En apenas siete años, Local Bounti pasó de ser una startup prácticamente desconocida a convertirse en uno de los nombres más seguidos dentro de la agricultura en ambiente controlado de Estados Unidos. La empresa produce lechugas, rúcula, espinaca, hierbas aromáticas, mezclas de hojas listas para consumir y, más recientemente, berries, pero su verdadero negocio está en otro lado: demostrar que es posible cultivar alimentos frescos durante todo el año utilizando mucha menos agua y tierra que la agricultura tradicional, sin depender tanto del clima y con un modelo que pueda crecer a escala.

Fundada en 2018 por Craig Hurlbert y Travis Joyner, la compañía tiene su sede en Hamilton, en el estado de Montana, un lugar poco habitual para una empresa tecnológica. Desde allí comenzó desarrollando una planta piloto y un sistema de producción propio que buscaba resolver uno de los principales problemas de la agricultura vertical: el elevado consumo de energía. En noviembre de 2021 dio un paso decisivo al comenzar a cotizar en la Bolsa de Nueva York bajo el símbolo LOCL, una operación que le permitió acceder al mercado de capitales y financiar su expansión.

A diferencia de otras empresas del sector, Local Bounti no cultiva todo el ciclo dentro de edificios iluminados únicamente con luces LED. La compañía diseñó un sistema híbrido, patentado como Stack & Flow, que combina dos formas de producción. En una primera etapa, las plantas germinan en estructuras verticales donde la temperatura, la humedad y la iluminación están completamente controladas. Cuando alcanzan el desarrollo suficiente son trasladadas a grandes invernaderos hidropónicos, donde terminan de crecer utilizando principalmente luz natural. Según la empresa, esa combinación permite reducir alrededor de un 90% el uso de agua y de superficie respecto de la horticultura convencional, además de eliminar el uso de herbicidas y pesticidas durante el cultivo.

Su estrategia no consiste únicamente en construir invernaderos. La empresa fue armando una red de centros productivos distribuidos en distintos estados para abastecer las principales regiones de consumo de Estados Unidos. Además de la planta original de Hamilton, cuenta con instalaciones en Byron, Georgia; Pasco, Washington; Oxnard y Carpinteria, en California; y Texas. Cada complejo abastece una región específica, lo que reduce los tiempos de transporte y permite entregar productos recién cosechados a las cadenas de supermercados.
El crecimiento fue tan rápido como costoso. En lugar de desarrollar todas sus instalaciones desde cero, Local Bounti decidió acelerar su expansión mediante adquisiciones. La operación más importante llegó en 2022, cuando compró Pete’s, anteriormente conocida como Hollandia Produce, por 122 millones de dólares. La empresa, con más de medio siglo de trayectoria en la producción de verduras bajo techo aportó una marca reconocida, experiencia productiva y una red comercial ya consolidada.

Gracias a esa adquisición, Local Bounti amplió rápidamente su presencia en las góndolas y hoy distribuye sus productos en más de 13.000 supermercados de Estados Unidos. Entre sus clientes aparecen algunas de las cadenas más grandes del país, como Walmart, Kroger, Albertsons, Target, Whole Foods y Amazon Fresh. Esa escala le permitió pasar de ser una empresa experimental a competir en un mercado gigante.
A diferencia de otras empresas agroalimentarias, el desafío de Local Bounti no pasa por conseguir más clientes sino por demostrar que su modelo puede ser rentable. La agricultura en ambiente controlado requiere inversiones muy elevadas en invernaderos, sistemas de climatización, automatización, iluminación, riego y equipamiento. Es un negocio donde buena parte del gasto se realiza antes de sembrar la primera planta, por lo que aumentar el volumen de producción resulta clave para distribuir esos costos y mejorar los márgenes.

Los resultados muestran que la empresa todavía atraviesa esa etapa. En el ejercicio 2025 facturó 48,37 millones de dólares, frente a los 38,14 millones del año anterior, mientras que en los últimos doce meses reportados sus ingresos ya rondaban los 50 millones de dólares. Aunque continúa registrando pérdidas netas, una situación habitual entre las compañías de agricultura tecnológica que aún están ampliando su capacidad productiva, la empresa destaca que tanto el EBITDA ajustado como los márgenes operativos vienen mejorando a medida que maduran las plantas inauguradas en Georgia y Texas y aumenta el volumen de producción.
Ese crecimiento fue posible gracias al financiamiento. Desde su creación, Local Bounti obtuvo más de 408 millones de dólares entre deuda, emisiones de acciones y aportes de inversores. Entre quienes apostaron por el proyecto aparecen nombres de peso como Cargill y Fidelity Investments, convencidos de que la agricultura en ambiente controlado puede convertirse en una alternativa cada vez más importante para abastecer de verduras frescas a las grandes ciudades.

Sin embargo, Wall Street todavía observa el proyecto con cautela. La empresa cotiza en la Bolsa de Nueva York con una capitalización cercana a los 23 millones de dólares, una cifra incluso inferior a su facturación anual. Esa diferencia refleja las dudas del mercado sobre la velocidad con la que este tipo de compañías podrá alcanzar una rentabilidad sostenida después de varios años de fuertes inversiones.
Aun así, Local Bounti sostiene que su modelo ofrece ventajas difíciles de replicar. Al producir en ambientes controlados puede planificar la cosecha con mayor precisión, reducir el consumo de agua y de tierra, minimizar el impacto de las condiciones climáticas y entregar verduras durante todo el año con una calidad uniforme. La compañía también asegura que sus productos tienen una vida útil más prolongada porque llegan al consumidor pocas horas después de ser cosechados y sin recorrer largas distancias.

Actualmente emplea a unas 286 personas, aunque esa cifra varía según la época del año y la actividad de cada centro productivo. Si bien sigue siendo una empresa pequeña frente a los gigantes de la horticultura estadounidense, ya forma parte de un grupo de compañías que intenta cambiar la manera en que se producen verduras frescas. Junto con otras firmas representa una nueva generación de empresas que combina producción agrícola, automatización y tecnología para responder a un mismo desafío: producir más alimentos utilizando menos recursos.





