Con 63 años, Javier Luengo Bustamante es oriundo de la ciudad de Lincoln, al noroeste de la provincia de Buenos Aires. Se recibió de diseñador gráfico en Buenos Aires y allí comenzó a trabajar para importantes empresas. Cuenta que desde chico le había gustado moldear arcilla y crear piezas de cerámica. “Es que siempre tuve en mi alma una veta artística, que pude seguir desarrollando en el taller que me había armado, por ejemplo, a la hora de diseñar stands para las ferias”, dice, queriendo explicar cómo es que terminó dedicándose en la actualidad a moldear y pintar vaquitas, caballos y otras piezas de cerámica, pero no en serie, sino cada una como una singular obra de arte.
“Hoy reconozco que el arte es mi principal pasión y vocación”, afirma.

Entre 1989 y 2018 Javier alternó su vida laboral con Barcelona, España. Se casó con Cecilia Tellechea y tuvieron tres hijos, Julia y Tomás, en Barcelona, y Theo, en Lincoln. Pero él recuerda un antecedente para explicar por qué le dio por hacer vacas: “En 1990 regresé de España a hacer una campaña publicitaria para Senasa, que tenía como logo la imagen de una vaca con el planisferio pintado en su lomo. Y el slogan era: ‘Sin aftosa, las vacas son mundiales’. Entonces, enseguida viajé de nuevo a España y me llevé una vaca y un caballo de cerámica, con la intención de ofrecer souvenirs que ligaran a mi país con España”.
Recuerda Javier que en la década de los ’90 se realizó una muestra por todo Europa, que se llamó “El arte después del diluvio”, en base a los artistas de la posguerra mundial, la cual lo marcó para siempre en su concepción artística, a la hora de dibujar y pintar, ya que se reconoce muy influenciado por la corriente estética del expresionismo, en especial de Picasso, Basquiat y Javier Mariscal, ya que él proviene proviene del caricaturismo y le huye al hiperrealismo, dice.
Pero señala otro antecedente: “En 1995, estando en España, mi esposa estudiaba arte con especialización en cerámica y se había comprado un horno. De pronto me puse a crear souvenires para el turismo que llegaba en busca del arte de Picasso, Miró y Gaudí. Las primeras fueron pequeñas piezas utilitarias como bandejas, tazas, relojes, etc., que pinté con estética y diseño”.
Ahora Javier explica cómo empezó a diseñar, moldear y pintar animales, pero de modo cada vez más constante y formal: “En 1995, habiendo regresado a mi país, me convocaron para desarrollar la imagen, marca y concepto de un hotel boutique, en Lincoln, que se llamó ‘Mestizo’. Luego me pidieron que hiciera 24 caballos para cada habitación y el restorán, pintados, como piezas únicas, de unos 30 a 40 centímetros de alto, medida que hasta hoy mantiene, salvo excepciones. Luego, como hobby, me puse a hacer vacas. Me invitaron a hacer una exposición en el museo histórico de Lincoln, y al tiempo surgió la idea de montar una exposición itinerante, que realizo hasta hoy, a la que titulé ‘Miradas sobre una vaca’”.
Relata Luengo que luego se le ocurrió invitar a artistas de la ciudad donde se presentaba, para que intervinieran con su impronta en sus obras. Siempre, preponderando las vacas, que hasta hoy son su producto artístico más difundido, y que se han vuelto un ícono en el mundo agropecuario. “Así fue como pasamos a hacer la muestra en Bragado, después en Chacabuco, después en Junín y hasta llegué a estar seis meses en el Mercado de los Carruajes, en Buenos Aires, donde ya se volvió un encuentro colectivo de artistas, y en el que participaron celebridades de la plástica, de la arquitectura, del diseño gráfico y fotógrafos”, comenta.

La razón de que las vaquitas de Luengo se volvieran muy conocidas en el ambiente nacional de la ganadería, fue porque un día, participando en la feria BADA, que se realiza todos los años en agosto en La Rural de Palermo, le hicieron una nota en la revista de la misma Rural. Detalla, el diseñador y artista linqueño: “Al poco tiempo, el periodista agropecuario, César Tapia, oriundo de Las Toscas, pueblito cercano a Lincoln, me contactó con el IPCVA (Instituto de Promoción de la Carne Vacuna), cuyos directivos decidieron incluir mis vacas como trofeos para sus concursos y como regalos institucionales. Hoy le moldeo unas 250 piezas por año”.
“Y como exhibí mis obras en la ExpoQueso de Lincoln -sigue Javier-, me vinculé con el sector lácteo. La familia quesera Lacau, de Lincoln, me ha pedido vacas y se me fue abriendo un abanico de posibilidades en el ámbito rural. Pinté mis vacas en vivo en la ExpoRural de Palermo y en Expoagro, y este año no llegué, pero tenía previsto exponer en el encuentro de Mercolátea de Tandil”, señala.

Luengo explica que no sale de su asombro respecto del fenómeno que le viene sucediendo con sus vacas. Hoy las vende en una serie de galerías de arte de Buenos Aires y de la zona norte del conurbano, como San Isidro, Martínez y Vicente López. Dice: “Genero las piezas en barro, con un molde muy básico, pero no hago dos piezas iguales – eso se llama el ‘bizcocho’, que es la pieza en blanco y que horneo-. Luego, las intervengo yo, pintándolas con mi impronta, o invito a otros artistas a que lo hagan”.
“Un fotógrafo, por ejemplo, se fue a un campo, fotografió vacas y luego rodeó mi vaca con sus fotos, simulando que eran selfies de la misma vaca. Diseñadoras de indumentaria han vestido una vaca, un artesano en cuero, otro en madera, un herrero y demás, han intervenido mis vacas, cada uno con sus materiales”.
Comenta que ya lo han invitado a seguir con su muestra itinerante en San Pedro y tiene ganas de presentarla en San Antonio de Areco. “Otro factor que me ha ayudado a concretar mis giras por la provincia de Buenos Aires, en estos tiempos en que cuesta tanto, se debe a mi experiencia de trabajo en el mundo de la comunicación, como diseñador –dice, el artista linqueño-. Siempre consigo algunas empresas que me patrocinen, por ejemplo, a través de sus fundaciones, o semilleras o empresas ganaderas o lácteas y demás. Llevo una vaca de fibra de vidrio, en tamaño natural, y a la serie de mis obras personales la titulé ‘Fauna aflora’, porque cuando las empiezo a pintar, me afloran historias o personajes”, resalta.
Javier Luengo, luego de una vida de mucho trabajo, cambiando de hogar y de país con toda su familia, hoy ha logrado llevar una vida apacible y modesta, en su casa y taller de Lincoln, para dedicarse a expresar sus dotes de artista y pudiendo vivir de él, que no es poco.
“Soy un agradecido de la vida, porque siempre pude hacer lo que me gusta, aunque muchas veces me costó sudor y lágrimas. Tengo la idea de regresar el año que viene a trabajar en Barcelona para obtener la jubilación de allá, donde llevo muchos años de aportes, pero no pienso dejar de pintar mis vacas, tanto en Barcelona como en Lincoln”, culminó.
Javier Luengo Bustamante eligió dedicarnos la canción “Sur o No Sur”, de y por Kevin Johansen y su banda.





