La ganadería argentina tiene delante de sí un potencial de crecimiento considerable, pero ese salto no va a ocurrir sin plata puesta arriba de la mesa. Esa fue, en síntesis, la conclusión del Outlook Ganadero CREA que se presentó este martes en la Expo Rural de Palermo, donde Erika Schild, líder del área de Ganadería de la entidad, expuso dos caminos posibles para aumentar la oferta de carne vacuna y en los dos casos el financiamiento aparece como el obstáculo más difícil de sortear.
El primer modelo apunta a ganar kilos en el corto plazo. Se trata de llevar el peso medio de faena de 240 kilogramos en 2026 a 247 en 2027 y 251 en 2028, mitad del camino en la recría y la otra mitad en la terminación a corral. Para que esta cuenta cierre, CREA calcula una inversión de 179 dólares por cabeza y asume que en 2026 va a haber que resignar 3,5 kilos de carne vacuna por habitante al año, una merma que se compensaría con una producción adicional de unas 230.000 toneladas res con hueso en los dos años siguientes.
“El modelo de aumento de peso medio de faena incrementa la producción de carne en el mediano plazo, pero presenta un menor potencial para satisfacer la demanda a largo plazo”, explicó Schild durante la presentación. Y fue más allá al poner el dedo en la llaga financiera: “El costo financiero representa el 60% de la inversión total, lo cual contrasta con la estrategia habitual de las empresas ganaderas de operar con capital propio debido a la naturaleza de los ciclos productivos”.

El segundo modelo mira más lejos y apunta a recomponer el rodeo de vientres. La cuenta de CREA es retener 280.000 vientres por año hasta llegar a un stock de 23 millones de vacas en 2031, llevando al límite la tasa de extracción de machos para compensar la menor oferta de hembras que eso implica.
En este caso, la inversión por vientre arranca en 1.367 dólares en 2026 y 2027, baja a 967 dólares en 2028 y 2029 gracias a la venta del diferencial de terneros producidos, y termina en 760 dólares en 2030.
Si ese esfuerzo se sostiene, la recomposición del rodeo llegaría a 1,4 millones de vacas, lo que habilitaría un volumen adicional de 715.000 terneros entre 2028 y 2031 y una producción adicional de 218.000 terneros por año a partir de 2032, cuando el modelo ya esté estabilizado: “El cambio sería significativo, con una producción diferencial de terneros de 756.000 cabezas para el modelo estabilizado en 2031”, precisó Schild, y agregó que esa misma eficiencia bajaría la necesidad de financiamiento de la inversión del 80% al 50%, aunque “la exigencia financiera sigue siendo elevada”.
Ahí es donde Schild fue más contundente sobre el fondo del problema. “Dado que los sistemas de cría presentan un elevado peso patrimonial en relación con su resultado operativo, la retención prolongada de stock resulta altamente compleja sin un financiamiento alineado a la rentabilidad del sistema y decisiones sectoriales que acompañen la inversión”, sostuvo.
Con todo, remarcó que el camino de la recomposición de stock, aunque no vaya a mostrar resultados inmediatos, “prepara el sistema para un crecimiento potencial significativamente mayor”.

El diagnóstico de CREA se apoya además en un contexto internacional que juega a favor de la Argentina. Los grandes exportadores de carne, como Brasil y Estados Unidos, atraviesan sus propios procesos de recomposición de rodeos, lo que reduce la oferta global justo cuando la demanda de proteína animal viene firme, con mejores precios de exportación y cupos adicionales para la Argentina en Estados Unidos y la Unión Europea. “Aunque en volumen las exportaciones crecieron de forma moderada, la facturación total dio un salto significativo, impulsada por la tracción de China, la Unión Europea y el mercado estadounidense, que se afianza como el segundo destino de la Argentina”, detalló Schild.
Puertas adentro, sin embargo, el consumo interno sigue siendo el gran cliente del sector, aun cuando en lo que va de 2026 las exportaciones absorben cerca del 28% de la producción total de carne vacuna. Entre enero y junio de este año, la cantidad de cabezas faenadas cayó un 10% respecto del mismo período de 2025, un fenómeno que CREA atribuye en parte a un proceso incipiente de retención de vientres. “Esa caída del 10% en la cantidad de cabezas no se tradujo en una baja equivalente de carne gracias al aumento del peso medio de faena, que pasó de 231 a 237 kilos por res, un valor históricamente alto para los estándares argentinos. Esto permitió amortiguar el impacto”, explicó Schild.

Para todo 2026, el área de Ganadería de CREA proyecta una faena total de 12,4 millones de cabezas, un 6% menos que en 2025, compensada por un peso medio de faena que crecería un 2,5% interanual. Con esos números, la oferta se sostendría en el umbral de 3,0 millones de toneladas res con hueso. “El gran desafío que tenemos por delante es cómo logramos aumentar la oferta de carne vacuna de manera sostenible para poder aprovechar las oportunidades presentes en la actual coyuntura”, resumió Schild al cierre de la presentación.




