Durante julio, ingresaron al país casi 7.000 toneladas de carne de cerdo, en su enorme mayoría desde Brasil. El dato marca un récord para los primeros 26 años del siglo XXI y vuelve a encender una discusión que preocupa a los productores porcinos: cuánto están influyendo esas compras externas sobre el precio que reciben por sus animales.
Consultado por Bichos de Campo, el consultor Juan Uccelli explicó que la cifra resulta 70% superior a la registrada en el mismo mes del año pasado y nada menos que 1600% mayor frente a las apenas 400 toneladas que habían ingresado en julio de 2024. Pero además, puntualizó que ese crecimiento de las importaciones se da en paralelo con una expansión de la producción y de la demanda interna, y tiene un impacto directo sobre el sector primario.

“El dato que manejamos en la consultora es que el consumo es de 25 kilos por habitante al año, y en los próximos años se podría llegar a los 35 kilos”, afirmó Uccelli, quien asegura que ese potencial de crecimiento convive con un problema para los criadores argentinos.
Lo cierto es que, aunque las compras externas equivalen a “poco menos del 7% de la producción”, el consultor destaca que ese volumen resulta suficiente “para condicionar el mercado y presionar los precios que reciben los productores”.
Actualmente, indicó, un criador cobra entre 2.250 y 2.300 pesos por kilo de cerdo. Sus cálculos indican que, sin este nivel de ingreso de carne extranjera, ese valor podría ascender, al menos, entre 100 y 150 pesos más.
El fenómeno se hace particularmente visible en algunos cortes que históricamente tuvieron un valor importante dentro del mercado argentino. Uccelli puso como ejemplo a la bondiola, un producto desarrollado y valorizado localmente, pero cuyo precio se encuentra muy deprimido respecto de los niveles que alcanzó en otros momentos.
A esa dificultad comercial, el consultor suma otra que condiciona las posibilidades de aumentar la producción local: el costo de invertir en nuevos criaderos.
El problema, explicó, surge por la diferencia entre el IVA que se paga durante la construcción de las instalaciones y el que luego puede recuperarse a través de la comercialización de la carne, un saldo técnico que luego no se recupera.
“El IVA de construcción de un criadero está arriba del 21% y lo que se recupera por la venta de la carne de cerdo es 10,5%, por lo que queda un saldo del 10,5% que se pierde”, señaló Uccelli, que asegura que esa diferencia termina encareciendo cualquier proyecto de inversión en el sector, y del mismo modo que lo hacen desde otros sectores, insistió sobre la necesidad de solucionar el problema de los saldos técnicos para incrementar la producción.
“Al final, perdés un 10% por un impuesto que no tendría que ser impuesto”, cuestionó.
La paradoja es que, mientras las inversiones locales encuentran ese obstáculo, las importaciones continúan creciendo. Pero Uccelli insiste en que el sector porcino argentino tiene capacidad para expandirse mucho más si se generan mejores condiciones.
“El año pasado crecimos un 6%. Este año la tendencia puede ser que llegue al 7%. Si se dieran las condiciones, la tasa de crecimiento que podría tener Argentina puede llegar entre el 15 y el 20%”, proyectó.
La oportunidad, según su visión, está en aprovechar el crecimiento de la demanda interna y prepararse también para un mercado internacional que podría requerir más carne de cerdo en los próximos años. “No perdamos la oportunidad que tenemos”, planteó.





