Extender prácticas de regeneración y conservación los suelos, en el marco de modelos de ganadería y agricultura más amigables con el medio ambiente, suena muy bien en la teoría, pero se vuelve cuesta arriba sin disponibilidad de herramientas financieras que incentiven -y hasta sostengan- aquel proceso de transición. Eso fue lo que especialistas plantearon en la Rural de Palermo, en un encuentro organizado por la ONG The Nature Conservancy (TNC), en colaboración con la propia Sociedad Rural Argentina.
“Somos unos convencidos de que la producción de alimentos de manera sostenible se puede lograr, y pensamos que en Argentina existe una base a partir de la cual construir esa transformación, que implica mayor calidad, ingresos y posicionamiento en el mundo”, señaló Denise Bussio, directora ejecutiva de TNC. Pero para conseguirlo, reconoció, el acceso a instrumentos de financiación resulta vital.
Una mirada interesante fue la que aportó Rodrigo Tornquist, del Observatorio de Capital Natural y Finanzas para la Naturaleza, quien señaló que “lo ambiental dejó de ser un deseable para ser un imperativo”, y que hoy “las aseguradoras y bancos impulsan esta agenda que tiene implicancias a nivel de comercio e inversión”.
“La agenda ambiental está lejos de ser una limitante: es un habilitante para el comercio. Argentina es exportadora neta de servicios ecosistémicos. Tenemos innovación y somos líderes en prácticas regenerativas”, dijo.
Sobre los instrumentos financieros, sostuvo que las opciones actuales son muy variadas y “van desde bonos y canjes de deuda hasta seguros paramétricos”. Pero para que los mismos se vuelvan extensivos, “la agenda ambiental debe integrarse a la económica”.

Por su parte, Diego Ivanier, responsable de Financiamiento para la Conservación (TNC), reflexionó sobre la importancia de “difundir conocimiento” para que las entidades financieras puedan actualizar “sus herramientas de medición de riesgos”.
“Los productores que cumplen con prácticas sustentables incurren en menos riesgos, lo que amerita una tasa de interés más baja y un tiempo de repago más largo. Eso es en lo que trabajamos: en interactuar con los bancos para diferencien las practicas, las reconozcan y den créditos con mejores condiciones”, explicó.
En esta línea, Cecilia Acuña, coordinadora del Protocolo Finanzas Sostenibles de Argentina, indicó que el “sistema financiero se tiene que preparar antes de lanzar productos”, sin embargo, en Argentina “no es mandatorio el análisis de los riesgos ambientales y sociales”. Frente a eso, el Protocolo ofrece herramientas a las entidades financieras para llevar adelante esos estudios.
“Tenemos, por ejemplo, una guía sectorial de agricultura, otra de ganadería, una de energía. Tenemos una aplicación para monitorear deforestación, pasturas y ganadería sostenible, y también una calculadora para que los bancos entiendan qué emisiones tienen sus clientes y los acompañen en su descarbonización. A lo que apuntamos es a que el análisis sea homogéneo y basado en evidencia”, detalló.
Hacia el cierre, y para acercar opciones concretas de financiamiento para proyectos sostenibles, Antonella Di Santo, gerente de Sostenibilidad y Secretaria del Directorio del Banco COINAG, presentó el portfolio de aquella entidad. El mismo cuenta con líneas específicas para agricultura y ganadería regenerativa; para industria verde y producción sostenible; para transición energética; para naturaleza y biodiversidad; y para inclusión y desarrollo social. “La transición es un proceso. Cada etapa tiene diferentes necesidades de inversión y financiamiento”, sostuvo Di Santo.




