Este 30 de julio se alcanzó la fecha que los ambientalistas más temen: el “Día del Sobregiro de la Tierra” o Earth Overshoot Day. Se trata de una estimación que indica que la demanda de recursos naturales y servicios ecosistémicos de la humanidad superó la capacidad anual del planeta para regenerarlos. Desde ese momento, el resto del año transcurrirá en una situación de “déficit ecológico” o “deuda ambiental”.
La noticia fue difundida por la Fundación Vida Silvestre Argentina, en base al cálculo que realiza cada año la organización internacional Global Footprint Network. Ella compara la capacidad de los ecosistemas para regenerar recursos y absorber desechos, con la huella ecológica humana, es decir, cuánto demandamos de la naturaleza para sostener nuestros sistemas de producción y consumo.
Desde hace tiempo, la tendencia es preocupante. Mientras que en 1971 el sobregiro ecológico global se produjo a fines de diciembre, una década atrás se dio a comienzos de agosto. Ahora ocurrió a cinco meses de terminar el año.
“El Día del Sobregiro de la Tierra es un llamado de atención sobre los límites físicos del planeta y sobre la necesidad urgente de transformar nuestros modelos de producción y consumo para vivir dentro de las posibilidades de la naturaleza”, afirmó Manuel Jaramillo, Director General de Vida Silvestre.
Según aquella ONG, “actualmente la humanidad consume recursos a un ritmo equivalente al de 1,7 planetas Tierra, lo que refleja una presión creciente sobre los ecosistemas de los que depende nuestra economía y bienestar”.
El panorama es aún más grave a nivel local, con una fecha nacional de “sobregiro” semanas antes de la global. Este año sucedió el 13 de junio. “Esto evidencia una huella ecológica superior al promedio mundial”, lamentaron.
Pero no todo está perdido para los expertos, que consideran que la transición hacia energías renovables, la mejora de la eficiencia energética, la protección y restauración de ecosistemas, la reducción del desperdicio de alimentos, el impulso a la economía circular y el desarrollo de ciudades más sostenibles” contribuirían a reducir la huella ecológica global.
El rol clave lo tienen las ciudades, que a pesar de ocupar una pequeña porción de la superficie terrestre concentran gran parte del consumo energético y de las emisiones de gases de efecto invernadero.
“Cada año que logremos retrasar esta fecha estaremos ganando tiempo para la naturaleza, para las personas y para las economías. La solución requiere acciones individuales, pero sobre todo decisiones políticas y empresariales capaces de impulsar una transformación profunda hacia modelos más sostenibles”, concluyó Jaramillo.




