Fernando Lapi trabajó durante años como policía de la provincia de Buenos Aires y también fue preceptor de una escuela secundaria. Sin embargo, la actividad que terminó marcando su vida no fue la dedicado al cuidado de las persona sino de las abejas.
Lo que comenzó como una inquietud hace tres décadas terminó convirtiéndose en una empresa familiar apícola que Fernando hoy comparte con su hijo, y en una vocación que también canaliza desde la presidencia del Centro de Apicultores de Azul, una institución que impulsa el crecimiento de la actividad y acompaña a quienes quieren iniciarse en la producción de miel en el centro bonaerense.
“Las colmenas siempre fueron mi pasión”, resume Lapi durante una charla con Bichos de Campo. Y agrega: “La apicultura es una pasión y un estilo de vida. Si esto no te gusta, no lo hacés. Tenés que salir al campo con 40 grados, ponerte el mameluco y trabajar igual”.

Su recorrido laboral fue muy distinto al que hoy desarrolla. Ingresó a la Policía Bonaerense a los 19 años y permaneció allí hasta jubilarse hace ocho años. En paralelo, durante 16 años fue preceptor en la escuela secundaria donde había estudiado. La necesidad de construir su casa y sostener a su familia lo llevó a combinar ambos trabajos.
La apicultura apareció casi por casualidad. Un vecino tenía colmenas y él comenzó a observar cómo trabajaba. “Íbamos a la chacra, miraba cuando sacaban miel, cuando armaban los cajones, y eso me fue gustando”, recuerda. Cuando sintió que era el momento, decidió dar el paso.
“Compramos material para armar 50 colmenas y ahí empezamos con el apoyo de la familia y con mucho esfuerzo”, cuenta. En ese entonces su hijo tenía apenas un año. Hoy, tres décadas después, ambos conducen la empresa familiar.
“Las colmenas me rindieron lo que me daban el sueldo de policía y el de la preceptoría”, recuerda. Ese crecimiento le permitió dedicarse de lleno a la actividad una vez jubilado, mientras que actualmente va cediendo el protagonismo a la nueva generación. “Hoy está más él trabajando que yo. También hay que dar un paso al costado y dejar que ellos hagan su experiencia”, afirma.
Aunque comercializan toda su producción a través de una empresa exportadora con la que trabajan desde hace muchos años, Lapi nunca dejó de involucrarse en el desarrollo colectivo de la apicultura. Como presidente del Centro de Apicultores de Azul impulsa acciones para fortalecer al sector y facilitar el ingreso de nuevos productores.
“Una de las funciones del centro siempre fue fomentar la actividad y se hizo muy bien. Hoy en el partido de Azul debemos superar los 300 productores”, señala.

La entidad reúne actualmente a unos cien socios y ofrece múltiples servicios. “Logramos cosas bastante lindas, como hacer compras comunitarias que benefician en los costos de producción. También traemos técnicos cuando aparece algún problema sanitario y tratamos de manejar esos temas en conjunto”, explica.
Lapi considera que la apicultura puede transformarse en una oportunidad para muchas personas, aunque aclara que, antes que dinero, hace falta capacitación. “La inversión más importante es en conocimientos. Mantener una colmena sana y productiva requiere aprender a observarla y entender qué necesita”, sostiene.
Para quien quiera comenzar, recomienda hacerlo de manera gradual. “Lo ideal sería arrancar con cuatro colmenas. Ahí hacés todos los errores con una inversión chica y aprendés. Después, cuando te sentís más fuerte, podés crecer”.

Además del valor económico de la miel, destaca el aporte que realizan las abejas al resto de la producción agropecuaria mediante la polinización. Según explica, cada vez más productores comprenden ese beneficio y hasta solicitan la instalación de colmenas en sus campos.
“Las nuevas generaciones de productores y los ingenieros muchas veces te piden que acerques colmenas porque saben lo que aportan. No solo producen miel, también mejoran la calidad y el rendimiento de muchos cultivos”, afirma.
Después de haber pasado por la policía, la escuela y finalmente las colmenas, Lapi no duda cuando le preguntan qué representa hoy la apicultura en su vida: “Es una pasión y un estilo de vida”.





