Según informa el Ministerio de Economía de la nación, durante 2025 se registraron 475.500 cabezas de ganado caprino en la provincia de Santiago del Estero. Esta cifra es menos de la mitad del ganado bovino, que logró superar el número de 1 millón cien mil cabezas. Actualmente, la producción bovina reviste importancia para la economía provincial junto con la producción de cereales, legumbres y oleaginosas, completando el podio con la producción algodonera textil.
Pero informes del INTA señalan que la actividad caprina es distintiva en la producción agropecuaria de Santiago del Estero tanto en términos productivos, culturales y socioeconómicos. Indican que, a nivel nacional, la provincia posee el mayor stock y número de explotaciones agropecuarias con producción caprina, siendo una de las principales exportadoras para ese tipo de carne.
En 2022, existían allí 8.467 explotaciones agropecuarias, que representaban el 26% del total del país, en las cuales se manejaban 520.575 cabezas, explicando el 20% del total nacional. Más allá de la relevancia señalada, entre los censos 2002 y 2018, se observa una reducción de EAP con caprinos que va del 64% al 54%, asociado a un cambio de estructura de esas unidades productivas (más EAP con límites definidos y menos con límites indefinidos) y una disminución del 26% en el stock de cabezas.

Aunque no exclusivamente, la ganadería caprina es manejada por sistemas familiares de pequeña escala, produciendo carne, leche y derivados. El apoyo de instituciones como el INTA y del tercer sector son fundamentales para que la actividad se sostenga y siga siendo un factor clave para el arraigo y la vida en el monte santiagueño.
Para conocer un poco sobre la actualidad de la ganadería caprina desde el llano, Bichos de Campo conversó con el ingeniero zootecnista Santiago De Gregorio, quien lleva más de 20 años trabajando con pequeños productores y hoy desarrolla funciones como técnico del Instituto de Cultura Popular, INCUPO.
“La problemática principal, aquí en Santiago del Estero, es la tenencia de la tierra. Los conflictos se agudizan frente al avance de la frontera agrícola agroexportadora. Tenemos campesinos que están alambre de por medio con una producción de granos y oleaginosas extensiva y que sufren fumigaciones aéreas en sus casas y sus producciones. Los pequeños productores caprinos, que llevan décadas y décadas en vínculo con el monte, hoy están más cercados por el otro modelo de producción”, comienza señalando De Gregorio.

A lo que agrega: “En estos últimos años se siente un aval hacia el sistema agroexportador que ha entendido que podía avanzar y han vuelto a aparecer los desalojos, han vuelto a aparecer los conflictos más violentos por la tierra”.
Asociado a esto, otra problemática que trae este profesional es el desmonte. Según organizaciones como Greenpeace, que comparó imágenes satelitales entre enero y junio de 2025, la deforestación en la provincia de Santiago del Estero alcanzó las 22.315 hectáreas.
“Es una preocupación muy grande para los productores saber que cada vez queda menos monte, porque cada vez van talando más para desmontar y habilitar espacios para agricultura”, dice De Gregorio, y añade: “A todo esto hay que sumar la problemática del agua, que es otro tema fundamental. Hay áreas que presentan muchos problemas hídricos y que, junto con el desmonte también provoca un proceso de desertificación mayor”.

En este contexto se enmarca el trabajo del ingeniero en ganadería caprina agroecológica desde INCUPO, una asociación civil con valores cristianos y con más de 50 años de trabajo “con poblaciones rurales, especialmente agricultores familiares y comunidades indígenas, en cinco provincias de la región del Gran Chaco argentino, con el objetivo de fortalecer la autonomía, el arraigo y la construcción de una vida digna en un ambiente saludable”, según explica su web oficial.
“Antes que nada quiero aclarar que el trabajo que estamos haciendo desde INCUPI en Santiago con ganadería caprina es traccionado por un equipo compuesto por Sergio Parra, Betty Páez y yo, y contamos con el aporte externo de Lucas Pereyra en las tareas de comunicación”, comienza diciendo De Gregorio, mostrando generosidad en sus primeros aportes.
Santiago, desde su propia experiencia como productor, luego en la facultad y en su largo paso por los ex PSA, SAF e INAFCI, siempre estuvo vinculado a la agroecología. Esto promovió, además, su ingreso a la Sociedad Argentina de Agroecología (SAAE). En todo su recorrido fue desarrollando propuestas agroecológicas convencido que en ellas hay muchas soluciones a los problemas que enfrentan las producciones regionales, como en este caso es la producción caprina.
“Si uno piensa en agroecología, enseguida la imagen se le va a una huerta, a un campo, a ese tipo de producciones y no tanto a la ganadería, pero eso no es tan así”, comenta.
“Nosotros trabajamos con un perfil de pequeños productores, con más de 50 familias productoras de la zona de Añatuya, al sureste de Santiago. Muchos de esos productores ya tienen un montón de prácticas agroecológicas que, a lo mejor, no las llaman así, las llaman ancestrales o de distintas formas, pero ya realizan muchas de estas prácticas. De hecho, su relación con el monte es una relación de bastante simbiosis, porque el monte les da un montón de cosas. Está totalmente probado que las áreas en donde hay poblaciones campesinas o indígenas, la conservación del ambiente es mucho más alta que en las áreas en donde no hay este tipo de población”, asevera luego.

De Gregorio sostiene que el sector con el que trabaja siempre está “transicionando”. A veces la adaptación es por una cuestión de conciencia ambiental, otras veces por una cuestión de costos, o por una cuestión de independencia del sistema. “La gente no va a dejar morir un animal por no aplicar un antibiótico o por no aplicar algún producto sanitario de uso veterinario de síntesis química”.
En las propuestas de ganadería caprina agroecológica este equipo viene proponiendo la elaboración de fitofármacos para uso animal, y han mejorado aspectos de la alimentación y el manejo, entendiendo que el mismo es también en relación al monte, al ambiente, a la forma de pastoreo, a la forma de manejar la majada, también algunas prácticas ligadas en torno a lo que es instalaciones y otros aspectos para que el productor pueda generar un sistema que tenga más fortalezas e independencia de factores externos.
“Una de las cosas que podemos destacar y que la estamos midiendo con más indicadores en los últimos tres años, es que ha bajado muchísimo la mortandad de adultos y de cabritos jóvenes, y que también hay una gran valoración de los productores en esto de la independencia. O sea, no depender de insumos externos, poder producir el 80% del alimento en el propio establecimiento, producir muchos de los productos de uso veterinario con lo que tienen ahí. Entonces, eso hace que esa transición, vaya siendo más de manera natural. No es que nosotros venimos a imponer esto o aquello, sino que tratamos de poder ir construyendo herramientas que sirvan para eficientizar el sistema, para que los productores puedan vivir más dignamente”, sostiene
En torno a las estrategias del trabajo, Santiago De Gregorio comenta que “hay un componente muy fuerte de capacitaciones, hacemos muchos talleres donde elaboramos los alimentos, los fitofármacos, donde un productor le muestra su trabajo al resto. Venimos haciendo ya hace tres años una Jornada de Ganadería Caprina Agroecológica del NOA, eso también nuclea productores de otros lugares. También el desarrollo de cartillas, de un manual de ganadería caprina agroecológica para producción de carne, que van teniendo un impacto alto.

Con el tema de valor agregado, hacemos capacitaciones en elaboración de chacinados, escabeches, hamburguesas, entre otros productos. Todas estas estrategias son fundamentales para mantener los pies en el territorio”.
Otra de las estrategias desarrolladas por INCUPO, tienen que ver con el trabajo en red y con jóvenes. En ese entramado es fundamental la Escuela de la Familia Agrícola, Acequia Vieja que comúnmente se llama “EFA Avellaneda”, a donde van los hijos de los productores de la zona y es una caja de resonancia para el trabajo territorial de INCUPO.

“También articulamos con la municipalidad de Añatuya, con quien tenemos un acuerdo para un puesto de venta en el mercado municipal y con la certificación cruzada entre INCUPO y la municipalidad. Articulamos con la Fundación Mundo Sano, con tres universidades para el estudio de las propiedades de los frutos del monte, elaboración de alimento balanceado, también con el INTA, somos parte de la REDAF, red agroforestal del Chaco argentino, con las organizaciones campesinas, como la MEZAT, la Mesa Zonal del Ámbito de Tierra, que es la organización campesina más grande del sureste santiagueño en cuanto a presencia de familias campesinas”.
A esto se suman acciones de comunicación, con micros radiales y mensajes por Whatsapp y otras redes sociales, que permiten acceder a comunidades alejadas.

“Es muy gratificante ver que, muchas veces, las familias no quieren vender sus productos elaborados, no porque no puedan venderlo, sino porque prefieren consumirlo porque es un producto de tan buena calidad y de tan alto valor para ellos que elijan consumirlo y no venderlo”, se enorgullece De Gregorio.
Y concluye: “Aprendí del ingeniero Ramón Álvarez y de mi compañero, el médico veterinario Sergio Parra, además de tanto conocimiento técnico, que es muy importante la ciencia, pero también hay tener los pies en la tierra. Sin territorio no hay agroecología, en el territorio, necesitamos políticas públicas adecuadas y un plan de desarrollo agropecuario inclusivo y especifico. La Agroecología es con los pies en la tierra y es con presencia territorial”.




