En momentos en que la producción de yerba mate atraviesa una de sus mayores crisis, marcada por la caída de los precios que reciben los productores tras la desregulación del mercado, tres mujeres de Neuquén decidieron recorrer el camino inverso al de la mayoría: en lugar de alejarse del negocio, apostaron por ingresar a la cadena con una marca propia.
Julieta Páez, junto a sus tías Leticia y Anaí Lázaro, crearon “80º Mate Gourmet”, una yerba que se produce íntegramente en Misiones pero que nació como una iniciativa patagónica. Ninguna de las tres proviene del sector agropecuario ni tiene campos o antecedentes en la producción de alimentos. Lo suyo siempre fue el comercio, pero encontraron en el mate una oportunidad para desarrollar un producto con identidad propia.
“Somos un emprendimiento familiar. Yo soy la sobrina y ellas son mis dos tías”, contó Julieta a Bichos de Campo.

Las tres son mendocinas de origen, aunque hace más de dos décadas viven en Neuquén. Allí comenzó una historia que primero estuvo vinculada a la comercialización de yerbas especiales, y terminó desembocando en una marca propia.
“Empezamos hace ocho años comercializando distintas marcas y hace dos años y medio decidimos empezar nuestro propio proyecto. Hoy, después de mucho trabajo, ya hicimos el lanzamiento oficial”, explicó Julieta.
El nombre elegido tampoco es casual. “80º” hace referencia a la temperatura ideal para preparar el mate.
“Es la temperatura recomendada para poder degustar este blend. Así se logran apreciar mejor sus sabores y además se consigue una mayor durabilidad de la cebada, manteniendo las notas desde el primer hasta el último mate”, señaló la emprendedora, cuyo espíritu, asegura, viene de familia.

“Somos familia de comerciantes, comerciantes de pura cepa. Empezamos con este emprendimiento con la idea de brindar una propuesta diferente y fuimos encontrando dentro de la enorme industria de la yerba mate nuestro espacio para diseñar un producto a medida de lo que estaba buscando el consumidor”, sostuvo Leticia.
Lejos de producir la materia prima, las emprendedoras construyeron una red de trabajo con especialistas y empresas misioneras. Para desarrollar el producto contrataron a la sommelier de mate Carla Joan, quien las asesoró en la selección de productores y en la elaboración del blend.
“Nos acompañó en todo el proceso productivo, nos puso en contacto con productores de Misiones y fuimos buscando el perfil de yerba que queríamos lograr”, relató la joven.
El resultado fue una yerba de molienda intermedia, elaborada únicamente con hojas, sin palo ni polvo, y con un estacionamiento natural de 24 meses. Tras realizar distintas pruebas con varios proveedores, concretaron una alianza con un molino misionero que elabora el blend y con otra firma que realiza el envasado.
Las emprendedoras se ocupan del desarrollo de la marca, la comercialización y la estrategia comercial desde Neuquén, mientras toda la industrialización se realiza en Misiones.
Según explicaron, buscaron diferenciarse ofreciendo una yerba elaborada bajo buenas prácticas de producción y certificada libre de gluten.

“La idea era que no solo no produzca malestar, sino que además aporte todos los nutrientes, antioxidantes y vitaminas propios de la yerba mate. Está diseñada con buenas prácticas y tiene certificación sin gluten”, destacó Leticia.
Aunque la marca acaba de salir al mercado, los objetivos son ambiciosos. Primero buscan consolidarse en Neuquén, el Alto Valle y el resto de la Patagonia, aunque ya comenzaron a colocar el producto en otros puntos del país.
“Queremos posicionarnos primero en toda la Patagonia, pero la idea es que esté en los hogares de todo el país y, obviamente, desde Neuquén al mundo”, afirmó Julieta.
El proyecto incluso nació pensando en una futura exportación. El envase fue desarrollado contemplando los requisitos internacionales y las emprendedoras ya exploran oportunidades para ingresar al mercado europeo.
“Primero nos vamos a enfocar en el mercado local, pero ya tenemos una posible puerta de entrada a Europa gracias a los contactos de nuestra sommelier en Portugal”, adelantó.
Mientras tanto, las tres ya trabajan en nuevos productos para ampliar la línea de la marca.
El emprendimiento también pone a prueba la convivencia familiar. Sin embargo, aseguran que esa cercanía terminó siendo una fortaleza.
“Lo bueno es que somos tres, entonces siempre hay una que desempata”, bromeó Julieta. Y enseguida agregó: “Sobre todo está la confianza. Eso es fundamental en cualquier empresa. También compartimos el mismo sueño y eso nos impulsa a seguir creciendo”.

Como cualquier nuevo emprendimiento, reconocen que el desafío es sostener la inversión inicial mientras el negocio gana volumen.
“Es difícil ser emprendedor y comerciante. Hay un tiempo que es pura inversión y hay que saber esperar, ser resilientes y seguir apostando”, resumió Leticia.
Así, mientras buena parte del sector yerbatero reclama por la falta de rentabilidad, dos tías y una sobrina decidieron abrir un nuevo canal comercial para la producción misionera. Lo hicieron desde la Patagonia, apoyándose en el conocimiento de especialistas y convencidas de que todavía hay espacio para innovar alrededor de la infusión más representativa de los argentinos.




