La historia de La Sultana de Groppo comenzó hace más de 60 años en el sudeste de Córdoba, pero el negocio genético que hoy desarrolla su titular, Mauricio Groppo, ya tiene una dimensión mucho más amplia.
La cabaña, que actualmente trabaja exclusivamente con Brangus, está llevando su genética a distintos países de Latinoamérica y busca seguir ampliando ese mapa.
“Estamos con un proyecto que se llama núcleo genético de La Sultana, que está desparramado en distintos puntos de Latinoamérica”, explicó Groppo a Bichos de Campo, quien también es el presidente de la Asociación Brangus Argentina.

Ese proyecto ya tiene presencia en Uruguay, Paraguay, Brasil y Colombia, mediante asociaciones estratégicas con productores de esos países para multiplicar allí la genética desarrollada en Argentina. Ahora también aparecen oportunidades en Centroamérica, luego de la apertura de los protocolos sanitarios con Panamá y Costa Rica.
La apuesta se apoya en la adaptación de la raza a diferentes ambientes. Esa versatilidad permite que la genética pueda ser utilizada tanto en regiones tropicales y subtropicales como en zonas templadas, modificando la proporción de componente británico y cebú de acuerdo con el ambiente.
“Esa plasticidad, esa versatilidad que tiene la raza nos pareció muy importante para poder potenciar ese crecimiento”, sostuvo Groppo.

Y esa posibilidad se transforma en un diferencial comercial cuando el cliente extranjero plantea exactamente qué necesita. La Sultana puede seleccionar las donantes y los padres para producir embriones de acuerdo con las características del campo y del rodeo receptor. “Muchas veces el cliente te dice: ‘Mi campo es así, estoy en esta región, tengo este rodeo. Haceme un Brangus a medida’. Y esa es la idea”, explicó.
La cabaña comercializa animales en pie, semen y embriones, pero el embrión es la principal herramienta para exportar genética. “El embrión es la forma más efectiva de mover el 100% de la genética”, afirmó. Con semen se traslada solamente la mitad de la genética, mientras que enviar animales en pie implica además resolver cuestiones de adaptación y costos logísticos.
La tecnología reproductiva permite responder con bastante rapidez a una demanda concreta. Una vez seleccionados el donante y el padre, mediante fertilización in vitro se pueden aspirar ovocitos y obtener los embriones en unos ocho días. Luego comienza el proceso sanitario y de exportación, que puede demandar dos o tres meses cuando los protocolos entre los países ya están habilitados.
En los mercados más cálidos, la selección apunta a animales con mayor proporción de componente cebú y características que les permitan soportar temperaturas y humedad elevadas. La Sultana trabaja incluso sobre largo de pelo, capacidad de peleche y resistencia a la garrapata.
“Estamos midiendo pelo de verano y pelo de invierno”, explicó Groppo. También destacó el trabajo para identificar animales naturalmente más resistentes a la garrapata, con el objetivo de incorporar esa información al programa de selección y generar reproductores especialmente preparados para esos ambientes.
La genética también tiene una fuerte demanda en Argentina. En el remate anual número 55 de La Sultana, realizado el 25 de agosto, en el cual el martillo estuvo a cargo de Colombo y Magliano, los toros y vientres tuvieron una buena respuesta. Los toros se vendieron “un piso de más de 2.000 kilos de novillo”.
El desafío de La Sultana está anclado no sólo en los reproductores para el mercado local sino también en el desarrollo de los negocios de exportación.
“Hoy tenemos una genética muy diferenciada a nivel mundial”, afirmó Groppo. La estrategia es aprovechar ese reconocimiento para transformar la genética argentina en un negocio de exportación cada vez mayor, con embriones diseñados para las necesidades de cada mercado y de cada productor.




