“En una exhibición que dura apenas unos minutos, muchos de quienes la presencian pueden desconocer que las destrezas que despliega un jinete con su caballo son el resultado de cientos de horas de trabajo silenciosoitún”, reflexiona Juan Carlos “Juanchi” Peretto, con 42 años propietario de la cabaña El General, en los pagos de La Emilia, partido de San Nicolás, en el norte de Buenos Aires. Es el padre del jinete más jovencito de la final de “Domando entre Petisos”, realizada el pasado sábado en la pista central de la Rural de Palermo.
El niño, Juan Bautista Peretto, de apenas cinco años, realizó la prueba de doma y mansedumbre montando a su compañera “Llitún” de la raza Petiso Argentino y que posee un año menos que él, conmoviendo al público presente que lo colmó de aplausos.

Los Petiso Argentino son registrados como nueva raza equina desde1968 y fueron creados pensando en que monten los niños, si bien con los años fue siendo aprovechada además para diversas tareas rurales, disciplinas y deportes ecuestres.
Este campeonato en Palermo tiene como antecedente a una etapa preclasificatoria que transcurre en la misma Sociedad Rural en marzo de cada año, con chicos de varias edades y de diversas cabañas.
La historia de Bauti y de Llitún -nombre que proviene de un verbo de la lengua mapudungún y que significa “empezar”-, comenzó muchos meses antes, persiguiendo el sueño de llegar a la pista central de Palermo. El papá de Bauti detalla: “No hubo entrenamientos intensivos ni objetivos deportivos sino largas tardes en el campo, con paciencia, donde cada ejercicio se transformó en un juego para que nuestro hijo disfrutara y su caballo aprendiera, pero mansamente confiando y no por pura imposición”.
“Pero como en cualquier proceso de formación, también aparecieron dificultades -aclara Juanchi-, porque hubo días en los que Llitún no quería echarse, otros en los que el paso español no salía como esperaban. Este paso es uno de los movimientos más elegantes y vistosos que puede realizar un caballo. Consiste en avanzar, pero levantando y extendiendo cada ‘mano’, es decir las patas delanteras, de forma alternada, casi hasta la horizontal con un movimiento amplio, lento y cadencioso. Aunque muchos lo asocian con la doma clásica, en realidad es un ejercicio tradicional de exhibición, cuyo origen está en la tradición ecuestre española y hoy suele verse en espectáculos y demostraciones”, señala Juanchi.

“El frío del invierno nos obligó a modificar rutinas de trabajo para cuidar, tanto al caballo como al pequeño jinete -continúa Peretto-. Hubo momentos de frustración, de volver a empezar y de recordar que el objetivo nunca era ganar una competencia sino construir una relación basada en la confianza entre el jinete y su compañera. Cada pequeño avance era celebrado como un gran triunfo. La preparación también incluyó los detalles que muchas veces nadie ve: el cuidado del pelaje, la alimentación, las caminatas, la elección de la ropa, el recado, los ensayos para que Bauti pudiera desenvolverse con tranquilidad frente a miles de personas, y hasta las conversaciones familiares para enseñarle que lo importante era disfrutar la experiencia”, profundiza.

Peretto, abrazado a su esposa Natalín Urroz, comenta que hace apenas un año ingresó con su familia a la Asociación de Criadores de Petiso Argentino, lo que los hace muy felices y concluye: “A la pista no sólo entró un niño montando a su caballo sino una familia completa, representada en ese pequeño paisano que llevaba sobre sus hombros meses de dedicación compartida”.
“Cuando llegó el gran día, todos estábamos nerviosos, pero de pronto ocurrió la magia, superando el cansancio y las dudas. En esa conexión entre un niño y su compañera de cuatro patas afloró algo que no puede enseñarse sólo de memoria, sino que nace del respeto, la paciencia y el cariño”.

Completa la mamá de Bauti: “La ovación del público fue mucho más que un aplauso para una demostración de mansedumbre. Fue un reconocimiento a una forma de criar, de enseñar y de entender la relación entre las personas y estos animales. Al final de la presentación en Palermo nos dimos cuenta de que la historia recién empieza y que, aunque los grandes campeones no siempre lleguen a levantar un trofeo, sí siempre dejarán una huella en el corazón de quienes los contemplen”.





