El INTA, tal como lo conocíamos, ya no existe. El plan del gobierno Nacional para reducir drásticamente el organismo se demoró, pero al final tuvo éxito.
El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria vive por estos días sus horas mas dramáticas, ya que investigadores y trabajadores están siendo testigos privilegiados de un proceso que desearían no haber presenciado. La fisonomía del organismo está cambiando, con un par de miles de trabajadores menos, y por consiguiente, agencias que cierran o que corren riesgo de desaparecer.
En los últimos días, luego de un intento de desguace que llevó años y que fue impedido por dos de los tres poderes del Estado Nacional, tuvo éxito el plan de ahogar el instituto para que pierda fuerza, y de esa forma cumplir con los pedidos del Ministerio de Economía. Es que Nicolás Bronzovich, presidente del INTA, asumió el rol con la convicción de dejar un organismo distinto al que agarró, mucho más raquítico.
Los dirigentes del organismo nucleados en una cúpula que incluye también a las entidades ruralistas, universidades y asociaciones técnicas, dieron fin al INTA Amba, preparan cierres masivos de agencias de extensión en Buenos Aires y Córdoba, y acaban de cerrar con éxito un retiro voluntario para sus trabajadores que concluyó con casi 900 solicitantes, de los cuales 377 pedidos ya fueron aceptados. De no mediar inconvenientes, los demás pedidos también serán aceptados, logrando el sueño de llegar a esos 900 retiros, y de esta forma completar los casi 2 mil puestos de trabajo menos en el INTA, que dejarán espacios vacíos, agencias cerradas y hectáreas en desuso que serán vendidas. Ese parece ser el trasfondo del cierre del organismo: el INTA está montado sobre tierras valiosísimas donde antes se hacía experimentación y desarrollo rural. El negocio inmobiliario con tierras fiscales parece ser más deseado que el arraigo y desarrollo del interior del país mediante el agregado de valor en origen.
Al igual que lo sucedido en la Agencia de Extensión Brinkman, en Córdoba, que está a punto de cerrar, un destino similar puede correr el Centro Operativo Experimental (COE) Ángel Gallardo, en Santa Fe, que se encuentra al borde de la parálisis ya que todo el equipo que lo conformaba adhirió al retiro voluntario y en los próximos días dejarán las sillas vacías.
En Santa Fe, los COE son unidades descentralizadas dependientes del Ministerio de Desarrollo Productivo, que actúan como receptores de las problemáticas del sector rural de la región y desarrollan actividades de adaptación tecnológica que favorecen a productores rurales usuarios de esta tecnología. Hay 3 en toda la provincia.
A través de la vinculación con instituciones del ámbito académico y gubernamental, tales como universidades, INTA, ministerios provinciales, entre otras, se llevan a cabo distintas acciones: proyectos, estudios, ensayos, capacitaciones, convenios que generan información, conocimiento y distintos aprendizajes, que potencian el desarrollo de las producciones locales.
En el caso del Ángel Gallardo, esta oficina del organismo atraviesa una situación por demás crítica tras la adhesión al programa de retiro voluntario de los integrantes de su plantel. En este caso, la medida implica la salida de la totalidad del personal propio que sostenía las principales líneas de investigación y comunicación desarrolladas en la unidad.
Con estas desvinculaciones, áreas estratégicas como acuicultura, horticultura sustentable, desarrollo de bioinsumos y comunicación institucional quedan sin continuidad operativa, poniendo en riesgo años de trabajo científico-técnico, vinculación con productores y generación de conocimiento para el territorio.
Esta situación genera preocupación entre trabajadores, productores, instituciones y actores vinculados al sistema científico-tecnológico regional, debido al impacto que podría tener sobre proyectos en ejecución, actividades de transferencia y procesos de innovación que se desarrollaban desde el centro. Profesionales de larga trayectoria dejan sus funciones. Entre ellos, el referente nacional de acuicultura del INTA, Ariel Belavi.
Actualmente, en la sede permanecerán únicamente cuatro profesionales pertenecientes al CONICET, quienes integran el instituto de doble dependencia con INTA Rafaela. Sin embargo, estos investigadores no forman parte de la estructura operativa del COE Ángel Gallardo, por lo que la salida del personal propio deja a la unidad sin capacidad para sostener gran parte de sus actividades habituales.
Según se supo hasta ahora, continuará funcionando en el predio la Agencia de Extensión Rural Monte Vera, cuya labor se encuentra orientada a la asistencia y acompañamiento de productores de la región.
El escenario plantea serios interrogantes sobre el futuro del COE Ángel Gallardo, una unidad con una extensa trayectoria en investigación aplicada, desarrollo tecnológico y articulación territorial, que en la última década ha contribuido al fortalecimiento de sistemas productivos sustentables en la provincia de Santa Fe.
La reducción de personal representa un fuerte retroceso para capacidades estratégicas construidas a lo largo de años de inversión pública, trabajo interdisciplinario y vinculación con diversos actores del sector productivo y científico.
De esta forma toma cuerpo otro elemento de festejo para la conducción encabezada por Bronzovich. Trabajadores que abandonan el organismo, buscarán suerte por otros rumbos, y un centro operativo importante en Argentina y el mundo se parecerá en poco tiempo más en una tapera que en lo que fue. La foto es desoladora, pero seguro que será solo temporal: en poco tiempo más esas tierras serán vendidas a algún empresario amigo de la gestión libertaria y funcionará allí lo que el comprador disponga.




