Vallejos es ingeniero agrónomo, formado en la Universidad Nacional del Nordeste. Hijo de un albañil y una peluquera, primer profesional de su familia, actualmente trabaja muy cerca de esos problemas concretos del cultivo en esta región. Está orgulloso de haberse recibido y ser parte actualmente del plantel de la semillera Gensus. 

“Borreria es una de las malezas principales objetivo en el control, tanto para el cultivo de algodón como para soja y maíz. Representa una gran superficie y un gran problema para el productor y para el empresario de la zona norte del país”, explicó.

La maleza era también una buena excusa para entender por qué Gensus y el INTA vienen empujando el llamado Camino del Algodón, un programa que arrancó con el lanzamiento de Arandú IMICott, una variedad con tolerancia a herbicidas de la familia de las imidazolinonas, que se suma a otros eventos como la resistencia a plagas y a glifosato. 

“La idea de este lanzamiento viene a ayudar un poco en el control de malezas”, resumió Vallejos, explicando a Bichos de Campo que la nueva variedad permite incorporar una familia de herbicidas que se pueden utilizar tanto en presiembra como en posemergencia, y así ampliar el radio de control contra la temible Borreria.

Mirá la entrevista:

En el norte, donde el calor, la humedad y la presión de malezas juegan otro partido, esa eficiencia no es un detalle. Cada pasada cuesta. Cada litro de herbicida también. Y cada error se paga en rindes o en dólares. Por eso Vallejos también destacó el avance de las fumigadoras con aplicaciones selectivas, esos equipos que detectan la maleza y aplican solamente donde hace falta, en lugar de pulverizar todo el lote.

“El uso de aplicaciones selectivas ayuda al productor a tener menos gastos y mayor eficiencia en el control de distintas malezas. Hace que el productor piense mejor la estrategia que va a utilizar y, a su vez, tenga menos gasto”, indicó. La cuenta es simple: cuando una aplicación deja de ser total y pasa a ser dirigida, el ahorro puede ser muy alto. En algunos casos, se habla de reducciones de 70% u 80% en el uso de herbicidas. “Ese 70% u 80% se traduce directamente en dólares”, afirmó Vallejos.

Pero el algodón no pelea solamente contra las malezas. Si uno avanza unos metros en la conversación con el agrónomo aparece otra amenaza mucho más conocida por los productores chaqueños: el picudo algodonero. 

“La presión de insectos en esta zona es abundante. En algodón, principalmente, estamos hablando del ataque del picudo. Es la plaga estrella y la más importante que tenemos que controlar”, señaló el agrónomo.

Al igual que con otras plagas, el control del temible picudo algodonero ya no pasa por Senasa sino por el esfuerzo de los productores, que ya no sueñan con erradicarla

El picudo algodonero daña la planta en el momento más sensible. Ataca las estructuras reproductivas, coloca allí sus huevos y luego la larva se desarrolla consumiendo tejido vegetal. El resultado puede ser una pérdida directa de rendimiento, pero también un golpe a la calidad de la fibra.

“El insecto inserta su huevo, esa larva va consumiendo y manchando la fibra. Después se transforma en adulto, genera otro orificio de salida y daña por completo, manchando la fibra o directamente provocando el aborto de esa estructura”, describió Vallejos.

Cada campaña es distinta, pero hay años en los que el problema se vuelve muy serio. Según contó, en la campaña pasada hubo zonas como Tres Isletas y Villa Ángela donde el ataque fue particularmente fuerte.

“Se ha hablado de 6 a 10 aplicaciones de insecticida. La verdad es que influye mucho en los márgenes brutos de un cultivo de algodón. Te diría que hasta 30% puede representar dentro de los cálculos del margen bruto”, explicó.

En situaciones extremas, la presión fue tan alta que se llegaron a encontrar hasta cinco adultos dentro de una misma flor. Para cualquier cultivo sería un problema. Para el algodón, que ya viene obligado a competir por superficie contra soja, maíz y girasol, puede ser directamente una amenaza económica.

El monitoreo, entonces, se vuelve una tarea central. “En algodón siempre se trata de hacer monitoreo una vez por semana. Cuando encontrás un picudo en el lote, significa que en otras partes vas a encontrar mayor población. La presencia de picudo hace que uno ya empiece a pensar en realizar aplicaciones para el control”, detalló.

La dificultad adicional es que el insecto se mueve mucho. Vallejos lo explicó con una imagen sencilla: “Tiene un olfato como los perros para encontrar el algodón. Es impresionante cómo puede recorrer varios kilómetros, encontrar una planta estresada, atacarla y generar todo su ciclo dentro del cultivo”.

Desde Pampa del Infierno, el “Ruso” García hace fuerza para que el algodón siga teniendo espacio a pesar de sus complejidades: “Me encanta, porque es un cultivo que demanda estar muy encima y siempre nos mantiene aprendiendo”

Por ahora, la respuesta sigue siendo manejo, monitoreo y aplicaciones. Pero z mediano plazo, dentro del Camino del Algodón también aparece la búsqueda de una solución genética para esta plaga. Vallejos evitó hablar de resistencia absoluta, pero sí mencionó la posibilidad de lograr variedades con una tolerancia importante en los próximos años.

“Dentro del proyecto de investigación ya se está viendo mucho, se están empezando a hacer análisis y distintos testeos para ver el control de picudo en algodón. No sé si resistente, pero vamos a ver una tolerancia importante. De acá a cinco años estamos previendo encontrar una solución para controlarlo de una manera más eficiente”, afirmó.

El paquete tecnológico que imaginan para el algodón no termina allí. También aparece la tolerancia a deriva de 2,4D, un problema cada vez más sensible en zonas donde conviven distintos cultivos y tecnologías. Para el algodón, recibir una deriva de un herbicida hormonal puede provocar daños severos.

“Dentro del programa Camino del Algodón se prevé lograr una semilla que tolere una deriva de 2,4D. Es un herbicida hormonal que provoca mucho daño en el cultivo. Este camino viene a solucionar ese problema”, explicó Vallejos, que yansueña con variedades tolerantes a esa deriva que proviene de campos vecinos que tratan la soja con la tecnología Enlist.

A eso se suma el avance sobre glufosinato de amonio y otros desarrollos que podrían ir apilándose sobre las nuevas variedades. La idea es clara: construir un algodón más preparado para convivir con malezas difíciles, insectos agresivos y ambientes productivos cada vez más complejos.

“Vamos a encontrar una semilla con mayor desarrollo tecnológico que lo que tenemos actualmente”, proyectó el agrónomo.

El dato no es menor para una economía regional que necesita recuperar competitividad. En Chaco y el norte argentino, el algodón no es simplemente un cultivo más: es historia, industria, empleo y arraigo. Pero también es un cultivo exigente, caro y sensible a cualquier desmanejo.

Por eso la explicación de Vallejos, parado en medio de un lote de Pampa del Infierno, sirve para bajar a tierra una discusión que a veces queda encerrada en laboratorios, convenios o nombres comerciales. La nueva genética no viene a resolver mágicamente todos los problemas del algodón. Pero sí puede darle al productor una herramienta más para gastar menos, controlar mejor y sostener un cultivo que todavía busca no perder su lugar.

Etiquetas: agrónomosalgodónborreriacainos del algodonchacogensusnicolas vallejosnuevas variedades de algodónpicudo del algodonero
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