Semanas atrás, Bichos de Campo daba a conocer la noticia de que la empresa Embraer, histórica fabricante de aviones brasileña, empezará a ingresar con un modelo específico de sus aeronaves agrícolas que puede ser propulsado íntegramente por bioetanol.
Se trata del Ipanema 203, el único avión en el mercado con esa cualidad, que ultima detalles para volar en los campos argentinos con el combustible que, justamente, proviene de ellos. Tras celebrar su “bautismo” en el aire local, ahora conocemos la otra parte de esa historia, que la escribió una fábrica de bioetanol santafesina.
La demostración del Ipanema 203 fue llevada a cabo semanas atrás en el Aero Club Alto Paraná, ubicado en Eldorado, Misiones. Por fuera, la aeronave es como cualquier otra dedicada a la pulverización agrícola, pero dentro está su particularidad: fue diseñada para funcionar con bioetanol de maíz o caña de azúcar, sin necesidad de mezclarlo con otros combustibles.
Hace 20 años que la firma Embraer se jacta de ser la única en el mercado con esa tecnología. Y ahora, que planean desembarcar en Argentina y propulsarse con el bioetanol producido aquí, ya hicieron su primer vuelo y cargaron el tanque con el combustible de Bioenergías Agropecuarias S.A, una firma del norte santafesino con mucha historia en el sector.
A propósito de la noticia, Juan Facciano, director de Essential Energy Holding, al que pertenece la planta de bioetanol, dialogó con Bichos de Campo sobre el proyecto productivo detrás de la novedad, y las puertas que que se abren en un sector en franca expansión.

Ubicada en la localidad de Villa Ocampo, en el norte provincial, la planta de Bioenergías Agropecuarias nace oficialmente en 2012 a partir de un proyecto de productores y comerciantes de Villa Ocampo que buscaban recuperar la antigua destilería del ingenio Arno. Años después, el control mayoritario pasó a manos de inversores rosarinos y la firma quedó integrada a Essential Energy Holding.
En cierto punto, la planta condensa la transición entre la producción azucarera y la maicera de aquella región. En los años noventa, de la mano de la crisis y posterior quiebra de Welbers, quedó paralizada la destilería vinculada al ingenio Arno. Casi tres décadas después fue recuperada para procesar melaza de caña y cereales, aunque actualmente su producción se apoya principalmente en el maíz.

“El proyecto surgió también como una forma de dar una solución al entramado productivo del norte de Santa Fe, porque así se consume maíz que, de lo contrario, iría directamente al puerto”, señaló Facciano, cuyo grupo económico estuvo encargado de terminar la construcción de la planta hoy ubicada en el área industrial de Villa Ocampo.
Con una capacidad para producir hasta 6.000 metros cúbicos de bioetanol por mes, compran parte de su producción a cooperativas de la zona -como la de Avellaneda-, procesan el alcohol que luego se dirige a centros de mezclado regionales y venden sus subproductos. Muchos de los cuales, como es el caso de la burlanda del maíz en la ganadería, son demandados por otras actividades.
En ese punto, más que específicamente en el ahorro de fletes para el traslado de los granos al puerto, es que Facciano destaca la importancia de contar con industrias de ese tipo. “A veces cuesta dimensionar el efecto multiplicador que genera el agregado de valor en origen y de la enorme cantidad de subproductos que deja en la región cada tonelada de maíz que consume una planta de bioetanol”, señaló.
Esto ilustra lo abarcativa que es la discusión en torno a los biocombustibles, en un sector que intenta sobreponerse sobre los tradicionales lobbys petroleros e insiste en que no se trata únicamente de sustentabilidad o del precio de los granos para el productor. Es todo un entramado industrial que se construye.
Además, en caso de que se requieran mezclas, el corte con bioetanol puede llevarse a cabo dentro de los mismos circuitos regionales. Y, a su vez, el puerto de Barranqueras, en Chaco, permite su distribución hacia otros puntos del país, en caso de que no sea consumido allí mismo.

El caso de Embraer, la elección por el bioetanol de Bioenergías Agropecuarias para su vuelo de prueba responde a un vínculo comercial que ya sostenían ambas firmas. El mismo está vinculado al trabajo que lleva adelante el grupo Essential con YPF para instalar una planta de producción de biocombustibles para aviones SAF y biodiesel HVO en San Lorenzo.
Tras la firma de un memorándum, la fabricante brasileña llenó el tanque y salió a volar en Misiones. Cuando Bichos de Campo consultó al respecto a Sany Onofre, directivo de Embraer, este había señalado que parte del desembarco en el país estaba también supeditado a corroborar que nuestro bioetanol es lo suficientemente apto para sus aviones.
Y la respuesta fue contundente: no tenemos nada que envidiarle a la industria brasileña.

Con iniciativas como las de Embraer se abren nuevas puntas interesantes para el sector, ya que cualquiera de las plantas productoras de bioetanol podría abastecer a esas aeronaves sin necesidad de hacer cambios en su composición. A diferencia de otras, estas no requieren formulaciones específicas como el SAF.
En paralelo, sin embargo, Argentina, también ha llevado a cabo un trabajo ante la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI) y, desde hace varios meses, tiene aprobado un estudio de factibilidad para combustibles sostenibles de aviación. Es lo que acredita que lo producido aquí tiene garantía de calidad
“Eso es un paso más amplio que lo del Ipanema, y lo más difícil, que es aprobar o demostrar la factibilidad, ya está hecho”, destacó Facciano, que insiste en que el del aire es un negocio que la industria tiene que mirar con atención y espera que más temprano que tarde coseche la motivación necesaria entre los actores del sector.




