En 2025 se dio todo bien para la ganadería vacuna: hubo buen clima y pasto para la hacienda, buena relación de precios entre el maíz y el kilo de ganado, altos niveles de exportaciones y un consumo interno que soportó incrementos de 80% en el kilo de carne. ¿Pero qué podría suceder en 2026?
Para el analista Salvador Di Stéfano, aunque parece perfilarse bien “no está exento de riesgos”.
“La ganadería tuvo un 2025 extraordinario: la carne subió cerca del 70% y la hacienda casi un 80%, muy por encima de la inflación. Disfrutemos eso, porque no es un escenario que se repita todos los años”, advirtió.
En ese marco, consideró poco probable que este año los precios vuelvan a correr por delante del resto de la economía. “No veo a la carne subiendo más que la inflación en 2026”, sentenció.
Uno de los límites más claros aparece por el lado del mercado interno: “El precio de la carne lo pone doña Rosa cuando va al mostrador. Y hay una variable que no se puede ignorar: la masa salarial. En 2025 creció por debajo de la inflación y nada hace pensar que este año vaya a crecer por encima del precio de la carne”, explicó.
En ese contexto, señaló que el consumo interno ya viene de soportar subas muy fuertes. “Un kilo de asado o de vacío a 20.000 pesos no es un número menor para un asalariado que también tiene que pagar luz, gas, prepaga y mandar los chicos a la escuela”, graficó.
El analista remarcó que, si bien el argentino seguirá consumiendo carne, difícilmente pueda convalidar nuevos saltos de precios: “Vamos a seguir comiendo carne, 49 kilos per cápita es un montón, pero no veo al consumo yendo a 52 kilos ni al asalariado pagando mucho más de lo que ya paga”.
A continuación, advirtió que parte de la demanda podría correrse hacia el pollo o el cerdo si la carne vacuna se encarece en exceso.
Por el lado de las exportaciones, también llamó a la prudencia. Reconoció que el mercado mundial está en expansión, con países que pierden stock ganadero, pero alertó sobre las restricciones vigentes.
“La mayoría de los países están poniendo cupos. El acuerdo Unión Europea–Mercosur es una gran noticia, pero falta que sea aprobado y su implementación es escalonada. No vendamos la piel del oso antes de cazarla”, dijo. En la misma línea, recordó que la cuota de Estados Unidos de 80.000 toneladas sigue sin aparecer y que China ya fijó un techo a las exportaciones argentinas al asignarle un cupo de 511 mil toneladas.
Por otra parte, a Brasil le va a sobrar carne y es probable que venda más a la Argentina. “Brasil le exportaba 1,7 millones de toneladas a China y 240.000 a Estados Unidos. China le puso un cupo bajo de 1,1 millones de toneladas, le va a sobrar carne y va a tratar de colocarla en cualquier lugar del mundo”, sostuvo Di Stefano.
En ese escenario, consideró lógico que parte de esa mercadería busque destino en la Argentina. “Somos el país con mayor cantidad de consumidores del Mercosur y estamos al lado. Eso puede jugar una mala pasada en el mercado interno”, advirtió, y sostuvo que ya circulan versiones sobre crecientes ingresos de carne desde Paraguay y Brasil para abastecer a cadenas de hamburguesas en el arranque del año.
A ese cuadro externo se suma la cuestión cambiaria. El analista explicó que el dólar mayorista es hoy un precio más de la economía y que, de bajar, podría generar un doble efecto negativo para la ganadería.
“Si baja el dólar, el exportador argentino pierde competitividad y vuelca más carne al mercado interno. Al mismo tiempo, se vuelve más competitiva la importación”, describió. Con una masa salarial que no reacciona, ese combo podría presionar los precios a la baja. “Más oferta y un consumidor sin margen para pagar más termina impactando en el valor de la carne”, resumió.
En este contexto, fue contundente con su recomendación al productor: “El negocio ganadero es muy bueno y el criador va a tener buenos resultados, pero cuidado con pagar el ternero lo que no vale o hacer proyecciones como si esto fuera de Disneylandia”.
En particular, cuestionó las relaciones de precios actuales: “Pagar un ternero más de un 20% por encima del valor del gordo es una locura. Que el maíz baje no significa que el gordo vaya a valer mucho más”.
Para el consultor, la clave pasa por eficiencia, productividad e integración. “El que esté integrado y llegue a la carnicería va a ganar mucha plata. Hay que dar un pasito más en la cadena, asociarse, generar escala y tratar de vender el propio animal”, recomendó. También llamó a ser extremadamente prudentes con el endeudamiento. “La tasa es positiva contra la inflación. Hay que tener mucho cuidado de no endeudarse pensando que todo va a subir, porque después la realidad te tumba la chata”, alertó.
Finalmente, puso el foco en las inversiones de largo plazo y dejó una definición fuerte: hoy lo más barato del negocio ganadero está en las hembras. “Lo escaso es la hembra y el ternero. Una vaquillona con garantía de preñez vale alrededor de 2 millones de pesos, unos 1.300 dólares. En dólares es barata”, afirmó.
Y comparó: “Una vaca gorda vieja vale lo mismo que una vaquillona preñada. Cuando nace el ternero, prácticamente lo tenés sin costo y te quedás con la vaca”.
En ese sentido, consideró que invertir en vientres es mucho más razonable que pagar valores muy elevados por la invernada.
“Prefiero una vaquillona preñada antes que un ternero de 200 kilos a 7.000 pesos. La ganadería es un negocio de capitalización, hay que darle tiempo”, concluyó.





