“Si vos me preguntás, las hembras las voy a tratar de tener todas”. Con esa definición, Marcelo Huber, productor Braford de Bell Ville, Córdoba, resume una de las decisiones que está tomando frente al actual escenario de la ganadería: retener vientres. Al frente de Agropecuaria La Olguita, una empresa que combina agricultura y ganadería, el ganadero maneja un rodeo de unas 1.000 madres y sostiene que, con los valores actuales de la invernada y de los vientres, la cría ofrece una oportunidad que no aparece todos los días.
“Estoy totalmente convencido que el que retenga un vientre, aunque tenga que salir a comprar algo para alimentarlo y pasar el período duro, va a ganar. El número va a ser muy bueno”, afirmó. Según explicó, hoy un vientre general puede rondar los 2,5 millones de pesos, mientras que un ternero puede ubicarse entre 1,3 y 1,5 millones. “Te comprás una máquina preñada y cuando lograste el ternero ya pagaste la mitad de la inversión”, graficó.
Para Huber, el atractivo está especialmente en los buenos índices productivos que puede alcanzar una cría eficiente. “Hoy todos sabemos que un buen ternero de 210 o 220 kilos te lo buscan y te lo sacan de las manos porque es lo ideal para entrar a cualquier feedlot. Ese número es muy bueno”, señaló.
En ese contexto, considera que hay margen para que la ganadería incremente el número de madres y produzca más terneros en los próximos años.
Sin embargo, advierte que la retención no se produce de manera masiva porque existen restricciones estructurales. “Los campos estructurados para ganadería quedaron muy pocos. Acá fue más fácil hacer soja y agricultura”, indicó. Quien quiera volver a agrandar su rodeo debe invertir en infraestructura, instalaciones y manejo. “La inversión en lo que vayas a hacer para tener una vaca, un bienestar animal o una manga no es barata”, remarcó.
A eso se suma un factor que todavía genera cautela. “Muchos acá están con miedo a que vuelva a lo que venía pasando, a no tener un valor previsible de acá a un tiempo”, indicó. De todos modos, Huber cree que el escenario actual es diferente y que quienes lograron atravesar los años difíciles pueden aprovechar la oportunidad. “El negocio de la ganadería hoy es bueno. Los que aguantamos llegar a este momento pasamos un montón de cosas y muchas veces miramos para atrás y dijimos: ‘No dejamos ni una’”, recordó.
La empresa que conduce nació con una fuerte orientación agrícola, pero incorporó ganadería cuando adquirió un campo con sectores que no eran aptos para agricultura. Comenzó con unas pocas madres de rodeo general y, después de inscribirse en la Asociación Braford Argentina, fue transformando el planteo hasta convertirse en una cabaña de ciclo completo.
Actualmente, trabajan sobre unas 600 hectáreas de suelos complicados, con sectores anegables, y manejan entre 1.500 y 1.800 animales a campo durante buena parte del año. Además, destinan unas 200 hectáreas agrícolas a generar reservas y alimento para el feedlot.
El 100% del rodeo está inscripto en Braford. Cerca del 60% está controlado y registrado, mientras que el resto corresponde a animales avanzados dentro de la raza. La apuesta genética está puesta en producir animales funcionales y, especialmente, con información que permita mejorar los resultados. “Nuestra visión siempre es ir con animales para generar buen dato en facilidad de parto. Esa es nuestra visión y nuestro objetivo dentro del establecimiento”, detalló.
La elección de Braford también responde a las características de los campos donde producen. Huber observa que la raza, tradicionalmente asociada a las regiones del norte, está ganando espacio en la zona central porque permite producir en ambientes donde otras alternativas tienen mayores dificultades. “La zona central tiene partes complicadas, partes duras, suelos salinos donde no generás otra cosa más que una grama. Cuando empezás a leer los datos de Braford y Brangus en kilos al destete y en preñeces, en estos ambientes es difícil competirle”, aseguró.
El sistema es intensivo y de ciclo completo. Los terneros se destetan con unos 180-190 kilos en las hembras y 210-220 kilos en los machos, con alrededor de seis meses o seis meses y medio. Luego realizan una recría de unos 60 días sobre lotes agrícolas, donde siembran verdeos de avena, cebada y otras especies sobre maíz mediante siembra aérea. Este esquema permite integrar ambas actividades y, según Huber, genera beneficios también para el suelo.
“Estamos en un promedio de 550 a 600 gramos por ternero por día”, contó sobre la recría de este año. Los animales suman entre 45 y 50 kilos antes de pasar al encierre, donde completan el proceso hasta la faena. Trabajan con animales enteros y venden desde ejemplares de 440-450 kilos hasta novillos de 600, 620 y 640 kilos.

Precisamente, la posibilidad de producir animales pesados es otra de las ventajas que encuentra en el planteo. “Hoy en día conviene, con el mercado como está, vender animales más pesados, criarlos para llevarlos a más pesados”, sostuvo. Y agregó que la conversión que observa en los animales Braford hace que esos kilos adicionales tengan sentido económico.
La integración entre agricultura y ganadería es central en La Olguita. Después de la cosecha de maíz, los animales ingresan a los lotes con verdeos implantados previamente. Aprovechan chala, grano y espigas que quedaron en el campo, además del cultivo de cobertura, mientras se mantiene la protección del suelo. “La ganadería le está aportando mucho a la agricultura”, resumió.




