El relato de Agustina Nieto, una docente y apicultora de la zona de Epuyén, ilustra hasta qué punto los incendios de Chubut implican una catástrofe difícil de expresar en los números. Ya se cobraron más de 10.000 hectáreas, pueblos enteros fueron evacuados y siguen en alerta, y las pérdidas materiales, productivas y ambientales aún son incalculables.
Hace algunos días atrás, luego de que el foco de Puerto Patriada, en El Hoyo, se extendiese hacia la ladera sudeste del Pirque y cruzara la ruta 40, llegó a los pies del Paraje El Coihue. Allí, a pocos kilómetros de Epuyén, es donde Agustina vive y produce, y donde, rodeada por las llamas, tuvo que tomar la decisión de dejar arder sus colmenas para proteger su casa.
“Esto es muy catastrófico. El fuego circula por todos lados y no terminó aún”, relató la apicultora que, mientras aún combate focos en la zona, también coordina acciones con otros colegas y evalúa las grandes pérdidas que acumula el sector. En una de las pocas pausas que deja una situación límite como esta, dialogó con Bichos de Campo y repasó su caso.

A mediados de la semana pasada, se enteraron que el principal foco de la zona, aquel que se sospecha iniciado intencionalmente en Puerto Patriada, ya se había extendido tanto que estaba a tiro de su localidad, ubicada a no menos de 40 kilómetros de aquel punto de partida. Como irse no era opción, y debían defender su propiedad, tanto ella como otros vecinos sabían que era cuestión de horas para que estuvieran enfrentados cara a cara con las llamas.
Lo cierto es que, como no es la primera vez que les pasa, y los incendios se han vuelto recurrentes en la zona, ya cuentan con cuadrillas, brigadas autogestivas, tanques australianos y el equipamiento necesario para estas emergencias. A los golpes, han aprendido también que ni Defensa Civil, ni las brigadas forestales, ni los bomberos dan abasto en situaciones como esta.
“Fuimos aprendiendo a usar los handies y los equipos, y a organizarnos y prepararnos con motobombas, tótems y mangas. Lo hacemos como podemos, pero no queda otra”, explicó Agustina, que gracias a eso hoy puede dar una entrevista desde su casa, a la que mantuvo a salvo aún con las llamas avanzando a menos de 10 metros.
Lo que allí tenía, unas 10 colmenas y un galpón con el instrumental necesario, era el resultado de más de 6 años de trabajo, y más de una década de aprendizaje. Porque Agustina es una docente de secundaria de carrera, pero apicultora por vocación, y de hecho es quien preside la Asociación Apícola Andina, una entidad que nuclea a unos 25 productores de la región.
“Mientras defendíamos la casa, el fuego nos terminó rodeando. En estas situaciones tenés que decidir qué hacer y las colmenas se perdieron”, explicó. No deja de lamentarse que, de un plumazo, se haya consumido “toda la producción y el material de trabajo necesarios para seguir creciendo”. Lo único que tenía y lo que había construido en estos años.

Hay una constante en cada uno de los relatos de quienes lucharon cuerpo a cuerpo con los incendios, y es la sensación concreta de indefensión, la certeza de que no puede hacerse mucho ante una situación como esa.
“El fuego hace lo que quiere y se va comiendo todo, uno sólo negocia”, expresó Agustina, que en esa negociación tuvo que elegir entre salvar su proyecto productivo o su casa. No había una tercera opción.
“Los bomberos nos dijeron que mientras tuviéramos agua ellos podían defender la casa. Como traíamos de otros tanques australianos, tuvimos que elegir: era la casa o las colmenas. No alcanzaba para todo”, recordó.
Sin embargo, el de ella no es el único caso, y en el relevamiento que llevaron a cabo desde la asociación que dirige, detectaron al menos otros 2 socios y otros 3 productores independientes que fueron también alcanzados por el fuego.
Cabe señalar que, en aquella región, gran parte de los apiarios son de baja escala, en su mayoría agroecológicos, que explotan pocas colmenas pero trabajan sobre todo en el agregado de valor para ser rentables. Es por eso que en su caso suelen aprovecharse mucho más los derivados para elaborar subproductos.
No es de extrañar entonces que este tipo de catástrofes golpee particularmente al sector. Y no sólo por las pérdidas materiales directas, señala Agustina, sino también por el perjuicio ambiental que significa la pérdida de vegetación. Los incendios suman más complicaciones a temporadas productivas que, de por sí, ya son breves.
“El incendio no sólo afecta a quienes perdimos las colmenas, sino también a quienes las tienen y deben seguir produciendo. El ambiente está muy seco, hay menos néctar y eso baja la producción. Esto es un perjuicio para todos los apicultores de la zona”, observó la productora, que hoy evalúa junto a sus colegas acciones paliativas para auxiliar al sector.
“La salida, ahora más que nunca, es colectiva”, agregó, y señaló que, aunque muchos focos ígneos estén hoy contenidos en sus alrededores, las llamas también avanzan a paso firme hacia el sur. Hoy, en la región de la Cholila hay otros productores en alerta y en Villa Lago Rivadavia varias familias tuvieron que ser evacuadas las últimas horas.

Entre las pérdidas materiales, productivas y ambientales, es difícil cuantificar o, siquiera, poner en palabras lo mucho que se lleva el fuego. Situaciones como estas son las que también Agustina trabaja como docente, pues hace particular hincapié en la falta de educación ambiental y de políticas efectivas que eviten que cada año la situación sea la misma.
“Esto es realmente un ecocidio y hay que hablarlo seriamente. Es difícil dimensionar todo lo que se está perdiendo”, lamentó la productora, respecto a las miles de especies animales y vegetales que, al igual que pueblos enteros, son hoy cercados por las llamas.
Y más allá del origen particular de este caso, que aún está bajo investigación pero se presume intencional en el caso de Puerto Patriada, la problemática también vuelve a agitar los reclamos por la falta de planificación y mantenimiento de la forestación de pinares aún promovidas por el gobierno provincial desde hace décadas.
“Genera cambio en los ecosistemas y produce mucho material combustible que nos pone a todos en riesgo. Eso hoy lo estamos sufriendo”, observó Nieto, que llamó a tomar conciencia de todo lo que implica una situación límite como esta.





