Durante años, en una economía atravesada por niveles elevados de inflación, los engordadores a corral podían contar con una variable adicional a la hora de proyectar sus números: que el precio nominal de la hacienda terminara acomodándose con el correr de los meses. Con una inflación bastante más controlada, esa expectativa ya no resulta tan sencilla.
Así lo explicó Fernando Storni, presidente de la Cámara Argentina de Feedlot (CAF), en diálogo con Bichos de Campo, al analizar el escenario que atraviesa actualmente el sector, marcado por una relación de compra-venta que sigue jugando en contra de los corrales.
“Cuando hablábamos de futuras subas, en una economía diferente a la que tenemos ahora, con una inflación mucho más controlada, era lógico esperar aumentos. La gente tenía ganancias por el propio hecho de tener los animales y que estos cambien de valor”, explicó. Esa variable, marcó, es ahora mucho más difícil de incorporar a las cuentas de antemano.

“Hoy es difícil pensar de qué grado va a ser esa suba. Es decir, si yo a fines del 2023 te decía que en marzo la hacienda iba a valer un 30% más, no te lo afirmaba, pero te decía que era probable. Ahora es difícil pensar en subas del 5% al 10%”, comparó Storni a continuación.
Por eso, más que apostar a una futura recomposición del gordo que termine cerrando la ecuación, el dirigente consideró que los engordadores deben prestar especial atención al precio al que compran la hacienda que ingresa al corral.
“Eso es lo que merece una alerta desde el punto de vista del eslabón nuestro, de ver qué valores se convalidan de invernada, teniendo en cuenta que no se ve una expectativa importante de suba con respecto a los precios actuales”, sostuvo.
El planteo aparece en momentos en que la brecha entre el precio de compra de la invernada y el valor al que luego se vende la hacienda terminada continúa siendo el principal condicionante del negocio.
“El diferencial de compra-venta es tan alto que cada vez se hace más difícil. Necesitás más días para dar vuelta esa ecuación y, a medida que vos avanzás, también empezás a perder valor de ese producto que se vuelve más pesado”, explicó el titular de la CAF.
En cambio, el alimento, que constituye el segundo costo en importancia para los feedlots, no es hoy el principal problema. Según Storni, pese a algunas subas recientes del maíz y de otros costos, todavía permite producir kilos dentro del corral a valores que resultan convenientes frente al precio de venta.
“Todavía te permite tener un costo por kilo producido en un animal liviano de alrededor de los 3.000 pesos, versus un valor cercano a los 5.000 pesos de venta. Tenés una ganancia en los kilos que se producen dentro del corral”, señaló.
El inconveniente aparece antes: en el precio que hubo que pagar por ese ternero o ternera para comenzar el proceso de engorde.
Según el modelo estimado por la CAF, sin computar el costo financiero un feedlot necesitaría un precio del gordo de 5.056 pesos o comprar la invernada a no más de 6.300 pesos para quedar en equilibrio.
“Cuando voy a costo financiero, la invernada no puedo pagar más de 5.000 pesos y necesito 5.300 para empatar la ecuación con una tasa de descuento”, agregó.
En ese contexto, una de las estrategias que vienen adoptando los productores es extender los engordes para incorporar más kilos. Storni señaló que actualmente los machos permanecen alrededor de 140 días en los corrales, con ganancias diarias de entre un kilo y 1,2 kilos, mientras que los tiempos son algo menores para las hembras.

A eso se suma una mayor demanda de animales pesados por parte de la exportación, que en algunos casos lleva todavía más lejos los períodos de encierre.
“Hablamos de industria que te pide 180 días, 150, 170”, indicó Storni. Y aclaró que no se trata únicamente de producir más kilos: “No solamente más kilos, sino ir a un animal que te permita incorporar más grasa intramuscular y presentar un bife de mayor calidad”.
De todos modos, el titular de la CAF evitó, por ahora, pintar de rojo la situación de los feedlots. Según dio cuenta, la ocupación viene bajando desde hace tres meses y en la última medición retrocedió 4%, hasta ubicarse en 71%, pero continúa siendo alta para esta época del año.
Además, remarcó que parte de ese movimiento responde a la propia estacionalidad del negocio.
“Los meses en baja de ocupación tienen que ver con un tema estacional”, explicó. Y agregó que, a diferencia de otros años, cuando existían picos mucho más marcados de ingreso y egreso de animales, actualmente “las salidas de los corrales son mucho más estables a lo largo del año”.
¿Puede aparecer finalmente darse esa esperada recomposición? Storni consideró que una reducción de la oferta hacia fin de año y durante los primeros meses de 2027 podría generar cierta tensión con la demanda y algún movimiento de precios, aunque se mostró prudente respecto de su magnitud.
“Es difícil imaginar qué va a pasar con los precios, pero sin duda alguna tensión vas a tener entre oferta y demanda Uno debería esperar primero que el consumo recupere en función de poder adquisitivo”, afirmó.




