El girasol atraviesa uno de sus mejores momentos comerciales y productivos de los últimos años. Con una campaña 2025/26 que dejó unas 7,4 millones de toneladas sobre 3,2 millones de hectáreas sembradas y una proyección que podría superar los 7,5 millones de toneladas en el próximo ciclo, el cultivo se convirtió en una de las alternativas más atractivas para el productor argentino. Pero detrás de los buenos márgenes hay dos cuestiones que obligan a estar atentos: la forma de comercializarlo y la exposición del cultivo al clima.
“Sin dudas es el cultivo estrella en valor teniendo en cuenta los costos de implantación”, explicó Sergio Juvé, analista del mercado de granos. Según detalló, el costo del girasol puede ubicarse aproximadamente 25% por debajo del de la soja, e incluso llegar a una diferencia de 30% en algunos casos.
A eso se suma una relación de precios muy favorable. “En precio de girasol contra soja, estás en una relación aproximadamente de 1,3, 1,4 girasol-soja”, señaló. De acuerdo con Juvé, esa combinación permite obtener una rentabilidad neta que puede ser alrededor de 25% superior a la de la soja.
El contexto internacional también explica buena parte de la fortaleza del negocio. El mercado mundial de aceites se mantiene firme y volátil, con una demanda que supera a la oferta disponible de girasol. Los conflictos internacionales, particularmente la continuidad de la guerra entre Rusia y Ucrania, contribuyen a sostener los valores, mientras que también juegan la evolución del aceite de palma y la situación productiva de otros grandes proveedores.
“Vamos a tener mucha cantidad de girasol a nivel mundial, pero la demanda de aceite es superior”, resumió Juvé. En Argentina, el precio FOB del aceite de girasol acumuló una suba mensual cercana al 5%, mientras que también se registraron incrementos en Rotterdam. Así, los precios locales llegaron a superar los 500 dólares por tonelada, tanto para el disponible como para la nueva campaña.
El girasol (¡otra vez!) se presenta como el gran negocio comercial de la campaña argentina 2026/27
Pero justamente en esos valores aparece una de las principales cuestiones a vigilar: no siempre el precio que se anuncia es el que finalmente recibe el productor. “Hay que estar atento a lo que es el precio lleno”, advirtió Juvé. Explicó que algunas ofertas pueden partir de un valor, por ejemplo 450 dólares, y luego sumar premios de 20, 20 o 10 dólares, mientras que en otros casos se ofrece directamente un precio lleno.
La diferencia no es menor, porque el mercado del girasol es mucho más chico y concentrado que el de soja, maíz o trigo. Hay menos compradores y tampoco existe un mercado de futuros que permita contar con las mismas herramientas de cobertura. Por eso, antes de cerrar una operación, el productor debe mirar no solamente el valor ofrecido sino también dónde entrega, cuánto le cuesta trasladar la mercadería, las condiciones de recepción, la humedad, el secado y la logística.
“Lo primero que tenemos que analizar es eso, más allá del precio”, remarcó Juvé. También recomendó prestar especial atención a la forma en que se liquida la mercadería. En el caso de las entregas a puerto o de los compradores zonales, puede haber diferencias entre recibir un precio lleno desde el comienzo o que determinados componentes se incorporen en liquidaciones parciales o en la liquidación final.
“Es algo que el productor hoy tiene que empezar a mirar un poquito más fino”, sostuvo. En un mercado donde las condiciones de compra son establecidas por los compradores, conocer exactamente qué incluye el precio resulta clave para evitar que un valor aparentemente muy atractivo termine siendo menor en términos efectivos.
La logística es otro punto sensible. Juvé aconsejó asegurarse con anticipación la posibilidad de sacar la mercadería del campo, especialmente frente a la posibilidad de un año con abundantes lluvias. A diferencia de la soja o el maíz, el girasol tampoco se presta de la misma manera al almacenamiento en silo bolsa. “Lo más conveniente es en planta”, indicó, y consideró razonable comenzar a colocar parte de la producción con los valores actuales.
El otro gran factor de incertidumbre es el clima. La perspectiva de un año Niño introduce un riesgo particular para el cultivo. “El girasol puede llegar a ser afectado por exceso hídrico”, explicó Juvé. El problema aparece especialmente durante la formación de la torta: con demasiadas lluvias, el cultivo puede resignar producción.
El analista recordó que el girasol suele tener un buen comportamiento en campañas secas, justamente cuando no se presentan excesos hídricos. Por eso, aun con un mercado que considera “óptimo”, la decisión de sembrarlo requiere contemplar las características de cada zona y el manejo agronómico.
“Muchas veces es preferible equivocarse con un girasol que te da un muy buen margen y un costo de implantación por debajo de soja y maíz”, concluyó Juvé.
Así, el girasol aparece como uno de los negocios más interesantes de la próxima campaña, con precios firmes, una demanda internacional sostenida y una estructura de costos favorable. Pero el margen no depende solamente de sembrarlo: también habrá que venderlo bien, conocer cómo se compone el precio, resolver la logística y, sobre todo, estar atentos a un clima que puede terminar definiendo cuánto de ese buen negocio llega finalmente al resultado del productor.





