Los bananeros de Laguna Naineck, en Formosa, finalmente hicieron hoy la protesta que habían anunciado para visibilizar la crisis de la actividad. En la plaza General Belgrano, en Laguna Blanca, los productores repartieron los 5.000 kilos de banana madura y los cachos de banana verde que habían previsto regalar para mostrar una realidad que vienen denunciando desde hace años. Hay fruta en las chacras, pero faltan compradores, los precios no alcanzan y cada vez quedan menos familias dedicadas a producirla.
La movilización se produjo apenas dos después de que la Federación Agraria Argentina Filial Laguna Naineck mantuviera una reunión de casi tres horas con el ministro de la Producción y Ambiente de Formosa, Lucas Rodríguez, y su equipo técnico. El encuentro abrió una instancia formal de diálogo con el Gobierno provincial, pero no alcanzó para desactivar el reclamo. Los productores decidieron mantener la manifestación y, al mismo tiempo, plantear en la mesa oficial las herramientas que consideran necesarias para intentar recuperar una actividad que viene perdiendo superficie, productores y capacidad productiva.

Este “bananazo” estaba previsto para el sábado, pero fue pospuesto para hoy en virtud de la voluntad de abrir el diálogo para buscar soluciones a las familias bananeras del norte formoseño.
La reunión del viernes en la Casa de Gobierno de Formosa se produjo después de varios pedidos de audiencia realizados por los bananeros. Allí, la filial de FAA encabezada por Pánfilo Ayala presentó un documento titulado “Crisis productiva, propuestas de políticas públicas para su recuperación”, con nueve reclamos concretos.
El petitorio plantea establecer un precio mínimo de referencia obligatorio para la banana, fortalecer las compras públicas, promover el agregado de valor en origen, implementar aportes no reembolsables y revisar las cargas impositivas y las aduanas internas. También reclama un marco legal para el desarrollo sostenido de la actividad, mejoras en los caminos rurales, infraestructura hídrica estratégica y créditos de fomento adaptados a los pequeños productores.
Del otro lado de la mesa, Rodríguez y su equipo técnico expusieron el diagnóstico que está elaborando la Provincia sobre la superficie actualmente cultivada con banana y explicaron los programas que tienen preparados para el sector, incluyendo sus alcances técnicos y las fuentes de financiamiento previstas.
Todavía no hubo un acuerdo sobre los nueve puntos ni respuestas definitivas para los productores. La FAA pidió un análisis exhaustivo del documento y respuestas favorables “a la brevedad”. Por eso, la protesta de hoy funciona también como una forma de mantener visible la presión mientras se desarrolla la nueva instancia de diálogo.
La consigna elegida para la movilización fue tan sencilla como gráfica. “Regalaremos 5.000 kilos de banana madura”, había anunciado la filial de FAA para la medida prevista para el sábado pasado. La idea era que los consumidores pudieran llevarse la fruta mientras los productores exponían al costado de la ruta lo que consideran una contradicción cada vez más difícil de sostener. Producen banana, pero no consiguen colocarla en el mercado en condiciones que hagan viable la actividad.
La crisis tampoco nació con esta movilización. Laguna Naineck fue durante décadas uno de los principales núcleos bananeros de Formosa, pero la superficie destinada al cultivo se redujo de manera drástica. Los propios productores fueron relatando durante los últimos años cómo se fueron abandonando chacras, arrancando plantas y reemplazando la banana por otras actividades.
Este año, durante una recorrida por la zona, Bichos de Campo pudo recoger varios testimonios que muestran las distintas etapas de ese proceso. El propio Pánfilo Ayala, productor bananero y dirigente federado, decidió dejar de cultivar banana después de años de pérdidas. Otros productores comenzaron a reducir la superficie trabajada porque ya no podían afrontar los costos de mantener las plantaciones. También aparecen familias que diversificaron hacia otras producciones para sostenerse y productores que directamente evalúan o concretan la venta de sus chacras.
En uno de los casos relatados recientemente por Ayala, un productor federado de la zona terminó vendiendo 80 hectáreas porque ya no podía sostener la explotación y se volcó a otro negocio. El dato sirve para dimensionar que el problema ya no pasa solamente por una campaña mala o por una caída circunstancial del precio. Lo que está en discusión es la continuidad de una actividad y de las familias que históricamente vivieron de ella.
Según las estimaciones que vienen manejando los propios productores, la superficie bananera de Formosa se redujo en las últimas tres décadas desde unas 12.000 hectáreas hasta alrededor de 200. También sostienen que en los mejores momentos más de 5.000 familias llegaron a depender directa o indirectamente de la actividad.
La situación productiva combina problemas de comercialización, precios y costos con una competencia creciente de la fruta importada. Ayala había explicado recientemente a este medio que algunos productores estaban cobrando entre 2.500 y 3.000 pesos por una caja de 22 kilos de banana verde, un valor que, según sus cálculos, no llega a cubrir una cuarta parte de los costos de producción. Desde el sector estiman además que mantener una hectárea demanda alrededor de 6 millones de pesos anuales, principalmente por el peso de la mano de obra y los fertilizantes.
La apertura del diálogo con el Ministerio de la Producción llegó después de un intento fallido de los bananeros por ser recibidos directamente por el gobernador Gildo Insfrán. El viernes 28 de agosto, productores de la zona norte de Formosa viajaron unos 150 kilómetros desde Laguna Naineck hasta la capital provincial para pedir una audiencia y llevarle al mandatario el reclamo por la crisis de la actividad. Permanecieron casi dos horas frente a la Casa de Gobierno, pero no fueron recibidos. Según relató entonces Ayala a este medio, terminaron regresando con un número de expediente y un teléfono para hacer el seguimiento del pedido.
La situación que pretendían plantear ya mostraba hasta dónde había llegado el deterioro. Según Ayala, el productor federado que había vendido semanas antes 80 hectáreas porque ya no podía sostener la explotación había puesto un quiosco como alternativa para vivir. “En eso nos convertimos”, dijo el dirigente, al recordar el retroceso de la actividad y la cantidad de familias que alguna vez dependieron de ella.
En aquella movilización, los productores ya habían presentado prácticamente la misma agenda que ahora llevaron a la mesa con el ministro Lucas Rodríguez. Precio mínimo de referencia, canales de comercialización y compras públicas, créditos de fomento, un marco legal específico para la actividad, caminos rurales, infraestructura hídrica y reducción de cargas fiscales y aduanas internas.
La diferencia ahora está en que el Gobierno provincial finalmente abrió una instancia formal de diálogo. Pero la protesta de hoy muestra que los productores no consideran cerrado el conflicto. El reclamo sigue en la ruta mientras esperan que los programas que presentó el Ministerio y el relevamiento de la superficie bananera se traduzcan en medidas concretas.
Ayala resumió la posición de la filial con una consigna que acompañó la movilización de hoy, anteponiendo la apertura de diálogo a la “lucha de siempre”. La señal es clara en términos productivos. Los bananeros aceptaron sentarse a conversar con la Provincia, pero no dejaron de mostrar afuera de esa mesa la fruta que se les pudre en las chacras.





