La Argentina es un sinfín de decadencia. Como se dice siempre, a pesar de tener de todo.
La Argentina tiene aceite de oliva, aceite de girasol y aceite de soja. De los tres hay de sobra.
En el mundo ya se sabe que el de oliva es el de mejor calidad, el de girasol es de muy buena calidad comestible, y el de soja está en un tercer eslabón, y tiene mayor uso como ingrediente de la industria alimentaria. Por usos y costumbres, y como sobra, la población ha escogido utilizar más el aceite de girasol, aunque cada vez son más los que ponen oliva a sus ensaladas.
En este proceso de empobrecimiento que atraviesa la Argentina, sin embargo, cada vez hay más cantidad de gente que no puede acceder a los productos de mayor calidad, porque su salario cada vez compra menos cosas. La crisis del 2001 fue, en materia de aceites, un claro ejemplo de cómo funcionan las cosas cuando no hay plata, como dice el presidente Milei. En aquel momento proliferaron los aceite mezcla, porque la gente no tenía para comprar el de girasol.
La Federación Olivícola empezó a denunciar los aceites de oliva truchos que hay en el mercado
Ahora, como en cada crisis, algunos pícaros ven la posibilidad de vender gato por liebre, o como aceite caro uno que realmente no lo es.
Les sucede desde hace años a las empresas dedicadas a la producción de aceite de oliva: por la evidente falta de controles, proliferan en el mercado botellitas de aceite de dudosa procedencia. La tentación del consumidor es grande, porque llevan el oliva a valores visiblemente más baratos. Pero el engaño es evidente, ya que ese oliva fue rebajado generosamente con otros aceites vegetales de menor valor, en especial el de girasol, y hasta se usan aditivos químicos para enmascarar los defectos.
Estas denuncias de falsificación de un producto son recurrentes ante la ANMAT (la administración de la cual depende el Instituto Nacional de Alimentos). Cada tanto hay un producto prohibido y se ordena retirar un oliva trucho de las góndolas. Pero siempre se llega tarde y mal. El control del Estado es visiblemente insuficiente.
Pero el sinfín de decadencia es eso, un sinfín que nunca se detiene.
Con mucho mayor poder de lobby que los olivícolas, ahora son las agroexportadoras nucleadas en Ciara (la Cámara de la Industria Aceitera Argentina), las que recurrieron a la ventanilla de la ANMAT para denunciar que ellas también son víctimas de estas adulteraciones.
Algunas de las empresas que muelen y exportan granos de soja y girasol tienen sus propias líneas de venta al consumidor local. Por ejemplo, AGD, Bunge o Molinos. Son ellas desde su cámara sectorial las que denunciaron “ante los organismos de control la venta de aceite rotulado como ‘aceite de girasol 100%’ que en realidad contiene otro aceite”.
“CIARA denunció ante ANMAT/INAL, la Dirección Nacional de Lealtad Comercial y el SENASA la venta de 16 marcas de aceite rotuladas como “girasol 100%” que, según análisis de empresas socias, contienen aceite de soja”, comunicó la cámara.
CIARA denunció ante los organismos de control la venta de aceite rotulado como “aceite de girasol 100%” que en realidad contiene otro aceite.
Según análisis de empresas socias, alcanza cerca del 10% del mercado: 1 de cada 10 litros. Implica tres perjuicios al consumidor:… pic.twitter.com/lckw4S2Wir
— Cámara de la Industria Aceitera Argentina (CIARA) (@CamaraAceites) July 7, 2026
Es decir, como el oliva mezclado con el girasol, pero una escala más abajo, en la segunda división del campeonato de los aceites.
Y a gran escala. “Según análisis de empresas socias, alcanza cerca del 10% del mercado: 1 de cada 10 litros”, indicó Ciara, que por ahora no brindó ni los nombres de los productos adulterados ni las empresas sospechosas de elaborarlos.
Las muestras para basar la denuncia fueron tomadas de autoservicios del AMBA, en tres tandas (marzo, abril y mayo de 2026). Según los análisis posteriores, superan hasta 26 veces el límite de ácido linolénico que el Código Alimentario fija para el girasol (0,3%).
Por otra parte, los envases contienen menos aceite del declarado: hasta 122 milímetros menos por botella.
Según la visión de estas empresas “el caso tiene implicancias para la salud: la soja es un alérgeno que aparece oculto”. En ese sentido, también se detectó una declaración “0% trans” falsa y un producto con olor a solvente bajo análisis de aptitud.




