Hay una forma poco convencional de describir a Seaboard Corporation. En Estados Unidos cría y procesa cerdos; en África y otros mercados comercia y procesa granos; desde Miami opera una naviera que conecta Estados Unidos con América Latina; en República Dominicana genera electricidad y, desde hace tres décadas, en la Argentina cultiva caña de azúcar, produce azúcar, bioetanol y energía.
El grupo estadounidense cerró 2025 con 9.746 millones de dólares de facturación, 8.246 millones de dólares en activos y unos 14.000 empleados. Cotiza en Nueva York bajo el símbolo SEB, aunque su capital está lejos de estar distribuido entre miles de inversores. La familia Bresky mantiene el control de la compañía desde sus orígenes y concentra alrededor del 74% de las acciones a través de Seaboard Flour LLC y SFC Preferred LLC. Ellen S. Bresky, presidenta del directorio, es la principal accionista y posee alrededor del 74,5% de la compañía.

La historia de Seaboard comenzó en 1918, cuando Otto Bresky, que se dedicaba al corretaje de harina, adquirió un molino en Atchison, Kansas. A partir de ese negocio se desarrolló una compañía que durante décadas tuvo a la molienda como su principal actividad. En 1959, una fusión con Hathaway Industries dio origen a Seaboard Allied Milling Corporation y llevó a la empresa a cotizar en Bolsa.
El crecimiento internacional comenzó en 1966, cuando Seaboard adquirió junto con Continental Grain una participación en un molino de harina en Guayaquil, Ecuador. Otto Bresky dejó la presidencia en 1973 y fue sucedido por su hijo H. Harry Bresky, que continuó con la expansión del negocio. En 1982, Seaboard vendió sus molinos estadounidenses a Cargill, cambió su nombre a Seaboard Corporation y comenzó una nueva etapa basada en la diversificación y la expansión internacional.

A partir de entonces, la compañía dejó de ser principalmente una empresa molinera para convertirse en un conglomerado con negocios en distintos sectores y más de 45 países. Actualmente tiene seis segmentos reportables: porcinos, comercialización y molienda de commodities, transporte marítimo, combustibles líquidos, generación eléctrica y producción de pavos. La operación azucarera de la Argentina aparece dentro de sus actividades restantes.
La conducción familiar continuó con Steven J. Bresky, nieto de Otto, quien asumió como presidente y CEO en 2006 y lideró la compañía hasta su fallecimiento en 2020.
El mayor negocio por ventas es actualmente Commodity Trading and Milling (CT&M). La división compra, vende, transporta y procesa trigo, maíz, harina de soja y otros commodities, además de producir alimentos balanceados y desarrollar actividades de molienda. Según la compañía, comercializa alrededor de 15 millones de toneladas de materias primas por año y tiene instalaciones en 26 países. En 2025 generó 5.173 millones de dólares en ventas.

El negocio porcino es otro de los pilares. Seaboard Foods integra genética, reproducción, crianza, alimentación y procesamiento. En 2025 produjo internamente el 94% de los cerdos que procesó. Además, posee el 50% de Seaboard Triumph Foods, que opera una planta en Sioux City, Iowa, con capacidad para procesar unos seis millones de cerdos por año. A eso se suma el 52,5% de Butterball, uno de los principales productores de pavo de Estados Unidos.
La compañía también tiene una pata logística propia. Seaboard Marine opera desde Miami y conecta Estados Unidos con 27 países del Caribe, Centroamérica y Sudamérica. Durante 2025 recibió seis de los ocho buques nuevos que había encargado y destinó 302 millones de dólares a inversiones en este negocio. El transporte marítimo le permite tener mayor control sobre una parte de las cadenas comerciales en las que participa, especialmente en América y el Caribe.

La energía completa el mapa. En Estados Unidos produce biodiésel y diésel renovable a partir de grasa de cerdo y otras grasas animales y aceites vegetales. Ese negocio facturó 605 millones de dólares en 2025, aunque terminó con una pérdida operativa de 127 millones de dólares.
En República Dominicana, Seaboard genera electricidad a través de dos centrales flotantes. La compañía también desarrolla una nueva unidad, Estrella del Mar IV, cuya entrada en operación está prevista para 2028.
En ese conglomerado, la operación argentina ocupa un lugar particular. Seaboard llegó al país en 1996, cuando adquirió el Ingenio y Refinería San Martín del Tabacal, en el departamento de Orán, Salta. En 2026 cumplió 30 años en la Argentina. El complejo tiene una historia mucho más antigua: la producción azucarera en El Tabacal comenzó a principios del siglo XX y la campaña iniciada en 2026 corresponde a la zafra número 107.

El negocio local se llama Seaboard Energías Renovables y Alimentos y está integrado alrededor de la caña de azúcar. La compañía trabaja sobre unas 70.000 acres, equivalentes a unas 28.000 hectáreas, y cuenta con capacidad para producir alrededor de 250.000 toneladas métricas de azúcar y unos 125 millones de litros de alcohol por año.
Pero el complejo salteño dejó de ser solamente un ingenio azucarero. Una de las principales transformaciones fue el desarrollo del negocio energético. Seaboard invirtió más de 50 millones de dólares en una planta de cogeneración con una capacidad instalada de 48 MW. De ese total, 16 MW se utilizan dentro del complejo agroindustrial y el resto se entrega al Sistema Interconectado Nacional. La electricidad se genera a partir de biomasa, aprovechando principalmente el bagazo de la caña.
Ese esquema explica por qué la compañía se presenta hoy como una empresa de energías renovables y alimentos. La misma materia prima que da origen al azúcar permite obtener alcohol, bioetanol y energía eléctrica.
El bioetanol es, de hecho, uno de los negocios más importantes de la operación argentina. Seaboard se encuentra entre los mayores productores argentinos de bioetanol de caña destinado al corte de las naftas. Cuenta con dos destilerías, una inaugurada en 2008 y otra en 2017. La segunda fue presentada como la primera planta dual del país, porque puede producir bioetanol tanto a partir de maíz como de caña de azúcar.
El complejo tiene cuatro equipos de destilación y una capacidad de procesamiento de hasta 800 metros cúbicos diarios de bioetanol, con una capacidad de fermentación de 650 metros cúbicos por día. También incorporó sistemas para medir en tiempo real la concentración de alcohol en los tanques.
En alimentos, la marca que llega al consumidor es Chango. El azúcar industrial se comercializa bajo la marca Tabacal, mientras que Chango concentra la oferta para hogares. La marca tiene distintas variedades de azúcar y productos destinados a la cocina y la repostería. Con el tiempo, además, amplió su oferta más allá del azúcar.

La operación argentina es una de las expresiones locales del modelo que Seaboard desarrolló durante décadas: diversificar negocios, integrar distintas etapas de las cadenas productivas y combinar actividades agroindustriales, logísticas y energéticas en distintos mercados. Desde los cerdos y los granos en Estados Unidos hasta los barcos que conectan América, la generación eléctrica en el Caribe y la producción de azúcar, bioetanol y energía en Salta, la compañía construyó un conglomerado poco habitual.
Más de un siglo después de sus orígenes como una firma vinculada a la molienda, Seaboard sigue siendo un negocio familiar, pero con una escala global y una estructura mucho más diversificada que la de aquella empresa que Otto Bresky puso en marcha en Kansas en 1918.





